Cuando el volcán Popocatépetl tuvo precio

El general Gaspar Sánchez Ochoa, ingeniero y topógrafo jalisciense que pretendió vender el volcán Popocatépetl durante el porfiriato. (Imagen tomada de Wikipedia).

 

CIUDAD VICTORIA. Durante el porfiriato, los extranjeros aprovecharon toda clase facilidades para invertir sus capitales y beneficiarse del petróleo, haciendas agropecuarias, ferrocarriles y minería. Dentro del proyecto colonizador, el gobierno asignó fértiles terrenos a inmigrantes italianos, japoneses, alemanes y norteamericanos. Por ejemplo, en aquel tiempo se fundaron las comunidades de Chipilo, Puebla; Nueva Italia, Michoacán; Colonia Enomoto, Chiapas; Nueva Alemania, Chiapas y El Chamal, Tamaulipas.

Al estilo de un anuncio inmobiliario de ocasión, entre las noticias importantes de finales del siglo XIX, algunos periódicos capitalinos mencionan la venta del volcán Popocatépetl y terrenos aledaños al referido sitio emblemático de la historia, cultura y geografía mexicana. Una nota informativa de 1889, refiere el arreglo mercantil de su propietario el ingeniero, general y magistrado militar Gaspar Sánchez Ochoa (Jalisco, 1837-1908), a cambio de 500 mil pesos oro nacional.

Ciertamente desde septiembre de 1892, Maurio Radhen, ex cónsul de México en Kansas, se comunicó con el dueño para informarle que algunos capitalistas norteamericanos de Philadelphia y Nueva York mostraban interés en establecer un ferrocarril y una planta explotadora de azufre, de mayor calidad que del Vesubio. Entre dimes y diretes el dueño del predio se encargó de aclarar que jamás había realizado ningún contrato legal.

Por esos años, se organizaron varias exploraciones científicas y ascensos, con fines recreativos. Lo mismo para conocer la calidad del elemento que sería comercializado. En 1897, Sánchez Ochoa confirmó que la instalación del cable del “ferrocarril aéreo” hasta el cráter del Popocatépetl, estaría concluido en dos o tres meses gracias al ingeniero Donald Stewart, topógrafos y mecánicos: “Tan luego como esté terminado se podrá ir de esta capital a las seis de la mañana, permanecer en el volcán unas dos horas y regresar a las seis de la tarde”.

El rumor y noticias constantes sobre la venta del Popocatépetl se extendió con mayor fuerza a principios del siglo XX. En 1900 la Sociedad Agrícola de Santiago Xalizintla de Cholula, protestó al enterarse de la presunta venta del volcán, incluyendo los deshielos de la Hacienda de Tlamacas y las fajas de terrenos necesaria, en los cuales ellos tenían derechos.

En efecto en 1903, al poco tiempo de salvar un embargo y juicio mercantil que arrastraba desde 1874, sin nadie que se opusiera al trato, su propietario y socio de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, decidió venderlo a una compañía norteamericana. Quienes leyeron la noticia del periódico La Voz de México, pensaron que se trataba de un engaño publicitario.

Pero esta ocasión todo indicaba que el compromiso entre las partes interesadas era formal: “Desde luego que se habló de esa compra, el señor General Sánchez pidió cuatrocientos mil pesos por el volcán -con todo y nieves eternas- y los inmensos terrenos adyacentes, que entrarán formalmente en la compra”. Para negociar la operación, los compradores nombraron su representante al capitán Harry Holt, quien solicitó una rebaja en el precio y organizó una excursión con varios caballeros en la falda de la montaña.

 

Conociendo para vender. Portada de una de las publicaciones del general. (Imagen: repositorioinstitucional.buap.mx)

 

Como parte de los avances en las negociaciones, en agosto de 1903 como enviado del sindicato de Nueva York, Holt firmó “una minuta de contrato por el cual pasará a su poder el hermoso volcán. Según sabemos el sindicato tiene un capital de cinco millones de pesos oro, y se propone explotar los criaderos de azufre. Para ello construirá un ferrocarril eléctrico, aprovechando las caídas del agua”.

A decir de los miembros del consorcio, el proyecto sobre el uso del Popo incluía una fábrica de ácido sulfúrico en las inmediaciones de Tlamacas, que generaría empleos para varias cuadrillas de trabajadores, siembra de palo de tinte de gran demanda en la industria y “un ferrocarril de cable para conducir no solamente el azufre que se extraiga del volcán, sino también para pasajeros y excursionistas”. Es decir, se pensaba en instalar un parque natural recreativo, visitas guiadas y esquiaje con hoteles, restaurantes, bares y tiendas para los visitantes.

Vale mencionar que sobre el mismo tema que, en diciembre 1903, se pospuso la firma y protocolo final de la compra-venta, debido a que los asesores de la compañía norteamericana regresaron precipitadamente a su país, porque les avisaron que el presidente de la empresa compradora había sido asesinado.

En octubre de 1904, casi un año más tarde, El Tiempo publicó en segunda plana una noticia contundente: “Venta del Popocatépetl. Negocio Consumado”, donde afirma que el notario Gil Mariano León realizó la escritura con seis pesos de honorarios: “El precio total de dicha transacción fue de trescientos mil pesos oro americano, de los cuales se aplicaron 96 mil pesos al pago de diversos créditos que garantizaba antes el vendedor de la propiedad”. La cantidad precisa es confusa, porque en el mismo tenor otro periódico, señala que el negocio se cerró en 250 mil pesos oro.

Como parte de la operación se anunció que Charles Holt, logró del gobierno una concesión para explotar las minas o criaderos de azufre del volcán cerca de Amecameca, Distrito de Chalco, Estado de México. El convenio especifica disponer de toda la producción para su venta en el extranjero. “Los abundantes criaderos de azufre del Popocatépetl, han pasado a manos de los norteamericanos mediante una suma de trescientos mil pesos, oro americano. (La Esperanza 10/16 de 1904 y Diario Oficial de los Estados Unidos Mexicanos de 1904/11/21).

 

Sueños, ambiciones, imaginería: también conocido como don Goyo, su venta supondría el ejemplo a seguir con otros volcanes del territorio nacional. (Imagen tomada de mexicoenfotos.com).

 

De acuerdo al juicio mercantil dado a conocer en el Diario de Jurisprudencia, la inversión real fue de 114 mil pesos moneda mexicana en efectivo y 255 mil pesos oro en acciones liberadas. Vale decir que las reuniones para concretar la compra-venta se realizaron en el Centro de Negocios El Cambio Católico, del Hotel Guilow de la capital del país.

Todo parecía marchar bien, pero los problemas iniciaron porque el comprador únicamente liquidó varias partidas económicas de 30 y 40 mil pesos y después dejó de hacerlo. Ante esta situación el verdadero dueño hizo efectiva una de las cláusulas de la escritura de compra-venta: “… en la que se especifica claramente que por falta del cumplimiento del contrato, la propiedad del Popocatépetl volverá al poder de su primitivo dueño”.

En consecuencia Holt apeló el juicio y lo perdió en primera instancia. Inmediatamente sus apoderados legales acudieron a la Suprema Corte de Justicia, la cual les negó el amparo solicitado. “En vista de todas estas sentencias, el general Sánchez Ochoa ha vuelto a tener el dominio de volcán del Popocatépetl”. El juicio comenzó en 1905 y concluyó en 1907.

Durante varios años, el caso estuvo entre litigios y enredos legales. En este contexto aparecieron varias noticias sobre los presuntos arreglos, acercamientos y propuestas de la parte compradora. Algunas publicaciones nos ayudan a comprender que, desde los años ochenta del siglo XIX, los empresarios norteamericanos mostraron intenciones de adquirir el volcán. Incuso el secretario de Hacienda, José Ives Limantour, tenía conocimiento de esas inquietudes.

Lo cierto es que para 1910, un mes antes de iniciar la Revolución Mexicana, los Ferrocarriles Nacionales de México ofrecían al público viajes de recreo y vacaciones al Parque Popocatépetl, donde los visitantes podían disfrutar cómodamente el paisaje, convivir con la naturaleza en el Hotel Popo Park y otros atractivos como paseos a caballo, cocina mexicana y subida a la montaña. El precio del pasaje durante el fin de semana era de $2.30.

En resumen, gracias a la morosidad de sus compradores y probablemente a los prolongados sucesos revolucionarios, el famoso volcán regresó legalmente a manos mexicanas. Sin embargo, todavía en enero de 1930 Daniel M. Vélez alertó a las autoridades a través del periódico El Universal sobre la posible venta de la montaña humeante a un “Caballero extranjero.” A la vez exhorta a las respectivas dependencias de gobierno a comprar este bien nacional y otros importantes volcanes del país.

 


 

Otras fuentes:

La Patria/septiembre 29/1892

La Voz de México, agosto 27/1903

Diario de Jurisprudencia/1907/10/23

Archivo Centro de Estudios de Historia de México CARSO.

 

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