
En tanto que el Paquete Económico y el Presupuesto de Egresos de la Federación para 2027 no es apto para pequeñines e incluso para muchísimos adolescentes y adultos, tampoco lo es la espléndida película Coyote vs Acme, dirigida por David Green, estrenada hace unos días. Cosas extraordinarias de la industria cinematográfica norteamericana, la cinta inició su camino en 2018, año del ascenso de AMLO y la 4T a la silla del águila.
Una vez más se hace notar el poder del cine para proyectar historias que dispersan numerosas lecturas sobre nuestra realidad (no dejen de ver en Netflix Huérfanos de Brooklyn, de Edward Norton, sobre los capos inmobiliarios en los años 50 en Nueva York). Quien acuda a ver el filme que tuvo que esperar ocho años para su corrida comercial, que estuvo a punto de quedar guardada para siempre si Warner Bros. la hubiera declarado un fracaso de taquilla ante el fisco, podrá encontrar mucha tela mexicana de donde cortar. No en vano los hechos de Coyote vs Acme ocurren en Albuquerque, Nuevo México, situaciones salpicadas de nuestra cultura en el gracioso doblaje.
La trama y los personajes que acompañan a Wile E. Coyote son de la época dorada de la caricatura. Son creaciones de Looney Tunes. Muchos seguimos repitiendo en ciertas ocasiones “Eso es todo amigos” (“That’s all folks”). Así es: vemos al Correcaminos, a Porky Pig, al gallo Claudio, a Piolín, al gato Silvestre, al Pato Lucas, a Bugs Bunny, a Sam Bigotes, al Demonio de Tasmania, a Elmer Gruñón y al romántico Pepé le Pew, entre otros.
El omnipotente presidencialismo, la artrítica democracia y el sistema político mexicano lubricado por la ineficacia, la violencia y la corrupción, en mucho se emparentan con el mito de Sísifo, que en la animación con live action, es el nombre del proyecto secreto de Acme. Los que vimos una y otra vez fracasar al Coyote en su intento por atrapar al Correcaminos, para poder comérselo, echando mano de numerosos artefactos marca Acme, constatamos que todos esos inventos fallaban.
En el largometraje que no tiene desperdicio, se puede ir entretejiendo una sátira, una parodia, ramilletes de analogías con una profunda alegoría. Coyote -no habla, se expresa a través de letreros- se entera del abogado Kevin Avery (interpretado por Will Forte) que tras la publicidad escode un ser fodongo, cuyo despacho se dedica a representar personas que buscan indemnizaciones. Tras resistirse a llevar la demanda por maltrato físico y engaño en contra de Acme, liderada por el gallo Claudio y sus secuaces, entre ellos Piolín, comparecen ante el jurado de un tribunal de Alburquerque.
El juicio llega al Senado, ante una comisión presidida por ¡Elmer Gruñón! cuyos integrantes responden a las órdenes de su líder. Dos testimonios son claves: del desaparecido director del proyecto Sísifo, nada menos que el esposo de la abuelita a quien le han despojado de Piolín y el del Correcaminos. Hasta este punto Acme es fabricante de productos innovadores como inservibles, que causan daños irreparables a los seres humanos. Para ello abusa de los personajes de las caricaturas, ya que al usarlos siempre llevan las de perder, lo cual se puede leer como un señalamiento en contra del empleo de animales para experimentos en laboratorio.

Acme es un corporativo intocable, un sólido sistema de intereses, la fábrica de dinero a costa de la supremacía en el mercado. Al correr la película se puede enfilar una ácida crítica a las redes sociales, al influjo adictivo de las tecnologías y al control de masas a cargo de los monopolios. A la vez una caricatura del poder político que ofrece a sus gobernados subordinación a la oligarquía y una gobernanza que no resuelve los problemas. Es el gasto sin freno en obras que nunca funcionan.
El milagro ocurre ante el azoro de los legisladores que se apuraban en desestimar el caso y en unos segundos el Correcaminos aparece para dar fe, con su peculiar “bip-bip” del sufrimiento de su eterno cazador por usar productos Acme. Al encarnizado enemigo le tiene afecto. Coyote llora al lado de su abogado. La victoria anima más denuncias: el FBI catea las oficinas de la empresa, los directivos van a la cárcel y Kevin Avery regresa a su despacho donde es recibido con vítores por los personajes de las caricaturas.
Cada septiembre es el inicio del ritual que alega sobre los dineros de la nación para el otro año. Son los pesos de la Secretaría de Cultura, infierno sin paraíso. Mes patrio del circo anual en el Congreso. Coyote vs Acme llegó a las pantallas para darnos una brillante lección de política.

Eduardo Cruz Vázquez
Eduardo Cruz Vázquez periodista, gestor cultural, ex diplomático cultural, formador de emprendedores culturales y ante todo arqueólogo del sector cultural. Estudió Comunicación en la UAM Xochimilco, cuenta con una diversidad de obras publicadas entre las que destacan, bajo su coordinación, Diplomacia y cooperación cultural de México. Una aproximación (UANL/Unicach, 2007), Los silencios de la democracia (Planeta, 2008), Sector cultural. Claves de acceso (Editarte/UANL, 2016), ¡Es la reforma cultural, Presidente! Propuestas para el sexenio 2018-2024 (Editarte, 2017), Antología de la gestión cultural. Episodios de vida (UANL, 2019) y Diplomacia cultural, la vida (UANL, 2020). En 2017 elaboró el estudio Retablo de empresas culturales. Un acercamiento a la realidad empresarial del sector cultural de México.

