¿Qué sigue para la Secretaría de Cultura en 2020?

En este primer año de gobierno de la 4T, el Fondo de Cultura Económica ha tenido una presencia creciente. En la imagen, su director, Paco Ignacio Taibo II, el pasado octubre en la inauguración de la Librería Gustavo A. Madero, del FCE-Educal, en el Centro Cultural Futurama. (Foto: Instagram de @fcemexico).

Despertamos este 2020, al menos en lo que se refiere al campo de la cultura, como en una suerte de letargo. El primer año de gobierno de Andrés Manuel López Obrador fue de un enorme activismo. Se realizaron muchas transformaciones legislativas e institucionales y, sobre todo, se impuso una nueva sensibilidad en el tratamiento de los asuntos oficiales: menor secrecía, mayor debate público, los gastos y las prácticas ostentosas de los funcionarios de alto nivel casi han desaparecido, y hay un interés por hacer de los sectores populares del campo y la ciudad los principales destinatarios y protagonistas del cambio al que aspira la llamada Cuarta Transformación.En el centro de estas reformas hay básicamente un discurso de ruptura con el pasado. El neoliberalismo se ha presentado como un entramado casi demoníaco de agentes políticos que destruyeron las finanzas públicas. Su sello más relevante, se dice, fue la corrupción. Sus políticas abrieron nuestras fronteras al exterior y propiciaron la desaparición de una parte de la industria nacional, generaron formas de gestión que vieron en nuestros recursos naturales simples mercancías que debían realizarse lo más pronto posible porque en el futuro probablemente ya no tendrían el mismo valor. Las instituciones económicas, políticas y culturales asumieron pautas de comportamiento administrativo heredadas del patrimonialismo con que se manejó el poder por décadas. De este modo, el despilfarro, la corrupción y la impunidad han sido identificados con ese modelo económico y con la necesidad de su aniquilación. Además, nos han dicho, fue el origen de la inseguridad y la delincuencia, y del abandono del estado de bienestar. Dejar atrás el neoliberalismo sería el objetivo del profundo cambio que requiere el país. De hecho, una transformación que se avizora como el definitivo triunfo sobre el neoliberalismo es la separación del poder político y del poder económico.

Al exceso de discurso, machacado un día sí y otro también, y al exhibicionismo de las nuevas prácticas de la gestión pública no parecen afectarle las deficiencias de la administración: improvisación, voluntarismo, ausencia de reglas de operación, presupuestos sumamente limitados para los objetivos propuestos, despidos de personal, clausura de importantes programas… De modo que el letargo al que he hecho referencia al inicio de este texto es una especie de resaca provocada por ciertos excesos, luego de los cuales uno despierta teniendo a la vista la necesidad de poner orden al tiradero que ha quedado.

¿Qué supone ese orden? Desde mi punto de vista, los retos presentes de la administración cultural implican tres cuestiones relevantes:

Al reducido logro que ha supuesto el escaso aumento presupuestal a la Secretaría de Cultura (SC) para este año 2020 hay que añadir un objetivo mayor: superar su limitada presencia pública. Ante el difícil monopolio comunicativo que ha impuesto la presidencia de la república se debe trabajar en una política de comunicación más sólida que presente la labor de la SC de una forma más completa y, sobre todo, más propia de una secretaría de Estado. Hay una escasísima proyección pública de la secretaría, más allá de los obligados comunicados con motivo de las acciones puntuales que realiza o los conflictos que la afectan, como las deudas que se tienen con los artistas.

Pero no será posible superar el arrinconamiento de la SC sin un trabajo profundo en sus programas. Esto puede ser factible dada la cercanía de la publicación del Programa Especial de Cultura y Arte. Creo que no es exagerado decir que uno de los efectos de la Cuarta Transformación en materia de cultura es la profunda desvalorización de este espacio de la vida social. Esto se observa en la pobreza de los presupuestos, en la poca presencia pública del aparato cultural y, sobre todo, en las muy pobres referencias que desde la cúspide del poder político se hacen a la cultura. Es como si después de tantos años de pensar en la política cultural llegáramos de pronto a vislumbrar su fin. Poco se habla de la cultura como identidad, como patrimonio o como recurso. Es posible que se piense que los gastos en orquestas, museos o exposiciones estarían mejor aprovechados si se destinaran a la política social. Solo es referida la importancia de la cultura cuando se habla de las comunidades. Y la política comunitaria puede ser un programa legítimo, pero no el único. Se requiere una secretaría más atenta al conjunto de los problemas culturales que interesan a la sociedad y, sobre todo, a los actores del campo cultural. Educación artística, difusión cultural, preservación del patrimonio, cine, teatro, etcétera, son campos que requieren, si no de una atención semejante a la cultura comunitaria, sí de una coordinación y complemento con el eje central de la política pública de cultura.

Hay por último un tema delicado: la soterrada transformación de la institucionalidad cultural. Entidades como el Fondo de Cultura Económica de la SEP, encargado de la lectura y el libro, o la Coordinación de Memoria Histórica y Cultural de México de la presidencia de la república, con incierta finalidad pero con importante presencia política, ocupan espacios que obscurecen o limitan el accionar de la SC, además de que sus propios programas no son claros. ¿Cómo dar sentido a la labor del ente responsable de la cultura cuando por diversas razones se han transferido varias de sus responsabilidades a entidades externas?

El año 2020 parece ser un espacio para la consolidación de los proyectos iniciados en el primer ciclo de gobierno, pero no basta con ello. Hay actitudes que corregir o transformar para dar pleno sentido a una secretaría cuyo actuar parece impreciso y limitado. Ojalá que el equipo dirigente de la SC encuentre los caminos apropiados para dar a los ciudadanos un servicio adecuado y justo a sus necesidades culturales.

nivon.bolan@gmail.com

20 de enero de 2020.

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