El Parlamento de Cultura, respuesta a la 4T

(Tomado de es.123rf.com).

Hace aproximadamente dos años, un grupo de artistas de varios colectivos entre los que destacan la Asamblea por las Culturas, Movimiento Colectivo por la Cultura y el Arte de México (MOCCAM) y representantes de la Unión de Pueblos y Comunidades Purépechas, nos dimos a la tarea de comenzar la construcción de un instrumento que le permitiera a la comunidad artística y cultural generar mecanismos que incidieran en las políticas culturales a nivel nacional y local y desde donde se debatieran, resolvieran y propusieran el respeto y el ejercicio pleno de los derechos fundamentales que, como ciudadanos pertenecientes a una comunidad específica, nos otorga la Constitución mexicana.

En febrero del 2020 la Asamblea por las Culturas lo llevó a cabo en el Museo de la Ciudad de México, con el nombre original de Parlamento Abierto de Arte y Cultura, teniendo como resultado el reconocimiento de las autoridades culturales del gobierno de la ciudad como un instrumento autónomo, vinculante y resolutivo y donde se presentó el primer documento de trabajo sobre el Estatuto del Artista y Trabajador de la Cultura. Ahí mismo se formó una comisión organizativa más ampliada con compañeras y compañeros de otros colectivos, como Manos Creativas, No Vivimos del Aplauso, entre otros y desde lo individual con titiriteros, gestores culturales y más, para aterrizar una propuesta de estructura organizativa del mencionado Parlamento incluso, el debate, sobre el nombre, si es Parlamento o Congreso.

El resultado es un importante documento que no solamente enumera los objetivos primordiales de una política cultural incluyente y reformas estructurales, sino también una construcción y accionar desde una estructura organizativa que permite la inclusión y participación sin menoscabo de colectivos, individuos, autoridades y ciudadanía en mesas de trabajo horizontales en las que las autoridades no tienen voto, pero si voz, es decir, el mandar obedeciendo aplicado desde abajo y por las rutas correctas de una democracia participativa. Un Parlamento regido por la equidad de género, desde la conciencia de género, y basado en formas ancestrales de organización con la figura de asamblea como máxima autoridad.

Las figuras hechizas de “parlamentos abiertos” generados por la Cámara de Diputados (nada más alejado de la verdadera conformación de este instrumento basado en la democracia participativa, que funciona en otros países como espacio de incidencia de la ciudadanía en las políticas de gobierno), se hicieron como estructuras discrecionales a las que se accede por invitación mayoritariamente, regidas por el amiguismo pero sobre todo por intereses de grupo o individuales en los que permea el protagonismo de los legisladores y los intereses partidistas, aunque con contadas excepciones. En contraposición, el Parlamento Abierto de Cultura Vinculante y Resolutivo tiene como uno de sus objetivos fundamentales justamente la inclusión y la horizontalidad. Esencialmente la construcción y desarrollo autonómico y desde, valga la redundancia, el respeto a las autonomías organizativas de cada uno de los parlamentos a nivel local con base en sus necesidades y formas de organización, usos y costumbres según sea el caso.

Cabe destacar que el Parlamento tiene como base una estructura territorial y no estatal, tomando en cuenta que las divisiones estatales, lleva de entrada un control no escrito sobre la conformación de los territorios de las naciones, pueblos, barrios originarios y comunidades indígenas, en el que se violentan sus formas de organización y estructuras de cara a la nación y reconocidas por el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo. En este sentido, resulta fundamental que la estructura del Parlamento Abierto sea dividida en parlamentos territoriales y no estatales, garantizando unidades pluriculturales incluyentes y horizontales. Así, en más de 10 territorios quedan incluidos los 32 estados de la República y toda su diversidad cultural fundamentada en las estructuras, conocimientos, haceres, saberes, usos y costumbres de los pueblos y en las formas organizacionales que corresponden al trabajo de los actores y comunidades artísticas de pueblos originarios y comunidades indígenas, estructura además reconocida por el Congreso Nacional Indígena y otras organizaciones y pueblos.

Hay mucho que caminar en la construcción de este Parlamento Abierto que tiene sus objetivos claros, pero al menos ya hay bases, perfectibles claro está, que ya comenzaron a rendir sus frutos en la CDMX, como parte de la región centro. Habrá que seguir sumando y construyendo nuestras rutas autonómicas, incluyentes, participativas y de diálogo y respeto desde el mandar obedeciendo.

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