diciembre 9, 2022

Los productores estadounidenses están apoyando a la industria fílmica local para hacer las versiones en español de sus títulos más exitosos. (Ilustración: Paso Libre).

¿País colonizado? País saqueado

Los productores estadounidenses están apoyando a la industria fílmica local para hacer las versiones en español de sus títulos más exitosos. (Ilustración: Paso Libre).
Al gran riesgo que significa invertir en la producción fílmica mexicana debido a las malas condiciones que ofrece la cadena productiva nacional controlada y saturada de estrenos de los grandes estudios hollywoodenses, ahora se suma la tendencia a hacer remakes de películas taquilleras norteamericanas y de otros países en su versión a la mexicana. ¡Qué horror!Los productores de cine, que aspiran a recuperar su dinero, han decidido invertir a la segura, o casi, realizando copias de películas “exitosas” de otros países. Nada original, nada que aporte al imaginario y a la identidad del mexicano, pero eso sí, se realizan con cargo a los escasos recursos fílmicos. ¡Negocio redondo!

PELÍCULAS MEXICANAS MÁS TAQUILLERAS DEL 2018

Las veinte cintas nacionales más taquilleras del 2018 captaron el 85.20 por ciento del total de los ingresos del año, esto es, 1,122.6 millones de pesos, de un total de 1,317.6 millones de pesos. Esto fue posible gracias a la asistencia de 23.7 millones de espectadores (84.94 por ciento), de un total de 27.9 millones.

Las cintas que piensan en atraer al público obtuvieron un promedio por título de 56.1 millones de pesos y 1,187,601 espectadores. Catorce fueron comedias; dos, cintas de terror; tres, dibujos animados para toda la familia, y solo hubo un thriller. Del total, diecisiete filmes recibieron apoyo gubernamental a través del Eficine o el Fidecine, y únicamente tres se produjeron al 100 por ciento con fondos privados. De las veinte películas, cabe destacar que siete fueron remakes de cintas taquilleras de otros países y, como se ve en el 2019, esta tendencia va a la alza. Este tipo de películas no necesita utilizar la garantía de estreno establecida en la Ley Federal de Cinematografía (LFC), ya que las dos compañías que acaparan la exhibición en el país las toman sin problemas. Tampoco requieren de apoyos económicos federales, ya que su apuesta es “a la segura” y los grandes distribuidores o exhibidoras que dominan el mercado participan en ellas con claras ventajas competitivas sobre el resto de la producción fílmica nacional.

Esto nos condena a sufrir, día a día, una competencia ruinosa que pone al borde de la quiebra la mayor parte de las inversiones en la producción, por no contar con las pantallas suficientes para la debida explotación de las películas ni poderlas mantener con la continuidad, en buenas condiciones, que resulta necesaria para cubrir gran parte de las salas de cine del país en su corrida de estreno y así obtener una sana recuperación económica. Situación que causa un daño serio a las inversiones fílmicas nacionales por las prácticas monopólicas horizontales, que vía la saturación de pantallas con un título impiden la competencia equitativa de las demás cintas, y los monopolios verticales que concentran la producción, la distribución y exhibición en una sola empresa, lo que propicia las concentraciones ilícitas y las barreras invisibles (selección de fechas, porcentajes favorables de recuperación y obtención de las mejores salas) en beneficio de sus filmes, dañando así a sus competidores, al impedir la libre concurrencia y la igualdad de condiciones en la comercialización de las películas.

A las 85 cintas mexicanas restantes, estrenadas en el 2018, les correspondió un promedio de 50,325 espectadores por título, lo que representó una media de ingresos de 2.3 millones de pesos. Cifras que no permiten recuperar lo invertido en el filme ni lo gastado en la campaña de promoción y publicidad. Estas cintas son las que necesitan la garantía de estreno dispuesta en el artículo 19 de la LFC. Misma que del 10 por ciento que se estableció en 1994, cuando solo producíamos 14 películas al año, debe crecer al 30 por ciento que posibilita el TLCAN, ya que ahora producimos 186, solo en el 2018. Urge hacerlo antes de que se ratifique el T-MEC.

El ejemplo más claro de las malas condiciones para el cine mexicano son los resultados de las veinte películas nacionales menos taquilleras, mismas que obtuvieron un promedio de ingresos en taquilla de 41,522 pesos, con una media de espectadores de solo 1,024 por título.

PELÍCULAS MEXICANAS MENOS TAQUILLERAS DEL 2018

Fuente: Elaborado por el Observatorio Público Cinematográfico Rafael E. Portas con datos de Comscore e investigaciones propias para el Grecu. Se eliminaron diez películas que se estrenaron solo con fines de cumplir con los requisitos para ser consideradas en los premios Ariel del 2019.

La mayor parte de estos filmes fueron rechazados por los grandes circuitos de salas del país (Cinépolis y Cinemex). Cinco fueron estrenados en una sola sala de cine de la Ciudad de México, básicamente en la Cineteca Nacional. Otras siete alcanzaron dos pantallas, y tres más obtuvieron hasta tres salas. Solo dos cintas superaron el estreno local restringido con más de 18 pantallas. Del total analizado, doce recibieron diversos apoyos del Estado y el resto fueron financiadas de forma independiente. De las veinte cintas, once fueron del género documental.

Por lo anterior, algunos productores jóvenes, y otros no tanto, han incurrido en la práctica casi segura, cada vez más frecuente, de recurrir al box office de las industrias del mundo y producir remakes al estilo mexicano con los apoyos fílmicos creados para el impulso de la cinematografía nacional. Situación que está provocando algunas molestias entre los creadores que hacen un cine más arriesgado, experimental, documental o con un mayor compromiso con la identidad nacional y la creación de nuestro imaginario.

La  práctica de volver a hacer películas exitosas no es nueva y siempre ha existido. La realizaban con su “propio dinero” muchos de los productores privados en activo en los ochenta y desde antes, pero a últimas fechas nos están llegando realizadores y productores extranjeros que hacen su pingüe negocio a expensas de los escasos recursos públicos destinados al cine para los creadores nacionales, valgan como ejemplo las cintas del chileno Nicolás López (Una mujer sin filtro), o Perfectos desconocidos de Manolo Caro, que se ha filmado ocho veces más y la versión mexicana fue producida por Cinépolis.  ¿Ustedes creen que esta empresa dominante del mercado necesita dinero público para hacerla?

Lo más grave de este modelo de negocio es la producción de las nuevas talkies  norteamericanas. Hollywood desde siempre ha tratado de conquistar el mundo hispanoparlante y sus pantallas. En sus inicios, en la época muda, le bastaba cambiar los letreros del inglés al español, o bien los dueños de los cines podían meter un “gritón” que tradujera la información. A finales de los años 20, con el surgimiento del cine sonoro, los norteamericanos vieron su imperio tambalearse y decidieron producir cintas habladas en español. Por las mañanas rodaban la versión en inglés, y por las tardes la versión hispana. Afortunadamente, su ignorancia y prepotencia hundió su ambición, ya que para ellos el español que se hablaba en México era igual que el de Colombia y Perú, solo por citar algunos países hispanoparlantes.

Con el surgimiento del cine “hablado” nacieron las cinematografías nacionales que tanto han contribuido al imaginario fílmico del mundo. Ahora, los yankees regresan a sus intentos de dominar el mundo cinematográfico y están apoyando a productores locales para hacer las versiones hispanas de sus filmes exitosos, como Si fuera la primera vez  (2004, Columbia Pictures) o La boda de mi mejor amigo (1997, Sony Pictures/Tristar Pictures).

Pósteres de las versiones en español e inglés de La boda de mi mejor amigo (Imágenes: Columbia Pictures,Sony Pictures,Tristar Pictures).

Así, poco a poco, México se está convirtiendo en el patio trasero de los Estados Unidos, donde no solo nos saturan las pantallas con unos cuantos filmes norteamericanos doblados al español, mayoritariamente, sino que ahora nos invaden con sus talkies, en las que nuestros ciudadanos consumen el pensamiento norteamericano hablado en español, pero concebido en inglés, con sus racismos y violencia cotidiana. Cerrándose así el círculo de la colonización mental que estamos viviendo desde la firma del TLCAN.

Urge que el Imcine tome cartas en el asunto y presente sus propuestas para el buen uso de los recursos públicos del cine mexicano, mismas que ha recabado entre la comunidad fílmica en las múltiples mesas de consulta que ha realizado desde hace más de doce meses. Mientras no se rectifique el camino, seguiremos pagando para educarnos en el pensamiento americano. Triste colonización mental tan ajena a nuestros usos y costumbres.

vicmanugal@hotmail.com

1 de septiembre de 2019.

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