Paso Libre

La selección mexicana de futbol se ubica en el número 12 del ranking mundial de la FIFA. (Foto: Instagram de @femexfut).

Homo Ludens

Extrañas reflexiones sobre el futbol mexicano a nivel selección

Raúl Nivón-Ramírez

En la derrota y en la victoria

En 1986, Carlos Monsiváis se asombraba de “la nueva identidad nacional” que tomó las calles durante el Mundial de México 86. El fervor popular que permeaba desde las clases populares hasta los secretarios de Estado podía respirarse en tanto México tenía posibilidades de llevarse el máximo trofeo del balompié mundial. ¡¡¡¡Gol!!!! Somos el desmadre se titulaba aquel texto que, entre otras cosas, sentenciaba que “el Mundial de Futbol ha sido en México la hazaña más promocionada de todos los tiempos, ni Cortés, ni las tropas insurgentes o liberales, ni Villa ni la Revolución hecha tour de sexenios, dispusieron de tal aparato propagandístico”. Esta esperanza, dicho sea de paso, se esfumó tras la derrota frente a Alemania en penales (4-1).

Monsiváis, quien en realidad no era conocedor, ni siquiera entusiasta del futbol, fue muy agudo en esta reflexión y abonó al campo intelectual que vincula al deporte con la identidad. En el caso del balompié, este fenómeno comenzó a tomar fuerza durante la década de los sesenta, tiempo en el que paulatinamente fue desplazando al béisbol, el box y el tenis como el deporte predilecto de los mexicanos. Para ello resultó crucial la participación de los medios de comunicación, que durante ese decenio incursionaron en las transmisiones de las copas mundiales de Chile (1962) e Inglaterra (1966). La difusión de los Juegos Olímpicos y el Mundial de México 70 terminarían por apuntalar al futbol como el deporte nacional.

Hoy, como bien apuntaba Monsiváis, ninguna “propaganda patriótica” supera el entusiasmo que despierta la oncena mexicana. Esta genera tan altas expectativas que, como consecuencia, ha provocado expresiones simbólicas que se desbordan en las victorias y que asimilan las derrotas de formas muy particulares. Algunos extremos se resumen en frases como “somos ratones verdes”; “jugamos como nunca y perdimos como siempre”; “hicimos los cambios tarde”. En este sentido, la identificación con el futbol que mueve multitudes hacia las “minervas”, las “macroplazas” y los “ángeles de la independencia” es casi tan grande como los derroteros traducidos en imaginarios que impiden que México alcance el anhelado quinto partido y que hoy se condensan en el consabido “no era penal”.

La tragedia de Fortaleza

Octavos de final de la Copa del Mundo de Brasil 2014, Estadio Castelão. Tras un agónico empate en el minuto 88, México y Holanda se disponen a jugarse el pase a cuartos de final en tiempo extra. Al minuto 91, Arjen Robben, dorsal 11 de Holanda, finge un penal, el cual concede el árbitro. Robben mismo lo convierte en gol, eliminando una vez más las aspiraciones de México para acceder al quinto partido. Probablemente desde la pérdida de los territorios del norte en 1848 no se había registrado tanta indignación nacional.

La maldición se repitió hace apenas unos días, cuando en la final de la Copa del Mundo Sub-17 se enfrentaron nuevamente Brasil contra México. Solamente que, a diferencia del triunfo nacional en Perú hace 14 años, esta vez el colegiado (y el VAR) concedieron nuevamente un penal dudoso contra México.

Independientemente de estas marcaciones arbitrales (creo que ninguno era penal), considero que la transición hacia el “no era penal” tiene un significado más profundo en cuanto a cómo se percibe el desempeño del futbol mexicano a nivel selección. Lo anterior debido a que en ambos casos se advierte un dominio futbolístico de México sobre selecciones de la talla de Holanda y de Brasil. ¿Cuándo se había visto que selecciones como la brasileña y la holandesa necesitaran de ayudas arbitrales para ganarle a una selección como México?

Y es que, pese a que desde 1994 México se ha quedado en la línea para acceder a los ansiados cuartos de final, diversos resultados a nivel juvenil, de selección mayor y femenil han mostrado una realidad diferente de nuestro balompié. Entre estos logros se cuentan la Copa Confederaciones de 1999, dos copas del mundo sub-17 (2005 y 2011) y dos subcampeonatos mundiales (2013 y 2019); un subcampeonato femenil sub-17 (2018) y una medalla de oro olímpica (Londres 2012). Por otro lado, México ha obtenido triunfos  contra selecciones como Italia, Francia y Alemania. Las derrotas más importantes del combinado nacional han sido frente a selecciones continentales como Estados Unidos, Brasil, Chile, Uruguay y Argentina.

De igual forma, se ha observado que en los últimos años nuestro país ha logrado colocar más futbolistas en ligas europeas. Pese a ello, algunos críticos han señalado que la producción de profesionales  del futbol mexicano es muy baja. El periodista Diego Mancera del diario El País (7 de octubre de 2017) señaló que de los futbolistas juveniles que ganaron las copas del mundo de 2005 y 2011, solo un 18 por ciento ha dado el salto al profesionalismo, y aún menos al futbol europeo. Sin embargo, desde mi punto de vista, a pesar de la falta de trascendencia de los juveniles mexicanos, según Mancera, me parece representativo que hayamos dejado de hablar de “Hugo” o de “Rafa” porque contamos ahora con más de una decena de mexicanos en el extranjero.

Apuntes finales

    1. En la actualidad, los datos que demuestran la predilección y la importancia de la industria del futbol en nuestro país son contundentes. De acuerdo con el estudio del Grupo de Economistas y Asociados (GEA) —dado a conocer por la Liga BBVA el 19 de noviembre y publicado en diversos medios—, el 78 por ciento de los mexicanos se declara seguidor del futbol. Esto ha provocado que, en 2018, la industria haya generado 55 mil 800 millones de pesos, lo cual representa el 54 por ciento del PIB de la actividad deportiva en el país. A lo anterior habría que agregar las ganancias por generación de empleos (193 mil 200) con su respectiva derrama salarial, que asciende a 25 mil millones de pesos anuales.
      De acuerdo con el Sistema de Cuentas Nacionales del Inegi, el valor de la producción final de la industria del futbol mexicano es de 114 mil millones de pesos, que equivalen a 0.4 por ciento del valor total de la producción nacional. En suma, se estima que por cada peso que genera la industria mexicana de futbol, una cantidad similar se derrama en el resto de la economía”.
    2. Según el estudio especializado de Arturo Santamaría Gómez (2009), “Mentalidad, nacionalismo y estilo en el futbol mexicano”, México tiene en la parte técnica un buen nivel futbolístico. Este se ha basado en el juego de toque (sic), hasta cierto punto conservador, que consiste en el predominio de la cautela y en premisas tradicionales como la posesión de la pelota y la “rápida recuperación del balón como medio para poder tocar, elaborar y tejer su urdimbre”. Si bien, señala el estudio, carece del virtuosismo brasileño o argentino, así como de la “corpulencia” africana y europea, el futbol mexicano ha logrado en los últimos años acotar estas desventajas mediante estrategias de entrenamiento y alimentación. En suma, afirma Santamaría Gómez, a los mexicanos no les falta técnica para saber golpear el balón ni experiencia doméstica para ejecutarlo, pero sí el dominio de los nervios y la concentración necesaria en condiciones de ebullición.
    3. No cuento con dato alguno que científicamente me permita pronosticar en cuánto tiempo podrá tener México una participación destacada en la Copa del Mundo. Sin embargo, el único ejemplo histórico que puedo equiparar con nuestro caso es la España campeona olímpica de 1992, que tardó 18 años más para ganar la Copa del Mundo de 2010. Sin menospreciar los numerosos apuntes que han hecho los expertos para mejorar nuestro futbol desde las bases hasta el nivel profesional, parecería que resta tener paciencia para observar resultados que solo se podrán conseguir en el mediano Esperar y confiar. 

nivon2099@gmail.com
Twitter: @ra_niv
29 de noviembre de 2019.