
Nuestra larga y fructífera amistad tiene el sello de un genio de la diplomacia, del embajador en retiro Luis Ortiz Monasterio. Hace más de tres lustros hizo propicio el encuentro. Entre lo mucho que hemos compartido, tiene un lugar especial la elaboración del Programa Sectorial de Cultura de Oaxaca 2011-2016, en los años que Andrés Webster Henestrosa se desempeñó como secretario de las Culturas y las Artes de la entidad.
Cuando me encomendó el diagnóstico del sector cultural oaxaqueño, las fuentes estadísticas sobre el estado eran escasas, el Sistema de Información Cultural del Conaculta entregaba importantes pero parciales hallazgos y la Cuenta Satélite de la Cultura del INEGI sería una realidad hasta 2014. Fueron meses de una alucinante labor, ya que no había precedente en las variadas aristas que abordamos para sustentar los ejes de trabajo para el sexenio del gobernador Gabino Cué.
Uno de tantos apartados fue dedicado al análisis del presupuesto de la secretaría que dirigía Webster. No era solo poner las cifras de los recursos ejercidos mediante las asignaciones del Congreso del Estado y su distribución en el gasto. También el papel de los fondos federales dirigidos a ciertos programas y lo obtenido vía cooperación internacional. En el sentido estricto de la planeación para el desarrollo, se proyectó el crecimiento que deberían tener los recursos para los siguientes años.
Nos resultó relevante llevar a cabo un contraste. Se indagó lo que era factible consultar, muy lejos de la confiabilidad y rapidez que nos ofrece ahora el despliegue de la cultura digital, el acceso a la información pública y sobre todo la Cuenta Satélite de la Cultura. Se colocaron en una tabla los montos asignados por cada Congreso en los estados y en el Distrito Federal a sus instituciones rectoras en cultura de los años 2010 y 2011.

Nuestra finalidad era poner en relieve, al menos en una visión básica, las implicaciones de dirigir la discusión sobre el gasto en cultura por parte del Estado mexicano. Fijar los abismos y supuestos paraísos en los dineros para la cultura que ya, en esos años, consideramos que eran cifras muy bajas para ofrecer bienes y servicios culturales a la población de manera óptima, garantizar eficazmente los derechos culturales y estimular la economía del sector.
En aquel entonces sumamos alrededor de 9 mil millones de pesos a nivel nacional en esos dos años, es decir 4 mil 500 millones de pesos anuales que, divididos entre 32 instancias, nos daban poco más de 140 millones de pesos para cada una. Ya no alcanzamos a integrar datos nacionales relativos a las universidades, tanto públicas como privadas, los donativos e ingresos de las organizaciones de la sociedad civil, de los negocios y de las inversiones privadas.
Pese a los avances de la Cuenta Satélite de la Cultura y de la Cuenta Satélite de las Instituciones Sin Fines de Lucro, pilares en la información del sector cultural, es el día en que esta visión integral no es posible tenerla de otra manera clasificada, comparable y accesible. Mucho menos se ha logrado ampliar el análisis y la discusión pública para no centrar el infierno del sector federal de gobierno en los miles de millones de pesos para el entonces Conaculta y desde 2016 para la Secretaría de Cultura.
Hemos dicho una y otra vez que es necesario entender que existe un gasto anual por parte del Estado. El INEGI logró hace algunos años, establecer en la Cuenta Satélite de la Cultura el “Gasto ejercido de la gestión pública en cultura” con cifras a partir de 2008. En la actualización al año 2024, la federación aportó 62 mil 999 pesos y los estados 37 mil 043 millones de pesos, para sumar 100 mil 042 millones de pesos.
Cuando logremos en el componente del desembolso vía erario ampliar la cobertura de la Cuenta o al menos ponderar fuera de ella otras cantidades, destacadamente lo que destinan las instituciones de educación superior, podremos valorar con más bases lo que es el gasto nacional y lo mucho que falta incrementar los presupuestos.
Se trata de salir del círculo vicioso como lacrimógeno de lo que recibe la Secretaría de Cultura que, dicho sea de paso, antes como ahora, jamás agradece el empeño de la comunidad cultural por presionar al Congreso de la Unión a efecto de que “engorde” un poquito los bolsillos de la diezmada dependencia federal.

Eduardo Cruz Vázquez
Eduardo Cruz Vázquez periodista, gestor cultural, ex diplomático cultural, formador de emprendedores culturales y ante todo arqueólogo del sector cultural. Estudió Comunicación en la UAM Xochimilco, cuenta con una diversidad de obras publicadas entre las que destacan, bajo su coordinación, Diplomacia y cooperación cultural de México. Una aproximación (UANL/Unicach, 2007), Los silencios de la democracia (Planeta, 2008), Sector cultural. Claves de acceso (Editarte/UANL, 2016), ¡Es la reforma cultural, Presidente! Propuestas para el sexenio 2018-2024 (Editarte, 2017), Antología de la gestión cultural. Episodios de vida (UANL, 2019) y Diplomacia cultural, la vida (UANL, 2020). En 2017 elaboró el estudio Retablo de empresas culturales. Un acercamiento a la realidad empresarial del sector cultural de México.

