octubre 4, 2022

Miguel de la Cruz: el periodismo cultural de 10 mil notas

(Fotografía de Jorge Bejarano; imagen tomada de zetatijuana.com).

 

En la sala de prensa de la FIL hay silencio. Todos escriben, se concentran. Hacen su nota, transcriben su entrevista. Se les ve ensimismados. Pero quien ha ejercido el oficio reporteril sabe que por dentro bulle una olla de presión. Las y los reporteros ocupan la primera línea del periodismo. Así como hay personal médico de primera línea, igual que los guardaparques en las áreas naturales protegidas, los reporteros están ahí en la primera línea. Sin su trabajo no hay información, noticiero, periódicos u opinión. Son el oxígeno diario de los medios.

Ahí, en la sala de prensa de la FIL hay un hombre de pie. Está vestido de negro y cubierto de dispositivos. Un tripié de iPad, un celular, la tableta, un micrófono, audífonos, una pesada mochila sobre su hombro. Estos días no cuenta con camarógrafo, así que él hace todo. Envía cuatro notas al día desde Guadalajara al Canal Once. Cubre las presentaciones, entrevista a las autoras y escritores que vienen a la feria, recorre los pasillos para detectar lo más interesante, las novedades y los clásicos, los títulos que tienen sentido. El graba, edita, transmite, informa. Al aire se le ve relajado y sereno, su sonrisa siempre proyecta un gusto por lo que hace, su voz es clara y amable y su expresión oral tan articulada como natural. Y cómo no va a serlo si este reportero que por fuera está cargado de gadgets, está lleno de palabras, lecturas y cultura por dentro.

Es Miguel de la Cruz. Treinta años en el periodismo cultural. Desde hace tres décadas ha cubierto para Canal Once la FIL, pero también cada Festival Internacional Cervantino, el Festival de Jazz de la Riviera Maya, El Salón del Libro de Quebec… y muchos más. Se calcula que ha redactado más de 10 mil notas.

Da la impresión de que Miguel de la Cruz siempre ha estado ahí, que forma parte de la vida cotidiana en la pantalla. He oído decirle que un día cargó cintas y cables, hizo voces para un teatro guiñol y trabajó para el famoso programa de los 64 mil pesos con Pedro Ferriz Santa Cruz. Ya en Canal Once cubrió presidencia y también hizo periodismo científico. Fue asistente de producción del célebre noticiero “Hoy en la Cultura”. Un día pensó: “Voy a hacer las notas como yo las quisiera escuchar”.

Desde entonces, en la boca de Miguel de la Cruz escuchamos las palabras que, como diría Ryszard Kapuscinski, circulan libremente y no van vestidas de uniforme de gala. Palabras que nos informan todos los días acerca de lo que su incansable actividad reporteril recoge. Un día le preguntaron qué es eso que él cubre y respondió: “La materia en la que estamos concentrados es la vida misma”. Que es, agregaríamos, lo que nos distingue entre los seres vivos: el lenguaje, la imaginación, la avidez espiritual.

El periodismo cultural, ha dicho Miguel, es una actividad que siempre existirá y cada vez con más sentido. Así le resten cada día más espacio en los medios, así la situación laboral de las y los reporteros sea cada vez más precaria, hay una urgencia imperiosa en la sociedad de aquello que nos hace humanos: el arte y la cultura.

Nuestras páginas y pantallas suelen vestirse de muerte. Y la gente, ya inmune a la frialdad de las cifras, y ávida de una narrativa comprensible, merece más que la vertiginosa circulación cotidiana de datos e imágenes de violencia, más que el salto de un escándalo a otro difundido en formato de entretenimiento, un periodismo más humano y rico en elementos para digerir la información. Necesitamos libertad y una gran dosis de ética y creatividad para que la vida, en todas sus expresiones, le gane a la muerte, que el espíritu crítico, la reflexión y el diálogo se abran paso entre el ruido y la gente recupere su lugar y su voz en el centro del escenario.

En esa lucha, por encontrarle sentido a la vida, periodistas culturales como Miguel de la Cruz, están en la primera línea.

 

El reportero en plenitud. A la derecha, con vestido oscuro, la periodista Adriana Malvido. (Imagen tomada de columnadigital.com).

 

Además de la batalla heroica de todos los días por dignificar el contenido de la televisión, elevar el nivel de la conversación social, sacudir la indiferencia o alimentar la curiosidad, Miguel de la Cruz ha ido mucho más allá. “¡Cómo trabajas!” le dije hace unos días a este colega cuando me lo encontré en la sala de prensa preparando sus gadgets. Me contestó: “Hacemos lo que podemos y más de lo que debemos”. Y ese extra que se ha inventado en el camino se ha convertido en un asombroso proyecto de fomento a la lectura. En éste, no se les explica a los lectores la importancia de leer, ni se trata de convencer a nadie. El ejercicio consiste en leer con la gente.

Primero surgió “El libro del día” que presenta cada mañana en la televisión con una entrevista a la autora o el autor que trasmite a manera de tráiler cinematográfico. Hasta hoy lleva 900 libros presentados.

Luego nació #LeoconOnce, un club de lectura que desde hace cuatro años ha multiplicado la pasión por los libros. Y no sólo leen un libro cada 15 días, sino que los integrantes intercambian impresiones, frases, citas o preguntas en Twitter. La experiencia con el libro se hace colectiva y muy gozosa. Concluida la lectura del libro en turno invitan a la escritora o al autor, a una conversación con el grupo. Cuando debido a la pandemia, el encuentro ya no pudo ser presencial, se conectaron de manera virtual.

Recientemente se encontraron con Eric Manheimer, autor del libro Doce Pacientes, el médico que inspiró la serie New Amsterdam. Se generaron más de dos mil 400 tuits y el tema se valoró como tendencia en la red. Y Miguel, que es tan discreto, no oculta su orgullo porque entre los trending topics de ese día, el suyo quedó por encima del Checo Pérez.

En Facebook, han alcanzado a más de un millón de personas. Y como si le sobrara el tiempo a este reportero, también administra el Grupo Cultura que en esa red ya tiene 20 mil 500 integrantes. Ahí le piden a Miguel recomendaciones de ópera, teatro, cine, danza… y desde luego, libros.

Se trata de libros y lecturas, de autores y lectores que se encuentran. De utilizar todos los medios para compartir el gozo de leer y enriquecer el flujo creativo de las ideas. Una de las 150 integrantes de #LeoconOnce escribió hace poco en Twitter que formar parte del club de lectura le cambió la vida.

Los integrantes del club se multiplican cada día. Podemos imaginar a las familias y amistades contagiadas de este virus incurable.

 

En el ceremonial, con Ricardo Villanueva, Rector de la UdG y con Raúl Padilla, Presidente de la FIL. (Image tomada de elsoldemexico.com.mx).

 

Michael Ende lo confesó así por escrito:

“Todos los miembros de nuestra familia, desde el más viejo hasta el más joven, tenemos la misma debilidad: la lectura. Es prácticamente imposible conseguir que uno de nosotros, por algún motivo, deje su libro a un lado para hacer alguna cosa urgente o inaplazable (…) Admito que ello acarrea de vez en cuando algún pequeño percance”. El autor de Momo describe varias escenas. Su abuelo está sentado leyendo mientras fuma una pipa. Atrapado en lo que lee sacude las cenizas, no en el cenicero, sino en el florero… En eso recuerda, por el sonido, que no ha tomado la medicina para la tos, agarra el florero y bebe todo lo que hay dentro: “¡Qué fuerte está hoy el café…!”. La hermana adolescente habla por teléfono con una amiga mientras lee su libro. Luego de dos horas pregunta: “Oye, ¿quién es ese ‘Tuuu-uuu’ del que me llevas hablando todo el rato?”. El niño de diez años llega tarde a la escuela porque por estar leyendo sube y baja del elevador sin parar y ya nadie le cree que no fue culpa suya…

Dentro de Miguel de la Cruz hay miles de libros y lecturas. Pero también una memoria prodigiosa, como me comentó Juan Villoro quien celebra como tantas personas más, el homenaje de hoy. Me contó que analizaban las conferencias de José Emilio Pacheco en el Colegio Nacional cuando se enteró que el reportero las había cubierto todas. Y no solo eso, sino que recordaba cada una. Miguel le recitó de memoria a Villoro un bello fragmento en el que Pacheco sostenía que el primer sonido que un ser humano percibe es el corazón de su madre cuando aún se encuentra dentro de su vientre. Entonces vamos por la vida todo el tiempo intentado recuperar ese ritmo y ese tono, que es lo que hacen los poetas, con su métrica, al escribir.

Así, Miguel siembra sus memorias por dentro. Su función cultural es como la del manglar a la naturaleza. Los manglares son bosques marinos que capturan carbono, aquello que nos hace daño, también son una barrera natural que nos protege de huracanes y tienen una función clave en la mitigación de los efectos del cambio climático. Miguel captura la información y selecciona aquella que tiene sentido, mitiga el mal humor social, los excesos y la estridencia, contándonos las mejores historias y los mejores sueños. Su labor es cubrir el trabajo creativo de nuestra época, aquello que nos emociona y nos conmueve o nos hace pensar. Ha dicho que para él la actividad artística es la actividad más depurada de la humanidad.

Ya lo decía Kapuscinski: “Hoy para entender hacia donde vamos no hace falta fijarse en la política, sino en el arte. Siempre ha sido el arte el que, con gran anticipación y claridad, ha indicado qué rumbo estaba tomando el mundo y las grandes transformaciones que se preparaban. Es más útil entrar a un museo que hablar con cien políticos profesionales”.

Si a lo largo de esta FIL, nos hemos llenado de libros, de reencuentros y de abrazos cuidadosos con cubrebocas, lo que ha llenado la atmósfera, no es sólo el olor a orégano sanitizante con el que nos rocían en la entrada, sino la alegría. La alegría de estar vivos y saber que un reportero como Miguel la Cruz recibe el Homenaje Nacional de Periodismo Cultural “Fernando Benitez”.

Y me detengo aquí porque seguramente el reportero estrella tiene que correr a escribir la nota. O quizá, entrevistarse a si mismo. Esa sí que es una exclusiva y nos las vas a ganar querido Miguel. Muchísimas felicidades.

*Texto leído durante el homenaje a Miguel de la Cruz en la 35 Feria Internacional del Libro en Guadalajara, Jalisco, el 5 de diciembre.

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