Crowdfunding musical: entre los sueños y la realidad

El libro A visual History de Pixies se realizó con el apoyo de fans a través de una campaña de crowdfunding. ¿Todos podemos alcanzar metas así? (Foto: Cortesía Pixies).

Con el nacimiento de las plataformas de fondeo (crowdfunding), todo proyecto creativo encontró una respuesta a sus plegarias. Hacer posible un proyecto propio con dinero proveniente de muchos interesados era una promesa que nadie podía dejar pasar. La música no fue la excepción e inmediatamente todo tipo de peticiones fueron colocadas para grabar y maquilar discos, y lanzar giras o conciertos.

Es precisamente este panorama de ensueño el que permite a los generadores de la plataforma convencer al usuario de “cambiar el mundo” a cambio de una conveniente comisión que todos deben pagar.

Esto no es malo para ninguna de las partes, pues el esquema que propone permite a todos la posibilidad de quedarse con “algo”. Siempre prevalece el hecho de que las plataformas de crowdfunding aprovechan huecos legales y fiscales para capitalizar sus operaciones.

Para quienes han buscado fondear de esta manera sus proyectos, es muy común que no se percaten de la forma en que evoluciona su campaña de crowdfunding. Conforme avanza, se centra mucho menos en conseguir dinero y más en generar una experiencia emocional que podría atraer a personas que no estaban consideradas en el plan original. ¡Y justamente es lo que menos se aprovecha!

Una campaña de crowdfunding es parte de una estrategia integral para cualquier proyecto creativo. Aunque el dinero es fundamental, resulta totalmente inútil sin un plan que respalde su uso y un objetivo claro.

Y sí, efectivamente, una campaña de fondeo requiere una planeación similar al lanzamiento de un producto, servicio o evento, pues se trata primordialmente de enganchar a las personas para lograr que participen activamente en un objetivo. Así que ya tenemos la primera realidad al descubierto:

Una campaña de crowdfunding es un proceso de convencimiento, no una petición.

Otra visión errónea es obstinarse en cargar el 100 por ciento de los costos del proyecto al fondeo. Siendo realistas, las campañas más exitosas para proyectos musicales independientes no alcanzan a superar en promedio una recaudación de 7 mil dólares a nivel global. En algunos casos, se elevan exitosamente cuando se trata del regreso de viejos artistas, como el caso de Pixies y su libro A Visual History, que generó 234 mil 450 dólares, o Amanda Palmer, que consiguió 1 millón 192 mil 793 dólares.

Por ello es importante determinar la cifra que cubrirá al menos una parte del proyecto, realista y alcanzable. De nada sirve tanto trabajo de promoción si al final hay que devolver lo acumulado por no alcanzar la meta. Ya tenemos entonces la segunda realidad al descubierto:

Una campaña de crowdfunding debe centrarse en fondear una parte realista del proyecto.

Y ahora podemos decir que existen proyectos de fondeo con un éxito tan avasallador que son prueba de que una campaña puede superarlo todo. Sin embargo, la mayoría de los proyectos que alcanzan la meta tienen muchos problemas una vez que el dinero es recaudado.

Es común encontrar que carecen de planes o estrategias para distribuir adecuadamente los recursos, el producto o la experiencia. Proyectos interesantes se quedan estancados buscando más dinero o entregando una experiencia incompleta porque la “promesa” está hecha y hay que cumplirla. Es por eso que el fondeador se lo piensa dos veces antes de brindar apoyo a nuevos proyectos. Y he aquí la tercera realidad al descubierto:

Lograr una campaña exitosa de crowdfunding no significa tener un proyecto potencialmente exitoso.

La promesa de la plataforma es clara. Haces una propuesta, la subes, la compartes como loco en redes sociales y ¡eureka!: tienes tu proyecto listo para lanzarse. Pero ninguna campaña de fondeo funciona solo con el trabajo hecho en la computadora. Como cualquier otro proyecto, tiene que salir a promocionarse en eventos, medios, ferias, festivales… ¡donde sea necesario!

Pagarle a Facebook para difundir la campaña solamente hará más grande el problema, porque una colocación masiva para obtener fondeo seguirá estando en desventaja ante el lanzamiento del nuevo jabón con extracto de guaraná para una piel más sana y libre de gérmenes al 99.999 por ciento. La función es la misma que obliga a obtener recursos para proyectos colaborativos o de impacto social. La cuarta premisa nos dice entonces que:

Una campaña de crowdfunding no se lanza, se experimenta.

Para los proyectos creativos musicales, existe una tendencia a “materializar” las recompensas del proyecto. Prometen entregar hasta las plumillas con que se grabó el álbum. Y funciona bajo algunas circunstancias, pero el fondeador está cansado de acumular cosas, cuando su conexión real con el proyecto es totalmente emocional. Debes seleccionar un nivel adecuado para las recompensas, de modo que sean un “plus”, pero no el objetivo.

Una estrategia basada en compensar a los mejores fondeadores debe incluir una experiencia que le recuerde y profundice la sensación de bienestar. Aparte de verte en vivo, puedes invitar a participar a influencers, directivos de empresas, activistas y artistas de otras disciplinas, creando redes colaborativas que sienten las bases para una siguiente experiencia.

Lo que nos lleva a la quinta y última premisa clave para los proyectos de crowdfunding:

Una campaña de crowdfunding debe recompensar con significado emocional y no solo material.

En México, el crowdfunding está regulado en sus modalidades de financiamiento colectivo y deuda por la Ley Fintech, que en marzo de 2018 entró en operación. Sin embargo, no regula la modalidad de recompensa y donación, por lo que se siguen discutiendo los aspectos legales, fiscales y financieros de estas plataformas. La regulación podría estar considerando aspectos específicos vinculados a lavado de dinero, delincuencia organizada y evasión fiscal, entre otros.

Profundizar en la estrategia de fondeo por crowdfunding es una materia pendiente en las áreas creativas y, como emprendedor musical, una tarea obligatoria para impulsar proyectos de manera inteligente.

7 de agosto de 2019.

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