Programa Sectorial de Cultura:
no negar lo positivo

Los programas culturales estuvieron supeditados a la subsecretaría de Cultura de la SEP hasta 1988, cuando fue elaborado por el naciente Conaculta. En 2020, se concibe por primera vez un Programa Sectorial de Cultura (al cual arriesgamos el acrónimo de Prosec) por ser secretaría de Estado. (Imagen: Paso Libre)

El pasado viernes 3 de julio, se publicó en el Diario Oficial, el Programa Sectorial de Cultura (Prosec). El retraso no era significativo en sí mismo -en otras administraciones ha sido muy semejante la tardanza en la aparición del documento- pero en esta ocasión se produjo mayor inquietud por la mala disposición de este gobierno hacia la planeación de las políticas públicas.

El precedente del Plan Nacional de Desarrollo hecho con retazos de los discursos del presidente López Obrador, también hacía suponer que de publicarse el Prosec lo sería de manera desganada y llena de los lugares comunes con que nos ha inundado el actual régimen. No es el caso del programa de cultura. Es cierto que las líneas generales siguen con fidelidad lo que se ha dicho desde la campaña electoral, pero contiene algunas novedades interesantes que es pertinente examinar con cuidado más adelante. Apunto por el momento tres temas relevantes.

La planeación no tiene sentido sin la presentación de un diagnóstico del sector cultural y el documento, por fortuna, intenta hacer uno, aunque sea una mezcla de datos duros con estimaciones generales sobre las bases políticas y jurídicas de la acción del Estado en el campo de la cultura. Por ejemplo, la plataforma de los derechos culturales, las condiciones de inseguridad y la exigencia de una cultura de paz, o los temas en otras ocasiones enunciados de la “redistribución de la riqueza cultural” o “el poder de la cultura”.

No hay novedad en la forma de articular los seis objetivos básicos de la planeación que se refieren en el Prosec. Éstos son: 1) la reducción de la desigualdad en el campo de la cultura; 2) la consolidación de la tarea educativa del sector cultura; 3) el garantizar el acceso a los bienes y servicios culturales; 4) la protección y la conservación de la diversidad; 5) el fortalecimiento de la participación de la cultura en la economía nacional y 6) el enriquecimiento de las expresiones creativas y culturales. Como se podrá observar, ninguno de estos temas en sí mismo original, lo que ratifica que los 30 años anteriores de acción cultural del estado han logrado la precipitación clara de los intereses culturales de la sociedad. El cambio, en todo caso, no está en la definición de las temáticas sino en las pretensiones de la acción cultural.

Leer con cuidado

Hay dos novedades en este programa. La primera es la forma de articulación de la lógica del mismo a partir de los criterios de desigualdad e inequidad en el acceso a la cultura. La otra, que me parece más relevante desde el punto de vista de la planeación, es la presentación de metas y, sobre todo, de “parámetros” para la evaluación del programa. Debemos analizar con cuidado estos últimos. No debió ser fácil su formulación y su presentación a la comunidad cultural porque con dichos parámetros el programa va a ser finalmente evaluado dentro de cuatro años. En la lectura superficial que he realizado me surgen muchas dudas e interrogantes sobre estos últimos, pero no puedo desconocer el riesgo que ha asumido la Secretaría de Cultura al presentarlos.

Por el momento no me parece justo negar al Prosec lo positivo de estos tres puntos iniciales: que finalmente se ha presentado, que ha consolidado las líneas ideológicas de este gobierno en el campo de la cultura y que se ha aventurado a proponer objetivos y metas y, sobre todo, parámetros de evaluación a retomar al final de este gobierno. Analizaremos en otro momento algunos de los temas más relevantes.

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