diciembre 4, 2021

“El muro de la paz” o la normalidad de la represión

Cuatroté: ¿Y un soldado en cada hijo te dio? (Imagen tomada de economiahoy.mx).

 

La incursión de la Guardia Nacional responde a un estado de excepción no declarado, pero casi igual en uno de sus principios elementales en el que las funciones civiles pasan al mando militar de manera temporal. Desde aquí podemos entender, primero, que una Guardia Nacional que debería ser civil esta bajo órdenes militares y, segundo, que el ejército esté suelto en las calles haciendo funciones que corresponden al ámbito civil. La 4T durante su campaña en la que embaucó a toda una nación con un discurso de paz y la promesa de que los militares regresarían a sus cuarteles resultó ser una farsa y la creación de una Guardia Nacional civil también.

Los argumentos son los de siempre, el combate al crimen organizado, los cárteles de la droga y la corrupción. Será posible que tres años después del inicio del gobierno de la 4T, más de 300 mil efectivos militares, incluida la Guardia Nacional, ¿no hayan podido acabar con 10 cárteles de la droga? Parece más bien un montaje que mantiene en la cúpula del poder, la administración y el control al narcotraficante más grande del mundo identificado como la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos (la célebre DEA) y que con la complicidad de autoridades mexicanas siguen controlando el fructífero negocio. Y que por supuesto, aunque la Iniciativa Mérida en palabras del Presidente de la República ha sido desmantelada, en realidad sigue operando como un montaje antidrogas y anticrimen para incursionar en territorios donde la resistencia social y política a megaproyectos de muerte está activa y va por la cabeza de dirigentes indígenas, dirigentes sociales y territorios de los pueblos originarios y autónomos en resistencia.

La pandemia como doctrina del shock

En el 2018 se anunció la desaparición del Cuerpo de Granaderos, una demanda nacida en 1968 y un compromiso con los sobrevivientes y la generación que vivió la represión durante el Movimiento Estudiantil del 68. Sin embargo, fue sustituido por grupos tácticos militarizados en el flamante Agrupamiento Fuerza de Tarea del Comando de Operaciones Especiales de la Secretaría de Seguridad Ciudadana, una especie de rambos urbanos que tienen entre sus funciones estar en contacto permanente con la ciudadanía para auxiliarla.

Si bien la presencia policiaca o militar tiene entre sus funciones la persuasión del acto delictivo, también es la intimidación a una ciudadanía a la que se le comienza a normalizar la violencia sicológica ejercida por el Estado “aquí mandamos nosotros”.

Durante este año de encierro obligado plazas, parques y el espacio público tradicional para la concentración de los ciudadanos, ha sido pintado por el paisaje de uniformes de toda la parafernalia represiva del gobierno. El primer cuadro del Centro Histórico de la Ciudad de México es un ejemplo evidente, comandos tácticos, Ejército, Guardia Nacional, Tránsito, Seguridad Ciudadana y estos personajes que no pasan inadvertidos que antes conocíamos como Guardias Presidenciales, sin insignias, ni mando aparente y como buitres vigilando todo lo que se mueve. Ya en los sexenios anteriores los cercos policiacos y militares en la plancha del Zócalo capitalino y los corrales alrededor de Palacio Nacional que ponía la ultraderecha y el neoliberalismo eran intimidatorios, con la 4T son superados por mucho, en una ciudad semi vacía y en una zona en la que los propios habitantes tienen que identificarse para llegar a sus casas, acciones violatorias de las garantías individuales establecidas en la Constitución y que solamente pueden ser omitidas en un estado de excepción o un estado de sitio declarado. Ah, pero “es por seguridad de la ciudadanía para que usen su tapabocas y no se hagan aglomeraciones porque estamos en pandemia”.

Solo en el pensamiento retorcido de un funcionario de la 4T puede caber la concepción de que las vallas desplegadas por la policía sean muros de “paz” y los dichos y explicaciones para justificar un acto de intimidación y de violencia sicológica contra la ciudadanía no tengan nombre. No hay golpe físico, pero si intimidación, violencia normalizada en largas tiras de uniformes, muchos de ellos armados hasta los dientes, de mirada vacía, sonrisa socarrona; rostros maquillados con rímel y labial que bromean, que simulan con rostro amable la violencia, el terror del estado contra el pueblo “te estoy cuidando, aunque no quieras” y te sonríen con una glock enfundada en la pierna, un tolete PR-24 listo para reventarte el cerebro y un escudo transparente para que puedas ver como se violan tus garantía individuales. “Pero aquí a nadie se va a reprimir”, “estamos cuidando que usen tapabocas”. ¿A quién le tiene miedo la 4T?

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