Tres poemas del escritor Miguel Manríquez Durán

VARIACIÓN

Para José Javier Villarreal: alquímico.

 

Como si yo tan víctima y martir en medio de la plaza.

Como si yo tuviera la obligación del mundo

por todo mi cuerpo expuesto.

Como si yo con poca valentía

me quedo en la jaula como trozo de zumbido.

Como si mis gestos fueran el hábito que redunda en la mirada.

Como que ya olvidé la bélica e imperial destreza de mi vuelo.

Como que soy cadáver inocente e indeciso

subiendo por las paredes frías.

Como que soy tan víctima y mártir en medio de la plaza.

Como que ya no soy luz.

Como que ya no soy.

 


 

BARBARIE

 

El agua está vacía.

El alma está vacía.

La luz está vacía.

La voz está vacía.

El cielo está vacío.

El delirio está vacío.

La transparencia está vacía.

La palabra está vacía.

El vacío está vacío.

Sólo cuarenta nueve niños puros

con un abismo en sus ojos inocentes.

 

(Estoy vacío: soy vacío).

 


 

JETTATORE

Para ALE

 

Porque yo soy el otro que regresa a los desiertos,

necesitado de continentes, delirios y consumaciones

hasta que el corazón

en la fosforescencia se extravíe confundido.

No he olvidado

es cierto

ni la formal desnudez de las costas,

ni la marchita tierra que de tan sedienta es blancura extendida.

Tras mis antecesores, el temor inocente,

las escamas del pensamiento,

el sol que feroz arde sin capitulación alguna,

sin el desamparo secreto de la memoria

y la esclavitud a un destino próximo e insolente.

Recojo mis fantasmas duros, mis infiernos manchados

y se me echan frutas en el cuerpo a pleno mediodía.

Me libro de la interna muerte que late entre las murallas

porque vengo de un mar más oscuro y más profundo.

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