diciembre 3, 2021

Una de las jornadas del Encuentro de Jóvenes Creadores del Fonca, en las que los becarios trabajan sus proyectos junto a sus tutores. (Foto: Cortesía Fonca).

La polémica acerca del Fonca

Una de las jornadas del Encuentro de Jóvenes Creadores del Fonca, en las que los becarios trabajan sus proyectos junto a sus tutores. (Foto: Cortesía Fonca).

Decidí nombrar mi columna mensual con la primera parte del refrán “En la casa del jabonero, … el que no cae, resbala”, para dejar en claro que, en el actual mundo digital, nadie sale incólume si se mete con los medios de comunicación masiva o el internet, pues el que no se cae, al menos se resbala. Pensé, como dicen los periodistas experimentados, que desde esta trinchera podía hacer un planteamiento de mis ideas acerca de múltiples temas relacionados con el mundo de la cultura, la economía, las artes y la comunicación virtual; y de pasada, permitirme hablar de manera irónica acerca de las situaciones, ya sean contradictorias o no deseadas, en que caen mis congéneres cuando se exponen en el mundo de la comunicación masiva.

Sin embargo, el primero que se resbaló fue un servidor.

Lo sucedido: me contactaron de la agencia Notimex para entrevistarme acerca de un tema que he investigado durante varios años y que en la actualidad ha despertado interés y preocupación en el mundo artístico y cultural del país: el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca). El asunto se ha vuelto muy polémico porque dicha institución, dicen algunos, está en la mira de los recortes presupuestales que ha implementado el gobierno de la llamada cuarta transformación.

La controversia se ha acentuado, entre otras cosas, por la muy temprana renuncia de su anterior director, el escritor Mario Bellatin, y por las excéntricas declaraciones de la senadora Jesusa Rodríguez en el sentido de que “las becas del Fonca deberían desaparecer”.

La mencionada entrevista se integró a un video elaborado por la periodista de Notimex, Irma Gallo, y publicado en el canal YouTube con una importante recepción (tres mil quinientas vistas en las primeras 24 horas). Comencé a recibir mensajes y llamadas de colegas y amigos sorprendidos por mis declaraciones ahí vertidas. Tuve que aclarar una y otra vez, de manera pública y privada, que consideraba que el video más que informar y generar un aliento de diálogo y comprensión -que tanto se necesita en estos tiempos, y haciendo patente mi total respeto al derecho de la libertad de prensa- establecía un posicionamiento que creaba un ambiente propicio “para desenfundar navajas”. Le envié un mensaje a Irma Gallo, manifestándole mi pesar porque el reportaje no retomaba las ideas centrales que yo le había expresado. Ella me contestó que pronto habría otra entrega dando argumentos de la posición contraria.

Efectivamente, a los pocos días, el segundo reportaje fue publicado y aunque no tuvo la misma recepción que el anterior ,vino a equilibrar la visión del primero (tuvo mil quinientas visitas en las primeras 24 horas). Nuevamente, tuve que aclarar mi posición al respecto, pero ahora a colegas que tienen la visión opuesta y que apoyan el sentido del primer video. En eso estaba, cuando recibí la llamada de la siempre amable periodista, Judith Amador Tello, de la revista Proceso, para pedirme una entrevista que permitiera aclarar lo dicho. La nota se publicó en el número 2225 de dicho semanario. En ella se establece mi opinión que en pocas palabras plantea lo siguiente:

  1. El Fonca tiene que ser reestructurado, incluso refundado, pero es un exceso decir que debe desaparecer.
  2. Para esa reestructuración es indispensable que el gobierno federal haga una seria y sistemática evaluación de cómo ha funcionado y ese análisis requiere necesariamente que el gobierno federal consulte a todos los agentes sociales involucrados en dicha política pública (por supuesto que eso incluye de manera central a los artistas y creadores).

Atosigo a las amables lectoras y lectores con esta crónica enredada y poco atractiva porque quiero mostrar no solamente que esos días fueron para mí enredados y poco atractivos, sino también para dejar testimonio que en tiempos como los actuales, en que los ánimos están encendidos, cualquier declaración o acción no muy clara abona para crear un ambiente aun más ríspido en el instante que toca las redes digitales. Creo que a éstas y a los medios de comunicación masiva debemos usarlos para reproducir información clara, confiable y oportuna. Y esto atañe a los organismos informativos del gobierno en cualquiera de sus tres niveles (pero especialmente al del gobierno federal).

Desde mi punto de vista, los canales informativos del Estado no deben tener como función generar polémica, sino más bien brindar contenidos objetivos y generar certidumbre para que las y los ciudadanos puedan formar su opinión con conocimiento de causa al tomar las decisiones y las posiciones que consideren convenientes.

Únicamente a partir de una política informativa clara y transparente del gobierno federal, podremos saber -para bien o para mal- cómo está marchando la cuarta transformación. Y esto es válido no solo para el campo de la cultura y de las artes, sino también para el conjunto de los procesos económicos y sociales del país.

 

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