Marco Antonio Campos
Poeta, traductor, crítico literario

Luego de salir de un congreso de periodismo en la ciudad más violenta de la frontera norte, Martínez y Cuéllar, que venían de Querétaro y Puebla como invitados, decidieron relajarse. La violenta ciudad era famosa por sus table dances, o como se les llama coloquialmente, los teibels.

Al taxista le pidieron que los llevara al más tranquilo.

-Pero que sea también muy bueno –añadió Martínez.

Llegaron a La Yegua Loca. Serían las diez de la noche.

Entraron. Pese a ser viernes estaba casi vacío y los bailes de las mujeres eran desganados. Los clientes parecían sorber y no beber de sus vasos. La gente del servicio apenas prestaban atención.

-Dijimos tranquilo, pero el sitio está completamente desanimado –dijo molesto Martínez.

-Mejor vámonos (Cuéllar).

Terminaron la segunda copa y regresaron al hotel.

La mañana siguiente, cuando Cuéllar bajó a desayunar, se dirigió a la mesa de Martínez, quien leía uno de los periódicos locales.

-Mira -le mostró.
En primera plana se leía que al establecimiento La Yegua Loca, a las ocho y cuarto de la noche, llegó un comando armado y había dado muerte a doce y herido a dieciséis.

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