
Este símbolo tiene origen en varias religiones, destacando el ojo de Horus, un amuleto que en el antiguo Egipto representaba protección, salud y orden divino.
En el cristianismo, el arte renacentista le dio la forma como hoy lo conocemos: el ojo dentro de un triángulo equilátero con rayos luminosos alrededor, que significa la Omnisciencia y Omnipresencia de Dios (su vigilancia benevolente sobre el mundo), así como el misterio de la Santísima Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo).
Tiempo después, las logias masónicas lo usaron -llamándolo Delta Luminoso- para personificar al Gran Arquitecto del Universo, que además de ejercer una vigilancia divina sobre la humanidad, también expresa “la armonía y el equilibrio (fuerza, belleza y sabiduría, o la síntesis entre lo espiritual, lo mental y lo material)”.
Igualmente es un ícono vinculado a los Illuminati, una secta secreta que -según las teorías conspirativas- controla el mundo a través de sus influencias políticas, económicas y culturales.
Pero más allá de la religión y el esoterismo, dicho símbolo ha permeado la cultura popular en los últimos tiempos, tanto en el cine y la televisión, como en la publicidad, la moda y las redes sociales, muchas veces como metáfora o crítica del control y vigilancia del poder, la tecnología o la magia.
Y aquí recuerdo una de mis películas favoritas, 2001: Odisea del espacio, donde la inteligencia artificial (HAL 9000) ejerce una férrea vigilancia a través de su ojo electrónico, decidiendo quién vive y quién muere en la nave espacial.
En resumen, el ojo que todo lo ve está en cualquier parte, cargado siempre de múltiples significados e interpretaciones: por ejemplo, en esta cortina del Mercado Primero de Mayo, emblemático lugar de la Bella Airosa que recién cumplió 100 años, donde nos observa y, en reciprocidad, lo observamos y capturamos con nuestra cámara de celular.
Pachuca de Soto, Hidalgo.
Juan Raúl Barreiro Isabel
Fotógrafo y periodista cultural.
Licenciado en Ciencias de la Comunicación (UAM Xochimilco), con estudios de cine en el CUEC y de fotografía en la Academia de San Carlos, el Centro de la Imagen y el Gimnasio de Arte.
Durante los años noventa publicó una columna sobre fotografía en el suplemento sábado del unomásuno y también artículos sobre el mismo tema en el suplemento El Búho de Excélsior, la sección cultural de Reforma y la revista Alquimia (INAH).
Sus fotografías han aparecido en los diarios El Nacional, unomásuno, Excélsior, La Jornada, Tabasco Hoy y la revista Cuartoscuro. Más de 100 imágenes suyas se publicaron en el libro Álbum de familia, de la División de Posgrado de la Escuela Nacional de Artes Plásticas (UNAM).
De 1987 a 2020 impartió clases de fotografía y periodismo en universidades públicas (UAM, UNAM, UJAT y UAEM) y privadas (Universidad Olmeca, Universidad de Ecatepec, Universidad Insurgentes y UNITEC). Desde 1993 ha realizado siete exposiciones individuales y ha participado en más de veinte colectivas.
Actualmente forma parte de Taller Postal 5.6, la comunidad de fotógrafos de calle más grande de México.

