Los brazos y las piernas se estiran, la cintura y las caderas se quiebran, las rodillas se doblan y los pies brincan o se ponen en punta, al compás de una música que, con ritmo y cadencia, logra que los cuerpos rompan la inercia de la quietud y la pasividad en tiempos de pandemia.

Mientras unos hacen ejercicio o practican algún deporte para moldear su cuerpo y embellecerlo, otros lo realizan para sobrevivir, o sea, para darle un poco más de vida útil a ese vehículo que nos lleva a todas partes.

Pero además de buscar una mayor fuerza, agilidad y coordinación motriz, hay quienes también se ejercitan bailando para fortalecer su espíritu y tener una mejor salud mental.

Así sucede con vecinos de Tlatelolco, que se reúnen de lunes a viernes en el ágora de este conjunto habitacional, uno de los lugares más emblemáticos de la capital y que registró historias trágicas que no se pueden olvidar, como la masacre de estudiantes en el 68 y el teremoto del 85.

 

La coordinadora del Grupo Zumba Tlatelolco, doña Virginia Manilla Nieto, nos cuenta que muchas personas llegan no sólo a bailar distintos ritmos (como rocanrol, mambo, cha-cha, salsa y hasta reguetón), sino que igual les sirve como terapia psicológica: “Vienen con problemas de ansiedad y aquí mejoran porque se relajan, se divierten y hacen amistades. Para otros que tuvieron Covid, incluso, el ejercicio les ayuda mucho”.

El mejor ejemplo es don Ignacio Alonso Reyes (en la foto), que a sus 65 años y con dos operaciones a corazón abierto, sigue muy atento los pasos y movimientos del instructor, Alejandro Alvarado.

Hay un momento en que el profesor del politécnico para y descansa un poco, pero enseguida reanuda con ánimo y determinación para concluir la rutina, ante el asombro y aplausos de propios y extraños.

 

16 de julio de 2021, Tlatelolco, Ciudad de México.

 

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