diciembre 9, 2022

Siete medidas para acabar con el neoliberalismo… en el cine mexicano

(Ilustración: Paso Libre).

El neoliberalismo que Andrés Manuel López Obrador mató oficialmente hace unos meses goza de cabal salud en la cadena productiva cinematográfica del país. Siguen discriminados, vía precios, el 82 por ciento de los mexicanos que no tienen acceso a las más de 7,200 pantallas de la república mexicana. El porcentaje restante se continúa educando, informalmente, con el material norteamericano de la Motion Picture Association of America (MPAA) que cubren semana a semana todos los complejos fílmicos de la nación. Más de la mitad de las cintas mexicanas que se producen anualmente no logran estrenarse en la mayor parte de los estados del país, lo que provoca su descapitalización inmediata. Debido a las condiciones impuestas por los grandes grupos de la comunicación en cine, televisión y plataformas, estos concentran los ingresos y dejan solo migajas a los pequeños productores locales. Al no reformarse los mecanismos de selección, permanece el mismo modelo de comunicación que fue impulsado y propiciado desde el sexenio anterior. Seguimos siendo un exportador neto de regalías y continúa nuestra dependencia tecnológica, que afecta gravemente la soberanía e independencia de México.

Podríamos abundar en muchos otros puntos, pero con este breve panorama capitalista neoliberal, que solo beneficia a los grandes inversionistas de los Estados Unidos y a sus aliados locales, podemos elaborar una serie de sugerencias para acabar con el neoliberalismo en el cine mexicano de una vez por todas.

  1. Debido al desequilibrio que existe entre los integrantes de la cadena productiva fílmica (producción/consumo), se debería establecer una repartición más equitativa de los ingresos en taquilla; por ejemplo, el 50 por ciento para cada sector. Esta posibilidad está contemplada en la Constitución Política de nuestro país.
  2. Dado que el impuesto empresarial conocido como Virtual Print Fee (VPF) cumple más de once años en vigor y la compra de equipos digitales ya se cubrió con creces, se debe eliminar este pago fijo por el uso de las salas, que se suma al 63 por ciento de los ingresos que recibe en promedio el exhibidor, lo que propicia la inmediata descapitalización de los productores del cine mexicano.
  3. Se debe reformar la Ley Federal de la Industria Cinematográfica antes de la ratificación del T-MEC y convertirla en la Ley de la Industria Cultural Cinematográfica para que así se garanticen los derechos de las audiencias y de los proveedores establecidos en la Constitución Política y los tratados internacionales vigentes.
  4. Hay que reformar también la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión para garantizar, como mínimo, la difusión del 30 por ciento de material independiente mexicano y evitar la colonización mental de los ciudadanos del país y la imposición de un punto de vista unipolar de manufactura estadounidense en salas de cine, televisión y plataformas.
  5. Urge impulsar un circuito de exhibición de costo popular, creado a través de franquicias con las comunidades locales, que permita transmitir películas vía satélite a los más de 2,000 municipios que no cuentan con salas cinematográficas.
  6. Hace falta reformar las reglas de operación de los diversos fideicomisos (Fidecine/Foprocine) —y el estímulo del Eficine— para convertirlos en descentralizados y más incluyentes, además de transparentes y para que rindan cuentas.
  7. Es necesario crear una plataforma digital desconcentrada y de servicio público para la difusión del cine mexicano en el país y en el mundo.

Con estas simples medidas, el cien por ciento de los mexicanos podría disfrutar de nuestro cine sin realizar grandes erogaciones, lo que permitiría reforzar nuestra identidad y cultura. Se propiciaría además un comercio justo al acotar los abusos de los grandes empresarios y se desarrollaría un mercado interno para beneficio de todos los habitantes del país. Esto nos permitirá dejar de ser un exportador neto de regalías, como apunté anteriormente, y reducirá nuestra condición de dependencia tecnológica y comercial, que tanto afecta a la soberanía e independencia de la nación.

No hacerlo y continuar con los mismos mecanismos neoliberales, ligeramente parchados y reformados, solo nos conducirá a ser un país quebrado que manda su riqueza al vecino del norte, y aumentará nuestra dependencia política que, poco a poco, nos convierte en un patio trasero donde los mexicanos somos considerados como servidores sin derechos. Así se cumpliría el sueño de Carlos Salinas y su equipo cuando firmó el TLCAN en 1994. ¡Urge acabar con el neoliberalismo fílmico en serio, para recuperar nuestra soberanía política e independencia mental!

vicmanugal@hotmail.com

6 de diciembre de 2019.

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