La redistribución de la riqueza cultural y el impulso a las culturas locales son claras prioridades de la SC. No queda tan claro cómo se abordarán otros temas incluidos en el PND, como la agenda digital. En la imagen, un aspecto de la celebración de la Independencia en el Zócalo. (Foto: Instagram de @alefraustoguerrero).

El orden de los factores SÍ altera el producto. (Un vistazo a la planeación de la cultura)

La redistribución de la riqueza cultural y el impulso a las culturas locales son claras prioridades de la SC. No queda tan claro cómo se abordarán otros temas incluidos en el PND, como la agenda digital. En la imagen, un aspecto de la celebración de la Independencia en el Zócalo. (Foto: Instagram de @alefraustoguerrero).

El orden de los factores SÍ altera el producto

(Un vistazo a la planeación de la cultura)

Las acciones emprendidas por la actual administración han provocado reacciones encontradas: aplausos por un lado y protestas por el otro. Se las ha calificado también de medidas improvisadas que no calculan las consecuencias en el corto plazo, aunque se espera que al final rindan frutos y contribuyan a resolver los problemas que atienden.

Ante situaciones como la actual, en la que se nos repite hasta el cansancio que estamos en medio de una reforma profunda equiparable a la Independencia, la Reforma juarista o la Revolución, vienen a mi mente los mensajes que en diversas ocasiones se difundieron durante la administración de Carlos Salinas de Gortari para justificar la aparente falta de resultados. Se comentaba en ese entonces que cuando se emprenden cambios de gran envergadura la población reacciona de manera negativa. Debido, por un lado, a que los afectados por dicho proceso protestan por los beneficios perdidos, mientras que, por el otro, la población objetivo está inconforme porque en el corto plazo no se perciben las bondades del cambio.

Sin embargo, pienso que la rapidez o la lentitud de los cambios no es el problema fundamental, sino la incertidumbre que ha generado la ausencia de una brújula que marque el rumbo a seguir. Muchos esperábamos que con la publicación del Plan Nacional de Desarrollo (PND) 2019-2024 esas dudas se despejaran, cosa que no ocurrió debido a lo escueto y confuso del documento. En esta ocasión vamos a comentar sobre la necesidad de contar con una buena planeación y posteriormente haremos una revisión de las estrategias previstas para el sector cultural.

¡Qué mal plan!

Recordemos que el PND está dividido en dos partes. La primera fue redactada por el mismo presidente López Obrador, mientras que la segunda corresponde a una versión preliminar elaborada por su exsecretario de Hacienda, el Dr. Carlos Urzúa, quien siguió un proceso de consulta para cumplir con los requerimientos establecidos en la Ley de Planeación,[1] que consisten en conjuntar las propuestas formuladas por los responsables de las dependencias y entidades del sector público y los planteamientos que se presentaron en los ejercicios de participación social. Para sumar más puntos a la confusión, el mismo presidente señaló que el escrito del Dr. Urzúa tenía un corte neoliberal, con lo cual descalificó tanto a su saliente excolaborador como a su trabajo.

Las dos partes del informe son diferentes. La primera parte es, a mi gusto, un excelente diagnóstico, pero el resto es un mero discurso de buenas intenciones, con ideas generales para llevar a cabo las estrategias en materia de buen gobierno y desarrollo social y económico. Por lo que se refiere a la segunda parte, esta mantiene una estructura temática similar, pero con diferentes títulos, y en cada apartado es posible conocer los objetivos a alcanzar y las estrategias, mas no las acciones que se van a seguir.

Adiós al neoliberalismo, pero ¿qué pasó con la planeación?

Como todos sabemos, la actual administración ha declarado una guerra frontal contra el neoliberalismo. Día tras día, haga o no haga falta, el presidente busca la oportunidad para lanzar un ataque a la visión neoliberal y a sus seguidores, aunque a esta siempre la asocia con la corrupción y nos hace pensar que está convencido de que, con solo combatir la corrupción, va a lograr desterrar al neoliberalismo del país, lo cual además de incorrecto nos muestra lo limitado de su visión.

Desde que el presidente López Obrador decretó el fin del neoliberalismo en México, la estrategia lógica a implementar debería de conducir al fortalecimiento de la presencia del gobierno en la toma de decisiones, para restar de esa manera importancia al mercado como eje de la economía. Un elemento fundamental de dicha estrategia debe ser la elaboración de un documento de planeación, o más bien de planificación.

Mi afirmación anterior se sustenta en el hecho de que cuando hablamos sobre la organización de la actividad económica existen dos visiones radicalmente contrarias: el libre mercado y la planificación central. Entre ambos extremos transitan todos los países denominados de economía mixta, en los cuales el gobierno participa, en menor o mayor medida, en la toma de decisiones sobre el rumbo de las actividades productivas. En las naciones en las que predomina la doctrina neoliberal, la intervención del gobierno es mínima, con mayor presencia del mercado; mientras que en aquellas con una orientación basada en la centralización de las políticas públicas el gobierno tiene una mayor influencia. La dirección contraria al mercado es la planeación, no la improvisación ni el discurso. Es por ello necesario que las deficiencias de lo que debería de ser el documento rector de la Cuarta Transformación —el PND— sean subsanadas por los programas sectoriales y especiales que se encuentran en proceso de elaboración.

La obligatoriedad del PND

Como dejé entrever en un párrafo anterior, el proceso de planeación está regulado por la ley en la materia. En ella no solo se establecen los plazos y las formas para su elaboración, sino también su relación con los instrumentos de programación, presupuesto, seguimiento, evaluación y rendición de cuentas,[2] lo cual se puede resumir de la siguiente manera: tanto el Presupuesto de Egresos de la Federación y la Ley de Ingresos, como los informes parciales, el Informe de Ejecución del PND y la Cuenta de la Hacienda Pública Federal deben vincular su contenido con los objetivos, estrategias y prioridades del PND y sus programas.

Estos lineamientos han sido acatados desde que se emitió la ley, por lo que en cada cambio de administración los documentos del proceso de planeación han ajustado su temática de acuerdo con el orden en el que se presentaron en el plan vigente.

El caso específico del sector cultura

En el PND se anotaron dos vertientes para el sector cultural. En el documento elaborado por el presidente, la cultura forma parte del eje 2 de política social con el título “Cultura para la paz, para el bienestar y para todos”, mientras que en el formulado por la Secretaría de Hacienda se incluye en el eje general IV.2 de bienestar. Por tratarse de un documento con mayor orden y contenido, nos vamos a concentrar en este último.

El objetivo del eje general IV.2 de bienestar consiste en garantizar el ejercicio efectivo de los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales, con énfasis en la reducción de brechas de desigualdad y condiciones de vulnerabilidad y discriminación en poblaciones y territorios. Para ello propone diez objetivos específicos, de los cuales el número nueve corresponde al tema que nos compete y que se refiere a garantizar el derecho al acceso a la cultura para toda la población. Dicho objetivo a su vez contiene siete estrategias, mismas que pueden resumirse de la siguiente manera: redistribución de la riqueza cultural, formación y profesionalización artística, oferta cultural, industrias culturales, desarrollo y utilización de la infraestructura cultural, y reconocimiento y preservación de la diversidad cultural y lingüística de México.

Con base en la Ley de Planeación se debe esperar que el contenido del informe de gobierno, el informe de labores de la Secretaría de Cultura (SC) y el proyecto de presupuesto de la misma dependencia para el ejercicio fiscal 2020 se ajusten a esta temática. En el cuadro siguiente podemos observar el orden en el que se presentaron cada uno de los temas. Cabe señalar que, en el caso del informe de labores de la dependencia, anoté el título de cada capítulo, cuya estructura se asemeja a líneas de estrategia, por lo que supongo que son las que tienen proyectadas para su inclusión y aplicación en el programa sectorial.

Como podemos observar en el cuadro, el informe de labores de la dependencia ajustó su contenido a las líneas de estrategia contenidas en el PND versión Urzúa, con excepción del último sobre diversidad cultural y lingüística. Por ello podemos asegurar con poco margen de error que el plan sectorial se va a presentar en estos términos.

En los demás documentos, el único tema que conserva el mismo lugar es el primero. Me refiero al relativo a la redistribución de la riqueza cultural e impulso a las culturas locales, en el cual la titular de la SC ha puesto el mayor empeño desde los tiempos de las campañas electorales.

Los temas expuestos en el informe de gobierno no parecen tener un orden. El primer subtítulo se refiere a facilitar el acceso de la población a los servicios y actividades culturales, y en ese tema se incluyen también el Fonca, el PAICE, los derechos de autor y el centro cultural digital. El capítulo se cierra con la oferta educativa y el patrimonio cultural.

La estrategia programática del proyecto del PEF 2020 tiene otro orden, y señala de manera explícita que se alinea con el eje 2 de política social del PND (versión AMLO). La segunda vertiente de la estrategia hace hincapié sobre la importancia de las acciones de la dependencia para promover la paz y restituir el tejido social —bien parece una continuación del primer punto—, mientras que en la tercera los programas se engloban en lo que denominan economía cultural, que consiste en los mecanismos de apoyo para los creadores. Los siguientes dos temas, agenda digital y jóvenes en la cultura, no están definidos en alguna parte con ese nivel de detalle, y el último punto engloba las acciones asociadas a la educación. Lo que alcanzamos a ver en este último caso es que ni la estructura ni el contenido nos dan una pista de lo que se pretende alcanzar con su magro presupuesto, ni tampoco nos permiten vincular los programas y las acciones a lo que se busca lograr en el mediano plazo.

Para concluir con este tema, considero conveniente insistir en que el proceso de transformación en el que está inmerso el país requiere de una buena planeación porque, de lo contrario, todo quedará como la suma de buenas acciones no integradas. Pero en el caso de la cultura, con excepción de los programas comunitarios, lo demás es una continuación de lo que se ha hecho en el pasado; no se aprecia una verdadera intención por cambiar las cosas.

amierhughes@yahoo.com.mx

11 de octubre de 2019.

[1] Ley de Planeación, art. 14, fracción II..

[2] Ley de Planeación, arts. 4 a 10.

 

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