Paso Libre

Arribar a una nueva cita olímpica será un desafío para el gobierno de Andrés Manuel López Obrador. ¿Cambiarán los escenarios al ser un nuevo régimen? (Foto: Instagram de @tokyo2020).

Tallereando el 2020

Expectativas olímpicas en la cultura

Raúl Nivón-Ramírez

El 2019 no fue un año para recordar en la política cultural. Al menos así lo han apuntado  diversos expertos, quienes han coincidido en que el primer año de la 4T dejó un amargo sabor de boca en este rubro. El asunto de los presupuestos (específicamente su uso), la reducción de estímulos y la falta de liderazgo en la Secretaría de Cultura (SC) federal  fueron algunos de los señalamientos que centraron el debate en torno a la dirección de la cultura en la Cuarta Transformación. Por otro lado, la nueva orientación hacia una política cultural comunitaria, que carece de una definición clara y distinta de una política social, hacen que inevitablemente uno se pregunte: ¿cuáles son las expectativas para la cultura en el 2020?

Este año ha comenzado con dos temas que distan mucho de hacernos pensar que algo sustancioso cambiará en el tema de cultura. Tienen que ver con la política exterior de los Estados Unidos y con los megaproyectos del gobierno de López Obrador. Sobre el primer asunto me refiero al ataque a Irán en el contexto del posible impeachment de Donald Trump y su probable reelección. ¿Cómo afectara esto a nuestro país? Es difícil establecerlo con claridad, dada la naturaleza cambiante de la diplomacia americana en esta administración, pero sin duda será un tema que ocupará gran parte de la agenda política y mediática. Por otro lado, el interés del gobierno por mantener como ejes de su política la construcción del Tren Maya y el aeropuerto de Santa Lucía también inclinan a pensar que la cultura distará de tener un papel protagónico este año.

Inercial podría ser el término que mejor describe mis expectativas para la cultura en 2020. Es decir, continuidad sin grandes aportaciones; una administración similar a la de los gobiernos anteriores y quizá algunos destellos como el que se observó en la muestra artística Emiliano. Zapata después de Zapata (Museo del Palacio de Bellas Artes, 27 de noviembre de 2019-16 de febrero de 2020). Inercial podría calificar también el carecer de una política que conciba a la cultura como un mecanismo transversal de integración y cohesión social en lugar de traducirla a una política asistencialista más. De igual forma, inercial podría ser el hecho de que el nulo crecimiento en el presupuesto de la dependencia (apenas un 0.22 por ciento) refleje el interés de mantener a la cultura en niveles operativos.

Sin embargo, y aprovechando que 2020 es un año olímpico (Tokio, del 24 de julio al 9 de agosto), quisiera hacer un símil deportivo en cuanto a mis expectativas para la cultura en este año. Se sabe que los éxitos en la mayor justa multideportiva se miden con base en los criterios de la obtención de medallas de oro, plata y bronce. Pero algo menos conocido por el público en general es que, en realidad, todos los países fincan sus expectativas en diversos criterios dependiendo del deporte en el que se compite y de los resultados logrados durante el ciclo olímpico. Así, los pronósticos de éxito se establecen sobre parámetros que van desde la obtención de alguna presea, quedar entre los primeros 10 lugares (es decir, obtener un diploma olímpico) o tener una participación competitiva (quedar entre los primeros 50 lugares), hasta considerar que la sola clasificación ya representa un logro. Tomando en cuenta lo anterior, se prevé que fallar en conseguir una medalla en taekwondo, fútbol soccer, clavado sincronizado o tiro con arco sería un fracaso; en el caso de la gimnasta Alexa Moreno se espera que llegue a la final en salto de caballo, esto es, que quede entre las mejores ocho de su especialidad; deportes como el levantamiento de pesas, el box y la esgrima pueden presentar una participación consistente, lejos de un pódium, pero con buenas expectativas para mejorar marcas anteriores. Gimnasia rítmica, básquetbol o voleibol son especialidades en las que clasificar ha sido el objetivo y en las que, lamentablemente, México no tendrá representación este año.

En todos los casos no hay que perder de vista dos cosas. La primera es el factor sorpresa, por lo que no debemos descartar los diversos elementos que pueden colocar a uno de los nuestros de manera inesperada en lo alto del pódium olímpico. Es difícil, pero no imposible y, en este sentido, Soraya Jiménez lo logró en Sídney 2000. Pero también hay que considerar los escándalos relacionados con dopaje y corrupción que han desmerecido el esfuerzo desplegado por los atletas y entrenadores al faltar a las reglas.

En su segundo año de gestión, la clase gobernante también estará en su propia justa, en la que dependencias y funcionarios buscarán el mejor lugar del podio que ofrece el juicio presidencial. (Ilustración: Paso Libre).

Dicho lo anterior, es de pronosticarse que secretarías como Relaciones Exteriores, Hacienda y Comunicaciones y Transportes queden en lo alto del pódium durante el 2020. De igual forma, se esperaría que la Secretaría de Gobernación se recupere del fracaso del año anterior y retome el protagonismo como la verdadera encargada de la política interior. ¿Puede esperarse algo así de la SC? La respuesta sería negativa desde la perspectiva del gobierno; es decir, todo parece indicar que desde el Palacio Nacional se espera una participación modesta de la dependencia, aunque esto no la exime de buscar por sus propios medios un merecido protagonismo. Esperaría que la SC deje de ser el centro de atención únicamente de los especialistas y pase a ser de mayor interés para los ciudadanos. En otras palabras, alejarse de la idea de solo participar para aspirar a quedar en la zona de los mejores clasificados. ¿Es esto posible? ¿Es este mi pronóstico?

Quiero ser positivo sin caer en la provocación de afirmar que “tengo otros datos”. Sin embargo, la falta de claridad y de un verdadero programa de cultura me inclinan a pensar que en 2020 habremos de conformarnos con solo “estar”. Me parece, insisto, que mientras haya una concepción desarticulada de la cultura y sus políticas, seremos solo “medalla de oro” en competencias menores. Pero no descartemos sorpresas. En el contexto de la organización de los Juegos Olímpicos de 1968, algunos se preguntaban qué podría ofrecer México más allá de sombreros y piñatas. En un giro inesperado, Pedro Ramírez Vázquez observó que la cultura, en sus distintas expresiones e interacciones, podría ser un potenciador de la imagen de México ante el propio país y el mundo. El resultado fue la Olimpiada Cultural, descrita como un microuniverso que no ha sido superado hasta la fecha en ediciones olímpicas posteriores. ¿Qué llevó a los organizadores de México 68 a idear este programa? Si bien podría realizarse una investigación de gran profundidad sobre el tema, la respuesta se resumiría en la necesidad de legitimar un evento que por primera vez sería llevado a cabo en un país en vías de desarrollo.

Probablemente, 2020 sea el año en el que volvamos a ser el “museo del universo” (retomando el término acuñado por el historiador Ariel Rodríguez Kuri). Lo anterior, considerando la siempre importante necesidad de legitimar proyectos políticos, así como el hecho de que México ha vuelto a ser un referente en América Latina.

13 de enero de 2020.