Marco Antonio Campos fue un prolífico reseñista en la revista Proceso, desde su fundación. Aquí el recorte del semanario número 228, del 16 de marzo de 1981.

Mi paso por Punto de Partida

Marco Antonio Campos fue un prolífico reseñista en la revista Proceso, desde su fundación. Aquí el recorte del semanario número 228, del 16 de marzo de 1981.

Al promediar 1973 la maestra Eugenia Revueltas, uno de los seres más conmovedoramente nobles y comprensivos que he conocido, me invitó a colaborar en lo que se llamaba aún entonces Punto de Partida y que poco después se volvería el Departamento de Talleres, Conferencias y Publicaciones Estudiantiles. Fue un privilegio trabajar con ella. Punto de Partida había nacido siete años antes por una excelente idea del historiador Gastón García Cantú, director de Difusión Cultural de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y que echó a andar Margo Glantz con entusiasmo y eficacia. Se trataba ante todo de dar voz a los estudiantes universitarios y a los jóvenes creadores. El departamento de Punto de Partida tenía entonces la revista del mismo nombre, los talleres literarios y el concurso anual.De entrada, en aquel 1973, la maestra Revueltas me encargó las ediciones de la revista y los libros colectivos. Me dio mucho gusto, porque yo, como algunos jóvenes de entonces (Livio Ramírez, Orlando Guillén, Juan José Oliver, Elsa Cross, David Huerta, Juan Villoro, Agustín Monsreal, Manuel Capetillo), habíamos tenido una relación muy estrecha con el proyecto. Desde junio de 1969 yo había entrado como miembro del taller de poesía que Juan Bañuelos coordinaba en el décimo piso de rectoría, y el primer poema que publiqué en mi vida fue en el número 19 de la revista.

Portada de la revista Punto de Partida número 19 donde  se publicó el primer poema del autor. (Imagen: www.puntodepartida.unam.mx).

Muchos hablan del goce celebratorio que es tener en sus manos el primer libro. Al hablar de Crepusculario, Pablo Neruda recuerda en Confieso que he vivido que “ningún artesano puede tener, como el poeta la tiene, por una sola vez en su vida, esta embriagadora sensación del primer objeto creado con sus manos, con la desorientación aún palpitante de sus sueños”. Es cierto, pero creo que mi emoción fue mayor cuando vi en la letra impresa mi primer poema. Uno lo ve con felicidad, lo lee una y otra vez, dan ganas de mostrarlo a todos.

Como dijimos, Margo Glantz había echado a andar admirablemente la revista, los talleres literarios y el concurso. Eugenia Revueltas los continuó y empezó a publicar los libros colectivos. Trabajé con ella hasta enero de 1981, año en el que renunció. La publicación de la revista era incierta. Entre 1973 y 1980 se editaba en la Imprenta Universitaria, es decir, había que rogar a Dios y a la buena fortuna para que Punto de Partida no se convirtiera en Punto Muerto. La maestra Revueltas halló dos buenas salidas (recibió siempre el apoyo de los entonces directores de Difusión Cultural Diego Valadés y Hugo Gutiérrez Vega): la publicación de los libros colectivos de cuento y de poesía y otra revista, más pequeña, llamada Cuadernillos de Taller y Seminario, que se imprimían fuera de Ciudad Universitaria. En los libros colectivos publicamos a jóvenes, de la capital o del interior de la república, que nos parecían de lo más relevantes.

Cuando Fernando Curiel me ofreció hacerme cargo del Departamento de Talleres, Conferencias y Publicaciones Estudiantiles en enero de 1981, coincidió en que Difusión Cultural se trasladó al Centro Cultural Universitario y con ello se ganó en espacio y recursos. La colaboración de Mariela Cuervo en el departamento fue indispensable, extraordinaria, tanto en las publicaciones como en las actividades.

Fernando Curiel, como Alfonso de María y Campos, dieron vasto impulso a las actividades del departamento, en especial la actividad literaria de los jóvenes. En el tiempo que estuvo René Avilés Fabila (de enero de 1985 a febrero de 1986) nos apoyó también. Cuando la Dirección de Difusión Cultural y la Coordinación de Extensión Universitaria se hicieron una, es decir, se convirtieron en la Coordinación de Difusión Cultural en 1986, el Departamento de Talleres, Conferencias y Publicaciones Estudiantiles creció y se volvió en una Dirección de Literatura. Me tocó ser el primer director. Invité a colaborar a Jorge Von Ziegler, José María Espinasa, Eduardo Cruz Vázquez y Eduardo Vázquez Martín. Todos, después, hicieron una muy buena carrera en la promoción cultural.

Centro Cultural Universitario. (Foto: aunamnoticias.blogspot.com).

La revista, desde que asumí la jefatura del Departamento en 1981, con menos o más dificultades siguió saliendo, pero yo le había perdido el antiguo entusiasmo. Los tiempos habían cambiado. Me pareció que por sus altos costos, por la tardanza y porque los estudiantes y los escritores jóvenes tenían ya otras alternativas en publicaciones periódicas (que se veían más) la revista era poco funcional. Creí mejor aprovechar ese dinero para publicar jóvenes poetas y escritores de la Ciudad de México y de la provincia, en libros colectivos y sólo publicar una revista anual con los premiados del concurso. Alguna vez hicimos la lista de los poetas y escritores que editaron en los libros durante quince años (1973-1988); fueron cerca de trescientos. Me enorgullece que hayamos hecho una labor en ese renglón en la república durante ese par de décadas que le tocaba más a Bellas Artes.

Yo me fui a dar clases a Austria, y vinieron y pasaron nuevos directores de literatura. Se continuó la revista y por casi tres decenios se ha sostenido muy bien con la dirección de Carmina Estrada. Ya se llegó a un increíble número 216. Sólo me queda felicitar a quienes han hecho tan buena tarea.

Sin Punto de Partida mi vida como escritor hubiera sido otra. Al elaborar este texto el recuerdo más vívido que tengo fue que en aquel número 19 de la revista publiqué mi primer poema. Y de eso ya han pasado cincuenta años.

1 de septiembre de 2019.

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