diciembre 9, 2022

La tragedia del artista en la pandemia neoliberal

Coca-Cola (2010), collage con hojas de coca, del artista boliviano Gastón Ugalde (La Paz, 1944). (Imagen tomada de proyectoidis.org).

 

Se entiende que los efectos devastadores de la pandemia en el sector cultura se recienten en toda la sociedad y en montones de países. Se entiende que hay una paralización de la economía y de sectores fundamentales en el desarrollo de las naciones. Y también se entiende que hay prioridades en la reactivación económica de las nuevas normalidades en cada nación del planeta.

Lo que nunca se entendió es por qué el sector cultural pagó los platos rotos de las malas planeaciones y estrategias para atender la pandemia. Por qué fue al sector cultural al primero que se le recortaron los presupuestos en la mayoría de los países. Por qué el sector artístico siendo tradicional y lamentablemente uno de los más precarios, casi se le borra del mapa sobre todo en México donde las instituciones encargadas de la cultura se han dedicado a la farándula política, a la simulación, a la canallada de la mentira y a vivir del erario por ello.

Cómo es qué siendo uno de los sectores más productivos del país y de los que más aporta al Producto Interno Bruto, es la quinta rueda del carro para la 4T y no el pilar de transformación con el que tanto se desgarran las vestiduras en frases y eslóganes demagógicos hasta la náusea, en voz de la secretaria de Cultura y las instituciones oficiales. Bueno, hasta parece reiterativo cada vez estar señalando el papel que juega la cultura para el gobierno actual. Pero eso sí, cuando se ponen a dar lecciones de arte y cultura y su función en el marco de la pandemia se desgañitan orgullosos de que gracias al arte sobrevivimos, que gracias a las y los artistas aguantamos el encierro, que el arte y la cultura bla, bla, bla. Un tema que es totalmente cierto, pero no gracias a la 4T sino al compromiso individual y colectivo de miles de artistas que se volcaron a las plataformas digitales a surtir de contenidos, alternativas y propuestas que coadyuvaron para que la población resistiera el encierro.

Lo que no dijeron es que no sólo no apoyaron a los artistas, a muchos los dejaron morir en la miseria, compañeras y compañeros que murieron por falta de medicamentos o accesos a un tanque de oxígeno; que tenían enfermedades crónicas y que tuvieron que interrumpir sus tratamientos por falta de recursos y en consecuencia los que se enfermaron de COVID, no pudieron sobrevivir por no estar en las condiciones de defensa óptimas. Tampoco han dicho que las convocatorias para “dar trabajo” a los artistas son discrecionales, miserables, racistas, clasistas y solo benefician a un grupúsculo selecto que usan para justificar que las autoridades sí están trabajando o simplemente, convocatorias para trabajar a cambio de algunas migajas o una palmadita en el hombro en certámenes que parecen de belleza donde son jueces y partes y con jurados a veces formados por artistas que se prestan a ser los bufones de la corte y que quieren imponer sus criterios artísticos.

Las autoridades fueron incapaces de dialogar con la comunidad artística, incapaces de entregar un apoyo directo contra trabajo, pero sí por el contrario dar créditos a la palabra. Usureros hasta la médula. Siguen en la incapacidad de pagarle el dinero que le deben a muchos artistas desde hace tres años. Y encima invierten los miserables recursos del sector, en medio de esta crisis, literalmente en pendejadas que nadie quiere como el proyecto Chapultepec.

“Hay crisis económica por la pandemia en todo el mundo, México no es el único”, palabras más palabras menos es el decir de especialistas, autoridades y burócratas para justificar sus limitadas creatividades, ya no digamos su incapacidad en los cargos que ocupan y ostentan. Pero hasta eso es falso, ni son todos los países ni todos se esconden en la tragedia de los demás.

 

Asuntos de países industrializados o de mayores entendederas de la cultura como pilar del desarrollo. Alemania se ha destacado por las ayudas a su comunidad cultural. (Imagen tomada de deutschland.de).

 

Hay que observar que países desarrollados como Alemania, lo primero que hicieron fue proteger a sus artistas sin discriminación de disciplina, edad o experiencia a través de apoyos económicos directos, sin condicionamientos, para que pudieran sobrevivir a la pandemia, seguir manteniendo a sus familias y seguir produciendo. Países latinoamericanos con desarrollo limitado como Cuba, no bajaron la guardia en la cultura ni en la atención de sus artistas, sí en las condiciones del bloqueo criminal que hay contra la isla que tiene todo limitado, pero no quedaron desamparados como tampoco ningún cubano. En Bolivia, regresó la democracia y los artistas no perdieron sus derechos ganados en la construcción de un Estado Plurinacional aunque también con sus limitantes, pero cabe señalar que sí tienen problemas en los municipios autónomos gobernados por la ultra derecha como el caso de Tarija donde ofrecen a los artistas hacer murales a cambio de un paseo gratuito por el museo o, a cambio de promoción en las redes del gobierno municipal (igualito que en México). En Argentina, se abrieron convocatorias para artistas, se armaron proyectos de arte público remunerados, se apoyó directamente a los artistas para que pudieran sobrevivir. Y hay más ejemplos.

El común denominador sobre todo en América Latina y el Caribe donde los artistas son apoyados es que son gobiernos de izquierda o centro izquierda, países que le apuestan a la educación, la cultura, el arte, la ciencia, la salud y la investigación. En el caso de México se le sigue apostando a esta vehemente visión porfirista del desarrollismo indiscriminado, a la militarización del país y al asistencialismo (las más de las veces electorero), todas herencias de los pasados regímenes y que la 4T quiere disfrazar de proyectos vanguardistas de izquierda cuando en realidad esta construyendo la continuidad de los esquemas neoliberales que tanto critica.

México tiene lo necesario para ser autosuficiente en cualquier sector, tenemos los recursos, sobre todo, los recursos humanos de uno de los pueblos más creativos del planeta. Pero, por ejemplo, no estamos desarrollando nuestras propias vacunas porque no hay investigación científica necesaria porque no hay recursos para ello, pero sí estamos desarrollando nuestro propio armamento orgullosamente con el sello “Hecho en México” porque para ello si están a la orden los recursos. No estamos fortaleciendo la cultura y el arte de una nación multiétnica y pluricultural porque tenemos una política cultural mediocre y neoliberal que se pone de rodillas ante el capitalismo. Dependemos del maíz gringo y transgénico porque no hay apoyo al campo que ancestralmente cultivó ese maíz y desarrolló la milpa.

Tampoco tenemos los profesionistas que deberíamos porque la ruta educativa le apuesta a formar técnicos que terminarán explotados al servicio de empresas trasnacionales o privadas, así lo diseñó el capitalismo, educar mano de obra barata para ponerla a su servicio. También, la ruta del menosprecio al trabajador mexicano no tiene nombre, por ejemplo tenemos que traer a noruegos (que sí hacen investigación) y extranjeros para armar dictámenes de seguridad en la Línea 12 del Metro, cuando los trabajadores mexicanos están más que calificados y fueron los que señalaron que esa tragedia se venía encima. Y la lista es muy, muy larga.

Así, que cada vez que se mueva un peso en este país cuestionemos en voz alta por qué por ejemplo maestras y maestros ganan menos que un media cuchara en la industria de la construcción. Por qué un policía o un guardia nacional gana más que una secretaria que trabaja hasta 12 horas al día o un médico en hospital público que trabaja hasta 20 horas. Por qué un burócrata de una secretaría gana más que un investigador.

Por qué las y los artistas, que fueron los primeros en dar la cara por esta nación en la pandemia, se están muriendo de hambre sin acceso a derechos laborales y a la seguridad social como cualquier ciudadano.

 

Antes que estallara la crisis sanitaria del Covid, la situación del empleo cultural era difícil. La pandemia la ha profundizado. Diversidad de protestas y reclamos de la comunidad cultural han tenido lugar, con escasa respuesta en los tres niveles de gobierno. (Imagen de Jesús Quintanar, tomada de milenio.com).

 

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