Esos periódicos: El FIFÍ

Imágenes, cortesía de Francisco Ramos Aguirre. Fuentes: Hemeroteca Ing. Marte R. Gómez. Fotografía del camión repartidor, cortesía de Jaime Torres.

CIUDAD VICTORIA. Todo inició en Palacio Nacional, durante una conferencia de prensa mañanera donde el presidente Andrés Manuel López Obrador, resucitó la palabra FIFÍ. La sola mención de uno de los adjetivos de moda durante el porfiriato, generó enorme escándalo, divisionismo y polarización varias semanas. Por si fuera poco, la cápsula del tiempo nos llevó a recordar otras locuciones como catrín y lagartijo, utilizadas para calificar peyorativamente a los mexicanos afrancesados, de exquisitos modales, buen gusto y refinamiento.

En contra parte, emergió de la Caja de Pandora el término chairo derivado de chaira, una herramienta puntiaguda especial para afilar cuchillos de carniceros, talabarteros y zapateros de los antiguos barrios y vecindades de la capital del país. En México el uso se remonta a tiempos coloniales y en algunas regiones hace referencia a una pequeña cuchilla en forma de gancho. Lo mismo se aplicó en 1879 a un periódico antagónico a El Tranchete que editaba Manuel González en la Ciudad de México.

Hace más de su siglo, el vocablo se popularizó en todo el país. Incluso numerosos perros y gatos de buenas familias fueron bautizados con ese nombre. A principios de la centuria pasada, Rafael Rodríguez fabricaba en Linares, Nuevo León, los cigarros FIFÍES “De Calidad Insuperable”. En 1920 empezó a circular en Ciudad Victoria el periódico El Fifí, un Bisemanario Humorístico en formato tabloide. Eran los tiempos posrevolucionarios, cuando los pobladores aún resentían los estragos de pandemia de Gripa Española que no respetó la vida de los mexicanos, la crisis económica y la rebelión del general Luis Caballero.

En medio de aquel escenario, donde numerosos pobladores habían perdido todo menos el humor, cierta compañía periodística decidió imprimirle a la vida cotidiana de los victorenses, un poco de irreverencia, comicidad y diversión que reflejan algunos rasgos del carácter de los victorenses. En esos momentos, gobernaba Tamaulipas José Morante, abuelo del escritor Fernando del Paso, mientras su enemigo político Emilio Portes Gil, empezaba a despuntar como abogado.

En los primeros números del periódico, únicamente se mencionan los nombres de sus principales colaboradores: El Pinolillo, El 30-30, El Guarache y El Zancudo. El precio del ejemplar de cuatro páginas era de 5 ferrucos y el número atrasado 10 monedas de cobre: “Anuncios y editos a precios retebaratos. La moneda se cobrará al chas-chas y sin rajuliarse”. El pago era al contado. Algunos establecimientos como la Fonda y Café, enfrente de la estación del ferrocarril, anunciaban entre versos y chascarrillos la venta de comidas corridas, platillos de gallina, cabrito, frijoles y huevos: “Y la panza llenarán,/con buen pastel y melcocha,/y satisfechos saldrán…/del popular Fifí Rocha”.

Para su sostenimiento financiero, contaba con apoyo de profesionistas de la localidad, quienes pagaban inserciones publicitarias. Por ejemplo los médicos y abogados Tomás Guillén -ancestro del subcomandante Marcos-, Antonio Valdés Rojas y Raúl Manautou pariente del doctor Emilio Martínez Manautou, quien fue aún alto funcionario durante el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz. En cambio, Abelardo Villarreal promocionaba el famoso mezcal de San Carlos, Tamaulipas.

No todo el contenido era relajo. En algunos números sus editores publicaron temas relacionados con la sociedad, edictos, literatura, religión, chistes ingenuos y cultura en general. El 11 de diciembre de 1920 actuó en el Gran Teatro Juárez de Ciudad Victoria “…con lisonjero éxito pecuniario y artístico”, el renombrado tenor José Merino, a quien sus admiradores apodaban El Caruso Mexicano. Esta presentación formó parte de una “gira bohemia”, después de haber recorrido varios escenarios de los Estados Unidos.

Lo mismo sucedió días después con la exhibición de la famosa película en serie La Calavera del Terror, dividida en 18 episodios, 36 partes, con una extensión aproximada de 36,000 pies filmada en los estudios Universal, donde interviene el actor Art Acord y la genial estrella mexicana Beatriz Domínguez, pareja de baile de Rodolfo Valentino en la película Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis (1921).

En los ejemplares de enero del mencionado año, su editor Valente L. Álvarez y el administrador J. Salazar, decidieron salir del anonimato y aparecer en el indicador del bisemanario. El precio del ejemplar aumentó a 10 fierros y 15 centavos los números atrasados. Para entonces los patrocinadoras habían disminuido considerablemente y sólo se imprimieron unos cuantos números más. Así lo indica los ejemplares disponibles del Fondo Gabriel Saldívar de la Biblioteca Marte R. Gómez y expedientes del Ramo Civil del Archivo del Poder Judicial del Estado de Tamaulipas.

El FIFÍ, es uno de tantos periódicos que a lo largo de la historia se editaron en la capital tamaulipeca. Respecto a su contenido, considero que la mejor aportación fue su nombre, las noticias sobre el cine y teatro, el reportaje y fotografía del Caruso Mexicano, poesías populares y el anuncio de la Fonda y Café, donde un plato de huevos, para ponerle un poco de irreverencia, costaba más que una orden de cabrito.

Como suele suceder con la mayoría de estas publicaciones emergentes, marginales y de poco alcance intelectual, a veces su vida es relativamente corta y desaparecen de la noche a la mañana, al cumplir encomiendas políticas de quienes ayudaron a sostenerlas. Quien iba pensar que después de un siglo, su nombre saldría de nuevo a relucir en un segundo aire.

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