Crear y administrar ¿dos caras de la misma moneda?

Para exigir a la Secretaría de Cultura el cumplimiento inmediato de los pagos atrasados a los artistas y gestores culturales, el 16 de enero se realizó una “Toma pacífica” de la SC federal en sus instalaciones de Paseo de la Reforma. A la fecha persisten muchos adeudos. (Foto: cirkodemente en Instagram).

Al observar el reciente panorama de la cultura en nuestro país, viene a mi cabeza una canción de José José que adapto en mi mente y les comparto: ¿Será que crear y administrar no es igual? ¿Administrar es sufrir y crear es gozar?

Para ser posible, la creación artística se ve acompañada y envuelta de múltiples procesos y variadas relaciones. Involucra el contexto social, el mercado del arte, las instituciones que legitiman, el artista, la obra; todo lo que finalmente es considerado dentro de la fenomenología del arte y que se enriquece y se vuelve complejo a raíz de que las sociedades se transforman. Son también diversos y variados los personajes que intervienen en el proceso de dar a conocer la obra artística, dependiendo de la naturaleza de la misma.

Tanto el disfrute de las expresiones artísticas como el acceso a alguno de sus procesos de creación es vital para la sociedad. De ahí a que en los últimos años exista un creciente interés en posicionar a nivel global los llamados derechos culturales donde se prioriza la intervención de las artes como herramienta para el fortalecimiento del tejido social, algo que a su vez aumenta el poder en la generación de nuevos contenidos en las propias expresiones artísticas.

Por su parte, es el gobierno -a través de las instituciones dedicadas al tema cultural-, la entidad que encauza las políticas públicas y tiene la consigna de administrar los recursos asignados para ello. Las disonancias en este tema han sido demasiadas en los últimos años, pues en los sexenios anteriores se dio prioridad en el imaginario colectivo al tema de la seguridad y las adicciones, llevando hacia ambos la mayor parte de los recursos gubernamentales.

En compensación con lo anterior, durante el primer año de la administración de Andrés Manuel López Obrador observamos el surgimiento formal de recursos públicos federales que aterrizan en convocatorias para la ejecución de proyectos culturales que dan prioridad a la acción en la comunidad.

Es un hecho sabido que hacia donde van los recursos van las prioridades. Esto quiere decir que el gobierno en turno nos señala la visión política de la cultura como un instrumento de fortalecimiento del tejido social. Sin embargo, lo que parece no quedar muy claro es dentro de qué parámetros y beneficios se actuará para los propios creadores. ¿Será que el enfoque significa considerar a los creadores como una mano de obra, una mano de obra además de barata, poco dignificada? Al menos eso parece si tomamos en cuenta los últimos eventos en torno al pago de una buena parte del sector de “hacedores de cultura”, mismo que puede verse representado en el movimiento #NoVivimosDelAplauso.

Desde Twitter se ha lanzado el hashtag #NoVivimosDelAplauso para que los artistas o gestores se unan a una demanda colectiva frente a la Secretaria de Cultura; también han abierto una línea de apoyo jurídico. (Foto: Twitter de @MOCCAMEXICO, Movimiento Colectivo por el Arte y la Cultura de México).

¿Es posible en verdad financiar el arte y la cultura de toda una nación? ¿Qué se apoya, y a quién? ¿Hay un proyecto real para los creadores más allá de su simpatía política? ¿Qué esperan los creadores de las instituciones que administran la cultura? ¿Está claro el camino de la nueva política cultural?

Es evidente que muchos años de descuido e invisibilización cobrarían su costo, no solo monetario sino de puesta al día de los horizontes y los caminos viables y posibles. En la administración pública es un hecho: falta todavía no solo la profesionalización sino la sensibilidad para comprender la mejor manera de tratar a un creador que “no vive del aplauso”, y que por tanto su no pago representa el financiamiento de las acciones gubernamentales (quizá bien intencionadas, pero mal planificadas).

Es este un tema delicado, profundo y complejo que sin duda requerirá de inteligencia, sensibilidad y empatía de ambas partes, a fin de encontrar los mejores caminos para la gestión y la búsqueda de recursos; también para su mejor implementación.

Un diálogo entre la administración pública y los creadores, sin prejuicios de ambos lados, se antoja urgente para que se genere el impacto que se espera de los recursos asignados. Hay tareas pendientes que permanecen sin resolverse satisfactoriamente como resultados de un primer año de la llamada 4T lleno de encontronazos que luchan por volverse en un encuentro.

 n.minerva.mm@gmail.com

30 de enero de 2020.

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