El arte para evitar la fractura social

Las implicaciones del arte sobre la salud, el bienestar, su relación con la armonía social, son incuestionables. La profunda crisis que atraviesa no sólo México, también el orbe, establece la urgencia de recurrir a la cultura como factor de desarrollo. (Foto: columbiaars.org)
El arte es la expresión más lograda de la libertad, es catarsis en momentos donde se presentan el miedo y la incertidumbre. Enclaustrarse puede resultar arduo, aún más si entre nuestras aficiones, el arte está ausente.
No son días en los que se pueda viajar, ni siquiera salir de casa, salvo que nuestras actividades lo requieran. Distintos comercios han suspendido o limitado sus actividades. Los gobiernos incluso han impuesto limitaciones como el cierre de aeropuertos.
Más que pensar en el libro que llevaríamos a un viaje, meditemos en el libro que nos facilite explorar un mejor lugar. La literatura nos abre mundos, nos acerca a múltiples sitios, a imaginar cómo son las personas que habitan otras tierras y esbozar diferentes latitudes. Al vacacionar pensamos en la próxima parada o el siguiente destino, durante la cuarentena, podemos reflexionar en la lectura subsecuente.Hemos tenido y tendremos días complicados, en los cuales hay que reflexionar sobre una estrategia integral, que abarque además de lo económico el ámbito social, sin soslayar el fomento de la cultura y las artes como modo de expresión y entendimiento que además nos permita sobrellevar jornadas difíciles. Con mayor razón, la visión gubernamental debe ser, al igual que los medicamentos, de amplio espectro. Si un médico atiende una rotura de huesos, deberíamos recurrir al arte para evitar que se agudice la fractura social.
Quizás sean mil y un días, los que nos lleve salir de las crisis concurrentes, la de seguridad, la sanitaria, la económica, por mencionar algunas. En el 2020, el día más violento en México, ha sido el 20 de abril con 114 asesinatos, cifra que se presenta en medio de la contingencia y nos hace recordar que el país ya era azotado por la pandemia de la violencia. Otra cifra que lamentablemente nos confirma tal situación son las 20 mil 232 denuncias por violencia familiar del mes de marzo de este año, a diferencia de las 16 mil 397 del mismo mes en 2019.Si logramos salir adelante, serán más de mil y un obras artísticas a la espera de nuestra atención y disfrute. Tan importante como la salud física, lo es la mental, lo mismo corroen la mala alimentación que el miedo o la angustia. Ya lo enunciaba Platón: “La música es para el alma lo que la gimnasia para el cuerpo”.Son enfermedades el odio, la violencia, el racismo, la pobreza, el machismo. Y de igual forma, son bálsamos el arte, la esperanza, el aprendizaje, la solidaridad. Nuestros problemas son palpables, no se trata de evitarlos sino de entenderlos para luego tratar de superarlos.Aunque enfrenta sus problemáticas, el arte vive y, no sólo vive, nos posibilita vivir. Rememoro una idea sobre la energía: hay que crear, no nos destruyamos y transformémonos en mejores sociedades. Si la intolerancia eclipsa la expresión diversa, el arte debe ser un emblema titánico de la paz y la vida en sociedad.
La simbiosis de lo diferente no es utópica, e incluso manteniéndose las diferencias, un lenguaje que nos ayudará a habitar una misma casa es el arte y no porque transforme las cosas sino según lo plantea David Lynch: “El arte no cambia nada, el arte te cambia a ti”.Permanecerán danzas, lienzos y sinfonías. Lo mismo esculturas, centros arqueológicos y filmes que nos han estremecido. En los libreros de casa podemos encontrar títulos que nos remiten a lecturas placenteras o recuerdos que conmueven. Pensemos en primera persona del plural: necesitamos el arte, para salir de las crisis que empañan nuestro futuro y forjar un mundo con justicia y libertad. El arte es parte de ese viento que nos permitirá respirar mejor. El arte no lo es todo pero sí esencial.
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