Época de Oro de la Danza Moderna en México

Ana Mérida, Edmie de Córdoba y Guillermina Bravo.
Fotografía INAH Mediateca. Ballet Sinfonía con cantante de Mozart, coreografía Waldeen 1945.

 

Qué mejor manera de conmemorar el Día Internacional de la Danza, 29 de abril, que, recordando una etapa muy importante, la Época de Oro de la Danza Moderna en México. Los invito a viajar a través del tiempo.

Situémonos en los años veinte y treinta del siglo pasado. Al haberse concluido la Revolución, el país quedó devastado, dividido y con un alto índice de analfabetismo. Dentro de las estrategias de reconstrucción y estabilidad política y social, las iniciativas de José Vasconcelos (1982-1995), abogado, escritor, y político nacido en Oaxaca, fueron determinantes para el desarrollo cultural y educativo de nuestro país. Como rector de la UNAM, creó la Secretaría de Educación Pública (SEP) en 1921, siendo él el primer secretario. Sus objetivos fueron crear una campaña masiva de alfabetización, así como edificar bibliotecas y escuelas en todo el territorio.

Con la finalidad de exaltar la lucha revolucionaria, y crear una identidad nacional, propuso el uso de las paredes de los edificios públicos para ser intervenidas por pintores de la época, impulsando así el muralismo. Algunos de ellos fueron: Diego Rivera, José Clemente Orozco, y David Alfaro Siqueiros. La música, también se unió a este espíritu nacionalista, con las grandes obras que Silvestre Revueltas, Carlos Chávez y Manuel M. Ponce, entre otros, crearon en el primer tercio del siglo pasado.

 

Ana Mérida, bailarina de la primera generación, en ensayo.
Fotografía INAH Mediateca

 

La danza se integró a este movimiento años después. Si bien, con la creación de la primera Escuela de Danza en 1932, y el trabajo de algunos bailarines, se inició un movimiento dancístico, la llegada en 1939 de las coreógrafas estadounidenses Anna Sokolow, y Waldeen von Falkenstein, marcaron el inicio de la danza moderna en México. La primera de ellas pasaba temporadas en nuestro país, mientras que la segunda, cautivada por nuestra cultura, decidió quedarse de manera permanente, hasta su muerte en 1993.

Ambas coreógrafas extranjeras vinieron a México invitadas por el INBA, pero trabajaron de manera independiente. Cada una creó su propia agrupación de danza, incorporando como bailarines a los egresados y estudiantes de la escuela de danza, La paloma azul de Sokolow, con la participación de los bailarines: Ana Mérida, Martha Bracho, Carmen Gutiérrez, Alicia Ceballos, Delia Ruiz, Antonio de Córdoba, Alejandro Martínez y Ramón Rivera, entre otros. Y el Ballet de Bellas Artes de Waldeen, integrado por: Guillermina Bravo, Evelia Beristaín, los hermanos José y Ricardo Silva, y Lourdes Campos, entre otros.

Sokolow y Waldeen se relacionaron con importantes artistas de nuestra nación: músicos, pintores, y escenógrafos, surgiendo así las grandes coreografías representativas de esta época, con esencia mexicana. Estas son algunas de ellas:

De Waldeen: La Coronela, En la boda, Procesional, Horas de junio; de Anna Sokolow: El renacuajo paseador, Don lindo de Almería, Pies de pluma, Entre las sombras anda el fuego, Antígona; de Ana Mérida: La Luna y el Venado, El paraíso de los negros, Balada del pájaro, Psique, y Bonampak; de Guillermo Arriaga: Zapata, La balada mágica y Cuauhtémoc; y de Guillermina Bravo: Guernica, Nube estéril, Recuerdo a Zapata.

 

La Coronela

 

Coreografía La Coronela, de Waldeen von Falkenstein.
Fotografía Cenedi danza José Limón

 

La Coronela puede considerarse la obra más emblemática de este periodo, tanto por el gran equipo de artistas que colaboró, como por su contenido. La idea y coreografía fueron de Waldeen, con música creada por Silvestre Revueltas, concluida a su muerte por Blas Galindo; el libreto estuvo a cargo de Waldeen, Gabriel Fernández Ledezma y Seki Sano. La coreógrafa se inspiró en los grabados de José Guadalupe Posada, y por primera vez fue declamado un poema en vivo, escrito por Efraín Huerta.

La obra, estrenada en el Palacio de Bellas Artes, en 1940, era una crítica muy fuerte a la división de clases sociales que aún prevalecía en nuestro país. Estaba compuesta por cuatro partes: La primera era Damitas de aquellos tiempos, en donde unas mujeres de la alta sociedad llegan en sus carruajes con sus costosos vestidos, a tomar el té; la Danza de los desheredados, que narraba la situación de las clases obreras, de las mujeres de luto que lloraban a sus muertos, y lo más fuerte, el momento en el que el cura sale a calmar, mejor dicho, sosegar a la población. Continuaba con La pesadilla de don Ferruco, que era una danza más sencilla y graciosa de la obra. Y, por último, El juicio final, en el que la Catrina guiaba hacia el infierno a todos los personajes, cual flautista de Hamelín, cuando es interrumpida por la Coronela, quien llega a salvarlos. Sí, una mujer revolucionaria.

 

Colofón

 

Ana Mérida, Evelia Beristáin y otras bailarinas ejecutando la coreografía de La Coronela,
integrantes del ballet Waldeen
Fotografía INAH Mediateca

 

A este movimiento dancístico, en un inicio se le llamó danza moderna, y posteriormente, a partir de los años sesenta a nuestros días, se le denomina contemporánea, la cual tuvo una gran efervescencia de los años sesenta a finales del siglo pasado. Pronto tocaremos este tema.

Lo cierto es que, a más de noventa años de la creación de la primera escuela de danza oficial, y a ochenta de este periodo tan importante como lo fue la Época de Oro de la Danza Moderna, esta disciplina dancística sigue buscando su lugar entre las artes. Hoy en día, las condiciones y oportunidades no son mejores. Me atrevería a decir que se han complicado más, en general para todas las artes, y en específico para la danza, debido a las exigencias de la misma en cuanto a la preparación física, las necesidades de espacios, de producción, de consumo y de formación de nuevos públicos.

Es menester buscar nuevas maneras para el desarrollo de esta disciplina dancística, mientras tanto bailemos para celebrar la vida. ¡Feliz Día Internacional de la Danza!

 

Fuentes:

Arriaga , G. (2006). La época de oro de la danza moderna mexicana. México: CONACULTA.
Luna, A. (1959). Ana Mérida en la historia de la danza mexicana. México: Publicaciones de danza moderna.

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