El miércoles 8 y jueves 9 de julio, por primera vez se reunirán los presidentes López Obrador y Trump. Se espera que el hecho beneficie las aspiraciones de reelección del mandatario norteamericano. (Ilustración: Paso Libre).

 

No podemos encender la hoguera

Mojado está el bosque

podridos están los troncos.

R. Obregón: “El fuego perdido (I)”

 

Nada, o poco, hubiera pasado si el T-MEC hubiera tenido otros calendarios. Pero -¿por azares del destino?- se concretó su firma en tiempos abiertamente electorales en Estados Unidos y un poco antes de los tiempos electorales de México. Esa firma, pues, está, quiéralo o no, contaminada por las cuestiones electorales que tienen un peso sustantivo en ambos países. Menos pesa, claro, el triunfo electoral hace dos años de AMLO, fecha electoral también cuyo peso el coronavirus ha disminuido significativamente.

Pero de que se viven tiempos electorales, se viven.

Pesa también, pero menos, la cuestión económica que obligó asimismo el viaje del Presidente mexicano a Estados Unidos, toda vez que él espera que el renovar el tratado de libre comercio con USA y Canadá sea un motor que ayude a la decaída economía del país a levantar cabeza toda vez que, hoy, como todas las economías capitalistas del mundo (allí están Merkel y Macron declarándolo públicamente) están en un proceso de decaimiento agudo del cual aún no saben cómo saldrán o si es que saldrán.

Esos dos hechos, pues, hace que los analistas veamos en los acontecimientos mencionados (el viaje de AMLO a USA y la renovación del tratado comercial) la confirmación de una tendencia clara de la socialdemocracia populista actual del régimen de gobierno del país: alinearse, para protegerse así, en las líneas que marca hoy el neoliberalismo a nivel mundial, el que, obvio, se resiste a cualquier modificación de fondo del capitalismo que domina a casi todas las economías del mundo y al que causa risa, virtualmente, campañas anticorrupción o luchas sin profundidad en contra de la desigualdad de los ingresos.

Mientras en las etapas de transición no haya acciones más radicales para cambiar el status quo es imposible pensar de una manera diferente las etapas de transición propiciadas eventualmente por una democracia representativa que suplanta así a la verdadera voluntad popular en América Latina.

¿Qué pasará luego de la multicitada visita tanto en Estados Unidos como en México?

Pongo en primer lugar a los vecinos del norte porque sus elecciones son las más cercanas, y que si bien se inclinan cada vez hacia el candidato demócrata (Joe Biden), acciones como la visita de López Obrador favorecen (escasamente pero favorecen) la reelección de Donald Trump, pues el capitalismo siempre le apuesta a la continuidad más que al cambio, por muy cosmético que sea este segundo.

Para el caso de nuestro país, como escribe Adela Cortina (“El nacionalismo revolucionario de AMLO y su confrontación con la clase media ilustrada”), aunque sea a distancia (falta un año para las elecciones intermedias) los sectores de la clase media ilustrada que votaron por el tabasqueño en el 2018, es muy probable que en el 2021 se inclinen (y arrastren con ellos a otros sectores amplios de población) a votar por la coalición conservadora que ya está conformada y que se opone abiertamente a los cambios ligeros que en términos de administración pública y economía hoy se están llevando a cabo, si no es que se comienza a dar ya, desde ahora, una intensa campaña política que haga ver los graves daños que para la Nación conllevaría un cambio hacia políticas conservadoras, más allá del predominio caudillista que hoy prevalece, cada vez más endeble, cada mañana.

En fin, cada quien nos comemos nuestras acciones con nuestro propio pan.

 

gomeboka@yahoo.com.mx

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