Uno de los eventos que mayor creatividad concentra es el Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá, que se celebra cada dos años. Fue fundado por la actriz de origen argentino Fanny Mikey, fallecida en 2008. En la imagen, una puesta de la edición de 2018. (Foto: Instagram de @yobloart).

Economía creativa: vieja acción humana… ahora nicho estratégico cuestionado

Uno de los eventos que mayor creatividad concentra es el Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá, que se celebra cada dos años. Fue fundado por la actriz de origen argentino Fanny Mikey, fallecida en 2008. En la imagen, una puesta de la edición de 2018. (Foto: Instagram de @yobloart).

Winston M. Licona

La economía surgió de la creatividad para encontrar, generar y pensar la subsistencia. La creatividad brotó por la necesidad de subsistencia, alcanzando hoy múltiples y elevados niveles de producción socioeconómica y cultural, material y espiritual de mitos, ritos y artefactos, acompañados por las ciencias y sus logros tecnológicos acumulados y perfeccionados en cada periodo.Hoy día, “el mercado ya es todo, tiempo, espacio; carne y obra, como diría el poeta. Ya no se trata de convencer sino de seducir”[1]. Economía sostenible no son simples datos con números o porcentajes de medición. El Informe Brundtland, de 1987, propone al mundo su definición y sentido de desarrollo sostenible: “Desarrollo que satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras de satisfacer las propias”. Desde el presente plantea la premisa de un futuro más próspero, más justo y más seguro, nuestro futuro común.Años más tarde, Elinor Ostrom (2011) deja como legado el gobierno de los bienes comunes. Piezas que no invocan e incluyen la cultura de manera explícita. Sin embargo inspiran, pero en la propuesta de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) no aparece la cultura. Y una de las prioridades del desarrollo humano y social, cuya transversal ineludible es la cultura, la oculta porque no se menciona. Pero es premisa o insumo de la economía creativa. La cultura es uno de los sectores más dinámicos de la economía global y local, en la que cada vez más se considera un recurso estratégico (ONU, UNCTAD, OMC).

Las industrias creativas, como sector de la economía, son: “Aquellas que tienen su origen en la creatividad individual, las habilidades y el talento, y que buscan el bienestar y la creación de productos, proyectos o trabajos a través de la generación y la explotación de la propiedad intelectual. La propiedad intelectual se traduce en marcas registradas, patentes, modelos de utilidad, derechos de autor, derechos de reproducción, etc.”[2]. De allí puede derivarse la visión mercantil que subyace en la definición de las industrias creativas, que a su vez tienden a ser consideradas como un asunto de creadores o emprendedores en donde el sello es la propiedad intelectual y cuyos derechos de explotación comercial deben ser negociados con los capitales que inviertan desde su lógica de industria.

A estas observaciones han respondido voces críticas que consideran las relaciones entre el mercado del conocimiento y la llamada economía creativa (naranja en Colombia) como la búsqueda del control oligopólico y del capital financiero sobre las creaciones y producciones del pensamiento creativo, sea científico, filosófico, artístico o cultural.[3]

El presidente de Colombia, Iván Duque (izq.), enfrenta una crisis de gobierno cuyas consecuencias aún se desconocen. Con Felipe Buitrago Restrepo impulsó una modalidad de promoción de la economía cultural que denominaron economía naranja. Duque creó para su colega el Viceministerio de la Creatividad y la Economía Naranja, que forma parte del Ministerio de Cultura. Ambos son autores de La economía naranja. Una oportunidad infinita (2013).

En Colombia es naranja con afectos y rechazos

Después del libro La economía naranja. Una oportunidad infinita (2013), escrito por Iván Duque y Felipe Buitrago Restrepo desde el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Senado de Colombia aprueba la Ley 1834 de 2017, llamada Ley Naranja, norma que abre en los agentes del sector cultural colombiano un escenario generador de manifestaciones en pro y en contra, dado que es más un producto de escritorio del senador Duque, ahora presidente de la república, que resultado de consultas y diálogos con los artistas y actores del sector.

Como política de Estado, en su discurso de posesión dijo: “Quiero que los jóvenes de Colombia escuchen esto con atención: Estamos comprometidos con el impulso a la economía naranja para que nuestros actores, artistas, productores, músicos, diseñadores, publicistas, joyeros, dramaturgos, fotógrafos y animadores digitales conquisten mercados, mejoren sus ingresos, emprendan con éxito, posicionen su talento y atraigan los ojos del mundo”.[4]

Lo cierto e incontrovertible es que en el mundo hay una ola de economía creativa, en mi opinión iniciada por los ingleses desde los años 90, que ha logrado establecer diferencias con la vieja postura francesa de las industrias culturales y de la gringa light industria del entretenimiento. Hecho que marca una nueva ola de transición en el sector cultural, en tanto origina un salto de la institucionalidad y orientación gubernamental de la cultura a un mayor protagonismo de las lógicas del mercado, como una política de desarrollo económico sectorial que coloca en trance de exigencia y resistencia a las organizaciones culturales de base para no perecer, a pesar de ser las que dan un gran aporte a la vida cultural con los gestores culturales en sus territorios con finanzas precarias.

En el caso colombiano, la economía naranja ha clasificado el sector cultural en dos bloques: 1) Arte y patrimonio, y 2) Creaciones funcionales (ver gráfico). En la práctica de las decisiones, se observa que la orientación gubernamental es dar menos protagonismo a las artes y el patrimonio, y potenciar las llamadas creaciones funcionales.

Fuente: Economía naranja, Ministerio de Cultura de Colombia.

Eslabones clave de la lógica de mercado de las industrias creativas son: habilidades y educación, promoción de exportaciones, acceso a financiación, gravámenes y regulación, derechos de propiedad intelectual y asuntos regionales. Enunciados de la política señalan que es promotora de sostenibilidad, equidad, diversidad y beneficio social. Amanecerá y veremos si es verdad tanta belleza que emite un tufillo de parcialidad con grandes intereses socioeconómicos y políticos, tal como la green economy (economía verde) con el turismo ecológico y la industria cannábica.

Por otro lado, también se avanza con la lógica de la creatividad en la promoción rentable del mercado del pensamiento y las creaciones del espíritu y la imaginación y el cerebro, controlado por las grandes corporaciones que tienden a la homogeneización y al empobrecimiento de la diversidad cultural y creativa y, por tanto, de la vida colectiva. Nos pone en el peligro de centrar los procesos formativos en las universidades en una lógica mayor de las relaciones con el mercado de las producciones del conocimiento y de la investigación, ¿tenderá acaso igualmente a convertir a la universidad en un mero instrumento que trabaja para satisfacer las necesidades y demandas del mercado y de las grandes corporaciones?

Hay voces que llaman la atención sobre caminos tortuosos y súbditos hacia el empobrecimiento de la creación y al sometimiento a los oligopolios multinacionales y del mercado a los que tiende la universidad contemporánea, arrojada a la idealización parcial y utilitaria de las relaciones entre industria-universidad-mercado. Sin embargo, también hay fuerzas de resistencia, que para el caso colombiano convocan al desafío histórico de la paz en esa relación. Además, se reclama el lugar libertario de las artes, de la filosofía y las ciencias sociales, igualmente el mayor desarrollo y promoción de la diversidad cultural. Theodor Adorno en su momento señaló que: si algo entraña la cultura es su sentido crítico y libertario.

El concejal de Bogotá Manuel Sarmiento considera que la economía naranja y la Ley Naranja tienen tres problemas o situaciones que afectan a la cultura y sus expresiones:

  1. Ponen a competir a los creadores productores con trasnacionales en condiciones de desigualdad aberrante.
  2. Generan una desnacionalización de la cultura y abren un proceso de dominio en el consumo de las creaciones no nacionales.
  3. Son un golpe a la cultura, las creaciones del arte, el patrimonio.[5]

Reduce al valor de contenido a las industrias culturales convencionales, a pesar de que enuncia contenidos y cabe decir que todos son superficiales o de profundidad simbólica, dividida la economía naranja en la determinación por la propiedad intelectual, pero todas son de contenido artístico, creativo y valor simbólico.

Es una clasificación que intenta ser funcional para tomar acciones. Pero a la postre todas son objeto de consumo y apropiación individual y social. En mi opinión es una clasificación ficticia para organizar una argumentación de la economía naranja que, a fin de cuentas, puede ser todo el sector cultural, porque la cultura es creación, producción, acumulado, llena de valor simbólico, histórico, social, estético, emocional, espiritual, de autenticidad.

En última instancia se convierte en una reclasificación nueva del sector cultural que incorpora subsectores que antes eran considerados de otro orden y sentido (moda, turismo, TIC, publicidad, videojuegos, etc.). Puede afirmarse que es un ejercicio válido de la economía de un sector que más que naranja y creativo es todo el sector cultural que no admite ser reducido al mercado ni a lo industrial. El arte se rebela por ser condicionada su creatividad a valores monetarios de la ganancia especulativa, cuya masificación es la utilidad de los inversores que poca cultura creadora diseminan, en el buen sentido de su ethos liberador, que es la creatividad crítica para transformar, en la lógica del ciudadano, la convivencia con equidad y diferencia.

Bautizado con el nombre del célebre empresario colombiano, el teatro y centro cultural Julio Mario Santo Domingo, ubicado al norte de Bogotá, es coordinado por una figura muy conocida en estos lares mexicanos: Ramiro Osorio. Un portento de oferta cultural que combina en sus quehaceres políticas sociales, públicas y privadas. (Foto: www.teatromayor.org)

Lo esencial de la cultura es la creación acumulada como histórica y actual con sus mitos, ritos y artefactos. Para Adorno es la crítica la que da sentido a su libertad para el espíritu creador. Daniel Bell la llama la autorrealización del yo a través de la experimentación que le da evidencia y cuerpo a la identidad individual relacionada con la simbiosis que construye la identidad colectiva, con sus diferencias en territorio de vivencia económica, social, política y cultural. Territorio rural y urbano que se ha desterritorializado e interculturalizado con los medios de comunicación como las TIC con sus tecnologías de información que transmiten y originan mezclas de aliento.

Economía creativa de subsistencia en el campo pegado a la producción de la tierra con televisión, radio, internet que le informa y comunica otros mundos e imaginarios, pero también con azadón, machete, yunta y demás tecnología artesanal. En la ciudad también rebusque marginal con televisión, radio, internet que le informa y comunica otros mundos e imaginarios, bien diferenciados por las comodidades del ingreso para el consumo.

La Ley Naranja señala: “Artículo 1º. Objeto. La presente ley tiene como objeto desarrollar, fomentar, incentivar y proteger las industrias creativas. Estas serán entendidas como aquellas industrias que generan valor en razón de sus bienes y servicios, los cuales se fundamentan en la propiedad intelectual”. (Ley 1834 del 23 de mayo de 2017).

Pregunta necesaria: ¿La propiedad intelectual es de las industrias o de los creadores que generan la obra y la entregan, o negocian y acuerdan con los capitales propietarios de la economía creativa? ¿Como cualquier producto del sector industrial, manufacturero o de servicios?

La Ley 1943 de 2018 (mecanismos de financiamiento) y el Decreto 1669 de 2019 (exención de impuesto), expedidos por el gobierno en Colombia, extienden beneficios tributarios y de exención al impuesto de renta hasta por siete años a quienes inviertan en los sectores considerados de la economía naranja, entre otros: artesanías, patrimonio mueble e inmueble, turismo, producción audiovisual, etc.

Se puede concluir que la expedición de la Ley Naranja y de las normas señaladas, y la inclusión de la economía naranja en los objetivos del Plan de Desarrollo 2018-2022 (“Pacto por Colombia, pacto por la equidad”), han generado un interés creciente en todas las ciudades, motivando la creación de organismos mixtos como promotores del sector. Sin embargo, se aprecia también un desinterés en las organizaciones de base que no alcanzan a llenar los requisitos exigidos en las normas. Hecho preocupante que genera también la muerte operativa de muchos colectivos y estructuras independientes del tejido cultural local.

Para reflexionar sobre los aciertos e implicaciones de la economía naranja podríamos hacernos las siguientes preguntas:

¿Qué somos? ¿Qué hemos hecho? ¿Con cuánto? ¿Con quiénes? ¿Con qué? ¿Por qué? ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Dónde? ¿En cuánto tiempo? ¿Qué hemos logrado? ¿Hacia dónde vamos y podemos ir? ¿Qué necesitamos y cuánto nos cuesta? ¿Qué normas necesitamos? ¿Qué recursos locales, regionales, nacionales e internacionales? ¿Se busca sostenibilidad porque hay crisis en las finanzas estatales y las multinacionales están afanosas de ampliar sus mercados e incrementar sus ganancias e imponer los contenidos culturales acríticos para los consumidores?

wmliconac@unal.edu.co

*Doctor en Filosofía y economista por la Escuela Superior de Economía de Praga. Coordinador de la maestría en Gestión Cultural y profesor asociado en la Facultad de Administración del Departamento de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Colombia, sede Manizales.

[1] “La Moncloa los prefiere jóvenes. La irrupción de Casado cierra el relevo generacional en la cúpula de los cuatro grandes partidos”: https://elpais.com/politica/2018/07/28/actualidad/1532803721_970335.html
[2] “La economía creativa: una industria en crecimiento”, en: https://treball.barcelonactiva.cat/porta22/images/es/Barcelona_treball_Porta22_Capsula_sectorial_INDUSTRIAS_CREATIVAS_diciembre2011_CAST_tcm24-19695 (Recuperado: 26 de agosto de 2018).
[3] Ver video “Economía Naranja: La cultura, un commodity del capital”. Expositor Aurelio Suárez. En: https://www.youtube.com/watch?v=UckXcOoURLw

[4] Palabras del presidente Iván Duque en su discurso de posesión de 2018. Ver diario El Tiempo en: https://www.eltiempo.com/economia/sectores/que-es-la-economia-naranja-que-promueve-ivan-duque-253254

[5] “La economía naranja es un golpe mortal contra el arte: Manuel Sarmiento” en: https://www.youtube.com/watch?v=g-ql_GaqQcs

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