Piracy culture: Una oportunidad para las industrias creativas

Thom Yorke en 2015, durante la gira de promoción de su segundo álbum Tomorrow’s Modern Boxes, lanzado a través de BitTorrent un año antes. (Foto: Megathud en Flickr).

La piratería es un concepto que ha ido perdiendo fuerza en los últimos años en cuanto a distribución digital se refiere. Servicios como Spotify, Apple Music, Pandora o Claro Música empiezan a mostrar signos de rentabilidad a mediano plazo y, en el campo de la producción cinematográfica occidental, Netflix, HBO, FOX y el próximo lanzamiento de Disney Plus, van a desatar una nueva etapa en la guerra del streaming.A pesar de los avances logrados en las formas comerciales de distribución digital, aún se percibe una desigualdad entre los artistas proyectados desde las disqueras transnacionales y las productoras independientes. Desde 2010 existe un concepto que alude a un fenómeno socioeconómico y cultural derivado de la transición hacia un mundo digital.

¿Qué es la piracy culture?

La producción musical se ha simplificado enormemente gracias a las herramientas digitales. Hoy es posible instalar un software de código abierto en nuestra computadora o móvil, grabar temas musicales, podcast y pistas de audio, para después colocarlas y distribuirlas en distintas plataformas de internet. Podemos observar que existe un incremento de inventiva amateur en las industrias creativas, principalmente aquellas nacidas en la era digital.

Es por eso que Manuel Castells, sociólogo y economista de la Universidad de California en Berkeley, y Gustavo Cardoso, profesor de Ciencias de la Comunicación en el ISCTE-Instituto Universitario de Lisboa, acuñaron en 2012 el término piracy culture para definir el comportamiento colectivo que consiste en crear inconscientemente nuevas oportunidades de difusión y comercialización. Al compartir contenido de manera gratuita, se rompen las reglas del copyright tradicional en beneficio del autor y su obra, alcanzando un mayor impacto cultural, económico o social.

Recordemos que el termino “piratería” se relaciona culturalmente con prácticas criminales o ilegales que, aplicadas al mundo digital, sirven para estigmatizar el intercambio de archivos digitales a través de internet, como música, libros, videos, películas, fotografías y software. En la mayoría de los estudios relacionados con el tema se utiliza el término para señalar actos de violación a los derechos de autor. Sin embargo, los activistas y defensores del internet libre han invertido su significado como un símbolo de rebelión contra la autoridad corporativa y la persecución policiaca en internet.

Para Castells y Cardoso, el concepto trata de capturar el florecimiento de redes y comunidades alternativas para la creación, producción y distribución de contenido. Podemos considerar esta visión aplicada al escenario actual como una práctica que impulsa nuevas formas progresivas de interacción social.

No se trata de discutir si la propuesta puede ser considerada como legal o ilegal por el origen de la palabra “piratería”, sino de su capacidad para cambiar el orden en la industria para ajustarse mejor a las posibilidades de los nuevos entornos creativos.

Nos conduce principalmente a identificar la información y el conocimiento planteados como un nuevo paradigma económico ante el acelerado agotamiento de los recursos energéticos y la creciente falta de rentabilidad en la manufactura tradicional.

El impacto de la piracy culture es tangible desde muchas perspectivas. Varios ejemplos son títulos cinematográficos que no llegan a exhibirse en las salas de cine y permanecen sin acceso a plataformas de distribución.

Algunas compañías independientes han colocado en la descripción del filme enlaces directos a la página web de la casa productora, el director o los actores. En algunos casos, se agregan botones de donación a modo de recompensa por el trabajo realizado. Otros incluso agregan códigos QR para identificar monederos de criptomoneda y abonar a su cuenta bitcoins.

Estos contenidos se mantienen en rotación constante gracias a servicios como BitTorrent, cuantificables en cuanto a descargas, que eliminan intermediarios directos. Eric D. Wilkinson agradeció públicamente la distribución digital de su película The Man from Earth a través de esta plataforma. Wilkinson recibió cerca de 45,000 dólares en donaciones a través de su sitio web, con apoyo de espectadores en Brasil, China y varios países de Europa.

Póster de la película The Man from Earth. La difusión de la cinta, a través de la red Peer2Peer (P2P), incentivó el interés de la productora para hacer una secuela.

Gracias a internet, los pequeños estudios de grabación locales han conseguido una difusión a escala internacional, lo que les facilita obtener recursos a distancia para producir con mejores condiciones en estudios profesionales, optimizando los procesos de mezcla y masterización. Incluso Thom Yorke, líder de la banda Radiohead, lanzó en 2014 su segundo álbum Tomorrow’s Modern Boxes como prueba comercial en esta plataforma, alcanzando 4.4 millones de descargas. El pago por descarga era opcional, entre 4.9 y 7 dólares. Yorke no ha dado a conocer el monto recaudado.

En el caso de los cómics, los fans se han dividido en comunidades prodescarga y antidescarga con múltiples variantes. Por ejemplo, algunos prodescarga ven con buenos ojos incentivar los cómics independientes, siempre y cuando exista algún tipo de remuneración para el autor. Otros conciben el modelo antidescarga siempre que se trate de cómics de origen nacional, haciendo oficiales únicamente las reseñas generadas en los sitios editoriales, gracias a que existe una prueba de compra digital.

Inclusive, algunos contenidos han generado ventas millonarias por la piracy culture, que les permite alcanzar a sus consumidores potenciales. Es el caso de la serie Lost, que en Brasil se transmitió exclusivamente por cable, en pago por evento. Los capítulos se reprodujeron en el idioma original y posteriormente se colgaron en sitios donde las comunidades de fans descargaron y tradujeron los videos. En algunas ocasiones, eran doblados de forma amateur en idioma portugués.

El impacto de la piracy culture permite observar comportamientos como el de la comunidad digital Zimuzu (ZMZ), que se especializa en traducir contenido extranjero al chino. La comunidad nació en 2001 y, hasta mayo de 2016, la plataforma tenía 375,718 artículos traducidos y 567,097 miembros, todos con créditos por sus contribuciones, además de 325,941 artículos en diez idiomas en lista de espera. Los artículos cubren categorías como negocios, cultura, tecnología y sociedad. Entre los medios traducidos figuran The Guardian, The Economist y The New York Times. Recordemos que el gobierno chino controla el acceso a internet y muchos contenidos resultan inaccesibles por el muro de la censura.

Conclusión

Es de vital importancia iniciar el estudio de la piracy culture en el comportamiento de nuestra sociedad. No se trata de legitimar la violación a los derechos de autor, sino de aprender a reconocer los límites entre el aporte sociocultural de estas prácticas y el respeto a la propiedad intelectual. México ha sido señalado en múltiples ocasiones como “paraíso pirata”.

Esta perspectiva y reclamo siempre proviene del poseedor de los derechos, y de las disqueras y productoras cinematográficas transnacionales. Si abordamos las oportunidades que la piracy culture ofrece, encontramos una amplia riqueza para ser estudiada, analizada y registrada con el fin de aprovechar las oportunidades que la era digital brinda a las industrias creativas de los países en desarrollo.

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Nos encontramos en el próximo artículo.

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