No me dejaba de mirar mientras la fotografiaba, junto a su abuelo; a veces esbozaba una tímida sonrisa, pero en general estaba seria pero sin mostrar miedo, jugando con un envase de refresco casi vacío, sin etiqueta o marca.

Ellos vienen de Oaxaca porque “allá no hay trabajo en el campo, ni pa comer”, dice el señor Severiano, de 54 años, que toca el acordeón en calles y avenidas de una ciudad pintada de rojo.

Anastasia, como otros millones* de niños sin escuela y sin un hogar seguro, tiene todavía la inocencia propia de su edad y no espera nada especial este Día de Reyes.

* UNICEF México publicó, en 2018, que hay 4 millones de niños y adolescentes que viven en pobreza extrema.

 

22 de diciembre de 2020, Ribera de San Cosme, Ciudad de México.

 

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