Museos Soumaya y Casa Guillermo Tovar: a volvernos creativos

En diciembre de 2018 el Soumaya se iluminó de rojo en apoyo a la campaña @red por una generación prevenida e informada respecto al VIH. (Fotos: @museosoumaya en Instagram).

En esta cuarta entrega sobre la situación de algunos museos en México frente a la pandemia de COVID-19 (la tercera revisión fue publicada en Paso libre alrededor del Museo Nacional de Arte, Munal), toca el turno a tres recintos con entrada gratuita permanente manejados por la Fundación Carlos Slim (FCS): el Museo Soumaya Plaza Carso que es el espacio de arte más visitado del país pues a la fecha ha recibido arriba de 12 millones y medio de visitantes y se convierte en la estrella del “eje cultural” que integran además el Museo Soumaya Plaza Loreto y la Casa Guillermo Tovar de Teresa.

El primer Museo Soumaya abrió en 1994 en una antigua fábrica de papel en Plaza Loreto, al sur de la ciudad de México en el rumbo de San Ángel. 17 años después la FCS amplió su espectro museal y erigió su edificio emblema en la colonia Ampliación Granada o el llamado “nuevo Polanco” de la capital: la Plaza Carso que desde 2011 hasta la fecha ha tenido a 12’693,369 personas que han contemplado su vistosa estructura externa de acero curvado, diseñada por el arquitecto mexicano Fernando Romero con la asesoría de Frank Gehry: seis niveles para una selección del acervo que ronda las 70,000 piezas [*1]. En tanto, el tercer espacio es la Casa Guillermo Tovar de Teresa inaugurada en diciembre de 2018 en el inmueble de la Roma Norte. Las tres sedes conjuntan públicos diversos que atienden la vocación compartida por coleccionar, investigar, conservar y difundir el patrimonio artístico e histórico de México y de Europa.

Entre las colecciones del Soumaya se cuenta la de los antiguos maestros europeos con obras de las escuelas italiana, flamenca, neerlandesa, germana, francesa y española de los siglos XIII al XVIII, en diálogo con el arte novohispano. Hay pintura, escultura en marfil y estofados, artes aplicadas y objetos del ajuar eclesiástico y doméstico virreinales. Del arte del siglo XIX en México hay obras de Arrieta, Bustos y Velasco; de Europa se encuentran piezas de Turner, Ingres, Monet, Cezanne y Degas. Las vanguardias mexicanas y europeas están representadas por Siqueiros, Orozco, Tamayo y Rivera; Vlaminck, Picasso y Dalí. Un acervo artístico y documental cuantioso es el del poeta libanés Gibran Kahlil Gibrán pero la parte central de la oferta artística en ambos Soumaya es la colección de esculturas de Auguste Rodin, “la más importante fuera de Francia”. Entre el centenar de piezas del creador galo destaca en el vestíbulo en Plaza Carso La puerta del Infierno, la octava fundición en bronce de 6m X 4m X 1m inspirada en Dante, Baudelaire y Ovidio. Otras versiones (ocho en total) están en museos de Francia, Estados Unidos, Suiza, Japón y Corea del Sur.

 

La Sala Linda y Julián Slim con obra de Auguste Rodin en la sede Plaza Carso (marzo, de 2011, año de la apertura del Soumaya).
La Dolorosa de Cristóbal de Villalpando (C. 1680.1689), óleo sobre lienzo de la colección del Museo Soumaya.

Sumada una parte del acervo escultórico de Rodin, el Soumaya Plaza Loreto centra su interés en una colección permanente de calendarios mexicanos. Por su parte, la Casa Guillermo Tovar está habilitada para que el visitante conozca el mobiliario, las obras de arte y los diversos objetos que rodeaban al historiador en su hogar situado en Valladolid 52, en la porfiriana colonia Roma. La fototeca, el archivo digitalizado y los libros pueden consultarse en Plaza Carso.

Además la FCS cuenta con el Centro de Estudios de Historia de México Carso con 81,083 libros y 520,126 documentos y manuscritos relacionados con la historia de México desde 1491 hasta 2013. Los diversos fondos contemplan manuscritos, impresos, fotografías y microfilmes. Una de las donaciones más recientes a la fundación fue la que integró el Fondo Boris Rosen y Fondo Raquel Tibol con 8 mil libros, 16,000 catálogos de arte y revistas, además de un millón de fojas. El acervo está digitalizado y se puede consultar de manera gratuita desde el Soumaya Plaza Carso. Compartimos un apunte biográfico de Teresa del Conde sobre Tibol, en donde aborda la decisión de su colega de resguardar su acervo en una institución privada. Finalmente, otra apuesta de la FCS es WikiMéxico que contiene más de 3,000 artículos de historia, arte, cultura, ciencia y tecnología que ha recibido la visita de 2’294,359 internautas y que en 2015 se donó al (entonces) Consejo Nacional para la Cultura y las Artes para su operación.

En sus nueve años de vida, el Museo Soumaya no ha estado exento de polémica. Desde su apertura en Plaza Carso algunos especialistas señalaron la“mezcolanza” de autores y épocas en los montajes, la ausencia de cédulas en ciertos casos, y la práctica de adquisiciones  “en lotes” que provoca una desigual calidad en piezas de grandes autores. Frente a las críticas, el historiador Alfonso Miranda Márquez ha salido en defensa del acervo que con el tiempo se ha afinando en términos cuantitativos y cualitativos tanto en los montajes temporales como en rotaciones de la colección permanente.

Es justo Alfonso Miranda quien responde a este cuestionario para Paso libre.  El investigador y curador integra el colectivo ProMuseos cuya misiva dirigida al presidente Andrés Manuel López Obrador ha reunido más de 4,400 firmas de apoyo. El grupo será presumiblemente recibido por la Secretaría de Cultura esta semana del 15 de junio para “concertar una mesa de trabajo” que aborde lo planteado en la carta. Miranda Márquez preside la Asociación Internacional de Críticos de Arte, división México y dirige las dos sedes del Museo Soumaya desde 2003, y la Casa Guillermo Tovar de Teresa a partir de 2018.

—¿Cómo ha impactado la pandemia la vida de los museos a tu cargo?

—Estamos ante un cambio de paradigma. Como en todo el orbe, la pandemia de COVID-19 nos ha obligado a volvernos creativos y a implementar, aún más, diversos usos de la tecnología en nuestras vidas. Ante la necesidad de cercanía, debemos desarrollar estrategias de comunicación, interacción y divulgación a través de medios y plataformas digitales que permiten, en la distopía, el acercamiento entre personas, comunidades e instituciones. La evaluación permanente de riesgos en los espacios culturales nos ha llevado a profundas reflexiones sobre planes contra siniestros: robo, terrorismo, incendios, sismos, inundaciones y ahora, tras los embates de la crisis sanitaria, de confinamiento y creación de protocolos que reintensifiquen las medidas de distanciamiento social en aras de una nueva cultura de salud en espacios culturales.

 

De Tamara de Lempicka, el Estudio para La Ronda (1932) de la colección Museo Soumaya.
Detalle de La Puerta del Infierno, de Rodin, atraído por el pasaje en el cual Dante describió su travesía por los nueve círculos del castigo. La pieza materializa a más de 200 personajes y se encuentra en el vestíbulo del museo en Plaza Carso.

—¿Cuáles son a tu juicio las estrategias (financieras, conceptuales u otras) que se requieren para apoyar la labor de los museos en México en tiempos de pandemia?

—Mucho se ha escrito y prefigurado sobre el futuro de los espacios culturales, no obstante, mirar al mañana obliga a mirar al hoy y el acontecer más próximo. Prepararnos para el retorno a una nueva realidad cultural es el primer paso y los museos de todo el orbe ocupamos foros, discusiones y soluciones viables, aún en definición. El objetivo es aminorar los riesgos de contagio y hacer sentir a los visitantes que están entrando a una “zona segura” o mejor dicho, a una “zona de menor riesgo” o de “riesgo contenido”. Para ello, en principio se deben diferenciar las operaciones de las zonas públicas de aquellas en oficinas, almacenes y bodegas. Prioritariamente hay que atender a los trabajadores de los museos, las galerías y centros culturales. Evaluar los riesgos de movilidad en sus trayectos y en los propios centros de trabajo. Llevar registros rigurosos de su oxigenación y temperatura corporal para detectar fiebre y, si existiera algún síntoma, que no ingrese a las instalaciones, al tiempo de que se garantice su seguridad laboral sin consecuencias que lo afecten. También se deben de modificar las condiciones de trabajo: escalonar turnos para aminorar riesgos y comprender tanto la situación en casa del trabajador y sus familias, pues el peligro no se contiene al administrar los riesgos dentro de los museos. Tener mayor flexibilidad y emprender una cultura no transitoria del teletrabajo. Evitar el contacto físico y optar por las juntas virtuales, aunque esto depende de la capacidad de acceso a la red, así como de los medios económicos para el consumo de datos: un tema no menor en la realidad latinoamericana.

Es momento de implementar filtros sanitarios en los accesos; de reorganizar las oficinas y respetar el mínimo de dos metros de distancia entre trabajadores. De no ser posible, colocar mamparas o vallas de acrílico. Asimismo, proveer de cubrebocas e incentivar el constante lavado de manos y el uso de alcohol en gel. Perfilar protocolos de sanitización en recepción, áreas comunes y baños (medir su saturación y cancelar algunos mingitorios). Si se cuenta con elevadores o montacargas, evaluar la nueva capacidad.

En cuanto a señalética, diseñar una de alta visibilidad y evaluar el uso sustancias de nebulización con agentes químicos probados que no dañen el patrimonio cultural tanto en las bodegas como en las salas de exposición. Cambiar los filtros del aire acondicionado, pues a través de los ductos hay expertos que sostienen que por ahí viaja el virus. Asimismo, contar con programas de capacitación y establecer brigadas con apoyo de protección civil que reafirmen el valor de la seguridad como responsabilidad de todos. En el plano público, estar y ser conscientes como visitantes que si experimentamos el menor síntoma, debemos quedarnos en casa para evitar contagios.

Todo lo anterior, a partir del trabajo colegiado con el Estado y el establecimiento de políticas culturales firmes y dialogadas en interacción transversal entre espacios públicos y aquellos no gubernamentales o autónomos. Por ello, la inversión de recursos humanos, técnicos y materiales no debe de ser coartada en aras del fortalecimiento de instituciones y su relación con las comunidades.

La Fundación Carlos Slim emprendió una plataforma de registro de temperatura y oxigenación para trabajadores y sus familiares, con el fin de establecer mediciones y contener la crisis. Asimismo, antes del regresar se aplicará una prueba de laboratorio y se dará seguimiento a códigos y protocolos para el retorno a una nueva realidad. Los espacios culturales abrirán con el 18 o 20 por ciento de su capacidad. Para diciembre de 2020 no es recomendable rebasar el 50 por ciento de la ocupación. Es y será responsabilidad de cada espacio cultural convertirse en sitios de menor contagio; zonas seguras con estrictos protocolos de sanitización homologados y bajo las directrices de la Secretaría Salud.

 

Un salón en la Casa Guillermo Tovar de Teresa que resguarda memoria, historia y arte en el inmueble de la colonia Roma.
Lector y promotor de la biblioteca de su abuelo, Guillermo Tovar de Teresa tuvo pasión por los libros desde niño. Su acervo digitalizado puede ser consultado en Plaza Carso.

—¿Cuáles serían los aspectos para reelaborar o replantear en un Programa Sectorial de Cultura que esté acorde a la nueva realidad mexicana post COVID-19?

—Escuchar y escucharnos. El diálogo forja identidades. Aceptar las críticas y fortalecer el sector cultural, uno de los más nobles y que mayores aportes tiene no solo al PIB, que no es un tema menor, sino que además resulta fundacional para fortalecer el tejido social resquebrajado. Pensar desde la federación: abrogar el centralismo es categórico. Repensar el funcionamiento de sindicatos que resultan nodales en el ejercicio y que al mismo tiempo deben de reconfigurarse, eficientarse. Crear redes de conexión entre espacios gubernamentales y autónomos. Implementar la evaluación de proyectos a partir de su impacto social y no de la cuantificación de recursos invertidos o de audiencias. Compartir experiencias de manera continua, protocolizada: crear memoria. Establecerla mediante actores que han sido protagonistas en la gestión y la génesis de espacios culturales, a quienes se les ha dado la espalda en aras de novedades que nos arrojan a un sinsentido de una coordenada del presente sin perspectiva ni prospectiva sólidas.

—¿Qué requeriría una Ley de Museos?

—En principio que se reconozca el impacto económico-social de los espacios culturales y a partir de ahí garantizar presupuestos que no sean diezmados. Consolidar, como lo indica nuestra Carta Magna, que la cultura es para todos: un bien de canasta básica. Así, permitir su permanencia en el escenario más allá de su inauguración, así como la suma de profesionales en constante capacitación y el aprovechamiento de las mejores prácticas interinstitucionales.

—¿Es o no es necesaria una Ley de mecenazgo? ¿Qué líneas plantearías para una?

—Resulta nodal en México y en la región. Por supuesto que una Ley de Mecenazgo requiere reglamentación puntual que garantice transparencia e inversión en el marco fiscal y legal sólidos y en diálogo con las políticas culturales que hoy son ominosas. Garantizar la deducibilidad con reconocimiento, eficiencia y de nuevo, transparencia, a partir de órganos plurales, independientes, sin filias ni fobias políticas que estén en el continuo estudio y la evaluación de las condiciones de cada entidad a partir de observatorios culturales. Se requiere de una suma de voluntades y órganos reguladores que hoy no existen, pero que apremiamos ante un Estado que no puede ser el que resuelva por sí mismo cada asunto cultural a nivel federal. Ha habido múltiples intentos que no se han consolidado y que ante la realidad durante y post COVID-19, podría ser una oportunidad de emprendimiento. Una iniciativa desde la Cámara de Diputados con mesas de diálogo con la sociedad civil sería un primerísimo paso. La fractura entre el mundo académico, la gestión, los actores políticos y las políticas culturales es evidente pero tender puentes entre cada uno es tarea compartida.

—¿Cómo alentar la participación social -individuos y empresas- en el sector cultural?

—Alentar la participación de la iniciativa no gubernamental requiere de transparencia, garantía de estructuras fiscales e impulso para que actores se sumen a la consolidación del sector cultural. Asimismo, se apremia una cultura de participación donde no solo es el Estado o las grandes empresas las que financian proyectos, sino evidenciar la relevancia de espacios culturales y sus acciones para con las comunidades y que la sociedad, en su más amplia expresión, pueda ser más activa. Hoy resulta laberíntico el pago de impuesto para los contribuyentes, por lo que eficientar el complejo marco fiscal es primordial.

 

Entrada en el Soumaya Plaza Loreto, antigua fábrica de papel en el sur de la ciudad de México que alberga esculturas de Rodin y un acervo de calendarios mexicanos.
Retrato que integra la colección fotográfica de Guillermo Tovar de Teresa para la muestra Retrato femenino en Plaza Loreto. El acervo del historiador suma 30,000 fotos de álbumes del México decimonónico y de las primeras décadas del siglo XX.

—¿Qué estrategias en materia fiscal serían ideales implementar?

—Apremia reclasificar fiscalmente a los museos que evidentemente no son centros de entretenimiento. Su espectro es más complejo en el forjamiento de experiencias significativas. La contribución de estos espacios a partir de la taquilla es la misma que un centro nocturno o un espacio de conciertos masivos. Lo mismo ocurre en espacios gubernamentales y sus concentradoras hacendarias para repartir “equitativamente” entre los museos de la federación. Tema controvertido, el pago de predial y servicios para que sean atenuados o abrogados, hoy requiere de tortuosos trámites ante organismos que someten a juicio subjetivo su veredicto. En el mismo sentido se requiere cambiar las políticas de renta de espacios con políticas claras y homologadas. Establecer parámetros protocolizados y trasparentes para patronatos y sociedad de amigos, que bajo ninguna circunstancia son dueños de los museos ni su voz debe determinar las políticas de uso ni mucho menos de directrices culturales o académicas. Crear economía cultural ahí donde las mejores prácticas mercadológicas no se vean como perversiones mediante el tan temido vocablo “privatización”. La articulación de estas variables permitirá proyectos consolidados, autogestivos, sustentables.

—¿Han establecido comunicación con la Secretaría de Cultura, enlace, críticas? 

—La relación siempre ha sido respetuosa, empática y de diálogo continuo. En el caso del programa Contigo en la distancia, desde su lanzamiento Museo Soumaya liberó más de mil contenidos en video, libros y revistas de investigación con el fin de nutrir el programa virtual durante la contingencia. Asimismo, emprendemos proyectos expositivos itinerantes entre los museos nacionales de Arte, de Historia (Castillo de Chapultepec) y San Carlos junto con el Soumaya. Desde 2000, la Fundación Carlos Slim ha compartido sus colecciones en todo México en proyectos de inclusión y responsabilidad social.

—Diferentes voces plantean al presidente la exigencia de que se supriman, pospongan o redireccionen los recursos de proyectos como el de Chapultepec, hacia planes, comunidades o museos en crisis ante la pandemia. ¿Cuál es tu opinión al respecto?

—Ese proyecto nació de manera muy apresurada. Los símbolos importan, empero requieren definición, redefinición y socialización. Hace falta crítica, autocrítica y sin duda ajustes. La inversión de recursos es muy amplia ante la situación cultural federal y estatal.

—¿Cómo participa la iniciativa privada en la reactivación del sector cultural en esta coyuntura? ¿Cómo lo hacen los Museo Soumaya y la Casa Guillermo Tovar?

—Desde los Museos Soumaya trabajamos por y para México. Al decir “Arte para todos” buscamos sumar a los más amplios espectros sociales e incidir de manera positiva. Compartir, edificar. Desde el espacio público como el privado debemos trabajar en unidad. Se ha revitalizado el vocablo resiliencia, que parte de la física. Hoy es tiempo de longanimidad: una resiliencia sostenida en el tiempo, una fuerza de ánimo vital. Y quien tiene la virtud, tiene un alma extensa, clemencia, benignidad, voluntad de empatía y capacidad de compartir. Perseverancia en la adversidad y capacidad de servicio. Hagamos comunidad.

 


Nota: [*1] A decir de Alfonso Miranda, la numeraria existente en la página web de la FCS sobre visitantes y número de obras puede ser mayor ya que “no está actualizada al presente, el programa de adquisiciones ha crecido mucho y se ha repatriado obra mexicana”.

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