agosto 17, 2022

Con Tierra firme, Jan Hendrix presenta en México una primera visión retrospectiva de su trabajo creativo de cuarenta años. Otras versiones de la muestra irán a Maastricht y a Aguascalientes a fines del presente año. (Foto: Barry Domínguez. Cortesía MUAC/UNAM).

Jan Hendrix: De filigrana y sutilezas

Con Tierra firme, Jan Hendrix presenta en México una primera visión retrospectiva de su trabajo creativo de cuarenta años. Otras versiones de la muestra irán a Maastricht y a Aguascalientes a fines del presente año. (Foto: Barry Domínguez. Cortesía MUAC/UNAM).

No tenemos muchos Von Humboldt en el presente. En una misma persona se alejan cada vez más los saberes humanos y la curiosidad por el mundo. No crecen como en maceta los seres apasionados y conocedores de la naturaleza, los viajes, la botánica, las geografías. Sin embargo, en el ámbito de la creación artística Jan Hendrix es un caso que conjunta varios de esos afectos y habilidades: mira la hoja, recorre el bosque, dibuja la montaña, observa la semilla, planifica el río. Experimenta en técnicas gráficas y conduce sus visiones hacia papeles, metales, acrílicos y textiles que recrea con pericia visual de filigrana, llena de sutilezas.Tierra firme reúne la obra creada por Hendrix a lo largo de cuarenta años. Bajo la curaduría de Cuauhtémoc Medina y de María José Sánchez Blanco, la muestra a cargo del Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) se sitúa como la primera retrospectiva del artista conceptual que llegó a tierra mexicana en 1975, en donde se instaló como un hacedor creativo que ha colaborado con arquitectos, biólogos, herbolarios, poetas y narradores; artesanos del textil, la impresión gráfica y el diseño por computadora.

Tras exhibirse en el espacio universitario hasta el 22 de septiembre, dos versiones más de Tierra firme serán acogidas en distintas sedes, una en el Bonnefantenmuseum en Maastricht, y la otra en el Museo Espacio en Aguascalientes. El primero mostrará el acervo entre noviembre próximo y abril de 2020, en tanto que el recinto mexicano lo hará de diciembre de 2019 a mayo del año entrante.

Nacido en 1949 en un entorno rural en Maasbree (Países Bajos), Hendrix atendió desde muy joven las imágenes evocadoras de la tarjeta postal de viaje y experimentó con ellas para producir collages con polaroids, serigrafías y fotos. Una de las secciones de la exposición compila en “Postales entre continentes” este interés, que data de cuando fue estudiante en la Academia Jan van Eyck en Maastricht en la década de los 70. Su espíritu viajero se alimentó en esos años y prosiguió hasta entrados los ochenta y noventa con los paisajes que representó en series monumentales en serigrafía y mediante la recolección de toda esa parafernalia que acompaña a los exploradores: boletos de viaje, sellos, cartas, notas de compra, sobres y bocetos que con el tiempo han constituido el diario gráfico y emocional de un trotamundos con estancias artísticas desde 1971 en Francia, Portugal, Noruega, Islandia, Egipto, Kenia, China, Australia, Turquía, Irlanda y Serbia, entre muchos otros puntos del orbe.

De ese periplo destacan las series “Bitácora inconclusa” (1979-1986), “Higuera” (1982), “Cerro negro” (1983) y “Samburu/Kenia” (1992) con el desfile de palmas, nervaduras, mares y horizontes presentados en collages; cerros centelleantes en su negrura serigráfica, y fotos superpuestas como un abanico que da cuerpo al horizonte africano. Esta sala cierra con un inmenso muro denominado Script (1996-2002), que es un muestrario de dos centenares de pequeños recuadros con naturaleza a un detalle extremo: la rama, el tronco, la piedra y el matorral vistos con lupa.

Detalle de la sección “Postales entre continentes”; al fondo, el muro Script, constituido por centenares de naturalezas en serigrafía. (Fotos: Cortesía MUAC/UNAM).
Acercamiento al trabajo de entramado en acrílico que realiza Hendrix.

Dibujar la distancia

De aquellos microescenarios gráficos, en el recorrido pasamos al extremo de lo macro o el gran formato en el que Hendrix es autoridad. “Dibujando la distancia” es la sección que ofrece ejemplos del dominio técnico que el autor ha alcanzado en la serigrafía desde los años noventa. En ella exprime las cualidades matéricas de papeles exquisitos provenientes de Asia, como el nepalés o el chino; usa el reverso del papel para obtener una cualidad translúcida y traza o rellena con tinta aquellas superficies que usualmente la serigrafía cubriría de forma industrial. La combinación heterodoxa de gestos manuales le da un matiz delicado y sensual a esas ramas, troncos, hojas y árboles monumentales en los paneles “San” (1996), hechos en serigrafía sobre papiro y hoja de oro, y las series “Villa Serbelloni” (2000) y “Atlantic Motel” (1999-2000), ambas en papel nepalés.

Meteorum (2011), escultura colgante que en Tierra firme es una de las presencias de más atracción para los visitantes.

Esta experimentación ha llevado a Hendrix a que sus naturalezas cuelguen sobre los muros como gráfica bidimensional y que además funcionen para intervenir el espacio arquitectónico y el entorno abierto en materiales como el metal, el vidrio, el peltre y diversos plásticos. En el MUAC, Meteorum (2011) es un entramado colgante de algas que impacta al espectador por su carga sensual y lúdica que invita a inmiscuirse entre las estructuras horadadas. Y así como lo hace en el museo, Hendrix ha montado esculturas en el espacio público: las plazas centrales de Puebla (Refugio/Kiosco, 2009) y de la Convención de Aguascalientes (Patio de las jacarandas, 2015), por ejemplo. Su primer proyecto arquitectónico fue para el Hotel Habita junto con Enrique Norten y Bernardo Gómez Pimienta. Y también en la Ciudad de México, ¿quién de nosotros no ha contemplado el plafón de la Librería Rosario Castellanos del Fondo de Cultura Económica en la colonia Condesa? Ese enramado o simulación de escritura árabe en 256 piezas de vidrio es creación de Hendrix, así que su trabajo nos ha acompañado de muchas maneras.

Mirror Pavilion I (2014), doble cilindro de aluminio pulido, ubicado en el espacio exterior del museo universitario.

Gráfica y poesía en hermandad

Monumentales tapices en blanco y negro sobre muros en verde colman una de las salas que casi concluyen nuestro camino por Tierra firme. Es la sección “Eneida. Libro VI”, cuyo nombre nace de la traducción de la epopeya de Virgilio que el poeta Seamus Heaney concluyó en julio de 2013, justo un mes antes de morir. Tres años después, junto con el impresor Hans van Eijk de la Bonnefant Press, Hendrix publicó ese libro póstumo de Heaney junto con sus propias serigrafías de cactos, barrancas, espinas y nervaduras como una interpretación libre del mito del árbol de oro del tártaro, mezclado con el paisaje arqueológico de la zona oaxaqueña de Yagul.

De aquel libro de arte, las presencias gráficas hallaron otra versión en un soporte que resulta monumental en el tamaño y desafiante en la técnica: textiles instalados en una especie de santuario que Hendrix erigió para honrar a Heaney y a Yagul, dos cargas emocionales que han marcado su vida personal y profesional. La serie “Los tapices de Yagul” (2018) es una doble transferencia al textil: por un lado, es la piel rocosa y añeja de los valles centrales de Oaxaca y, por otro, la escritura del poeta irlandés que fue amigo de Hendrix por 30 años.

Para el grabador, esta sala significa una “última representación” de Yagul, ya que su relación visual con el sitio “sanseacabó” tras la muerte en agosto de 2013 del Nobel de Literatura. De hecho, a lo largo de toda la muestra esta región ventosa que en zapoteco significa árbol o palo viejo es una especie de espíritu en continuo movimiento que alcanza preeminencia en el enorme salón con los telares.

Aquí recordamos que esa naturaleza zapoteca fue motivo recurrente de inspiración tanto para Heaney como para Hendrix, quienes al alimón crearon los libros La rama dorada (1991) y La luz de las hojas (1999). Fue precisamente el lanzamiento de este último volumen hace dos décadas lo que motivó la presencia de Heaney en México luego de una ausencia de 18 años que saldaba con una visita relámpago a las ciudades de México y Oaxaca. Fue un privilegio personal platicar con el Nobel de Literatura tras un recorrido por los senderos de Yagul entre las cactáceas, los ramales y aquella plataforma arqueológica cuya cima permite una visión amplia del valle y el respiro de esos aires con nubes y tierra como escenario pleno.

El poeta enlazó palabras para relatar las sensaciones durante la travesía al lado de su esposa Marie Devlin, de Hendrix y de Martha Hellion, quien entonces era compañera de vida del artista visual. Allá concurrió un viento con corazón”, dijo Heaney a esta reportera en una entrevista publicada en La Jornada el 16 de febrero de 1999. El irlandés describía el marco de profundo silencio en el área, la infinidad de formas geológicas existentes y las maneras en como se han moldeado allí los cerros junto a árboles con espinas entre las piedras.

Justo algunas de las imágenes vistas por Heaney y Hendrix son llevadas 20 años después a los tapices de seda y lana en el MUAC. Son las piezas elaboradas en la técnica francesa del jacquard, aquel telar mecánico del siglo XIX que usaba tarjetones perforados de cartón para tejer patrones en tela y que dos siglos más tarde se conecta a un sistema computarizado que permite confeccionar los textiles en el color y en la dimensión que a cada autor le plazca.

“Los tapices de Yagul” (2018) hechos en seda, lana y chenille se convierten en un homenaje póstumo al poeta Seamus Heaney, amigo de Hendrix por 30 años y con quien realizó libros de la zona arqueológica en Oaxaca.

La fascinación por los tapices tiene marca añeja en Hendrix. Y su interés en la revolución digital en los textiles es un tema que le circunda en la cabeza. En la rica conversación que sostiene con un especialista en el rubro, el diseñador británico Adam Lowe —contenida en el libro de descarga libre editado por el MUAC—, el artista relata el placer que le causaba “la mejor habitación” de su casa de la infancia: el oscuro recinto cobijado por unas gruesas cortinas de terciopelo que resguardaban de la luz a la bicicleta del abuelo y a un juego de sillas y que además generaban un clima de recogimiento, de calidez y sensualidad que Hendrix evoca y desea replicar en su obra.

Así, en la narrativa sobre el paisaje que le place confeccionar en tapiz, Hendrix se interesa tanto en la combinación de técnicas antiguas (jacquard) y contemporáneas (digital) como en el trabajo colaborativo con los artesanos tejedores y con los impresores que darán vida a sus obras en mediano y gran formato. “El poder del arte se está diluyendo hoy para replantearnos el mito del artista que realiza todo en solitario. El trabajo colectivo en la actualidad va en todas direcciones y pienso más en el artista como un director de orquesta con cierto orden democrático en sus filas”, reflexionó Hendrix en el primer recorrido por Tierra firme, días antes de inaugurarse en mayo pasado.

Vista de la sección “La rama dorada”, en la que se despliegan los libros de arte que el grabador realizó con Heaney y Gabriel García Márquez, entre otros autores. Al fondo, videos de Rafael Ortega que detallan los contenidos editoriales y gráficos.
El gabinete de trabajo del artista se muestra en la sección “Materia prima”, que cierra la exposición y reúne cerca de 5 mil 200 objetos que ya son parte del patrimonio universitario.

Además de motivar trabajos con poetas como Heaney, el grabador de origen holandés ha emprendido la publicación de libros de arte junto a Hans van de Waarsenburg en Los árboles (1999) y a Gabriel García Márquez en sus memorias Vivir para contarla (2004). Dicho trabajo colaborativo de Hendrix desde 1990 se integra en la sección denominada “La rama dorada”, en la cual se despliegan los libros, bocetos y pruebas preparatorias de varios volúmenes de arte. Complementan los contenidos algunos videos en los que el cineasta Rafael Ortega muestra a detalle las presencias gráficas y poéticas que de otra manera no podemos apreciar a cabalidad desde las vitrinas.

Un gabinete con materia prima

El cierre con broche de oro de la retrospectiva es “Materia prima” o el gabinete de curiosidades que relata el proceso creativo de Hendrix. Reúne 5 mil 200 objetos de un archivo integrado por bocetos, fotografías, planos, maquetas y diarios que han sido donados al MUAC. Cabe señalar que además de este acervo del artista integrado ya al patrimonio universitario, los coleccionistas holandeses Hans y Loulou de Korver harán también una donación de series de gráfica como “Yagul/The Light of the Leaves” (1999) y “Yagul” (2000).

Instalado como un pequeño estudio de madera con gabinetes y cajones, “Materia prima” es la bitácora de trabajo del grabador y el sitio en donde es posible desgranar 40 años de sus procesos de investigación y de experimentación técnica manual y digital. Ahí se vislumbran las ideas, obsesiones, proyectos infructuosos y obras concluidas de este autor que se relaciona con la arquitectura, la botánica, las expediciones y los viajes de la misma manera que adiciona rigor académico, pericia técnica y asideros emocionales. Un gabinete que resguarda secretos y recetas ante las que Hendrix ya no se rebela para compartir y, en cambio, sí revela.

aabelleyra@gmail.com

6 de septiembre de 2019.

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