Un regalo de la naturaleza en el confinamiento, fotografía de Cérida Webster Henestrosa.

Como un reflejo, cada vez que reflexiono sobre estos tiempos, al ocaso del día, sentado en el patio de la casa, acecha mi mente el poema de Pablo Neruda:

Puedo escribir los versos más tristes esta noche

Escribir, por ejemplo: “La noche está estrellada

y, tiritan, azules, los astros a lo lejos.

Estos tiempos son tristes. Los tapabocas impiden, si las hubiera, observar las sonrisas de la gente. Hay enojo y frustración. La incertidumbre genera un estrés inusitado que nos mantiene en vela, como si estuviéramos en un campo de batalla esperando el ataque del enemigo; un enemigo invisible pero efectivo y letal.

No obstante, también hemos tenido la oportunidad de contemplar la profundidad del cielo y dimensionar lo insignificantes y efímeros que somos como especie; de observar la naturaleza que reverdece y nos invade, de rodearnos de nuestra gente y podernos ver a las caras para redescubrirnos y concluir que el destino puede depararnos sorpresas amargas e inesperadas, pero también la suerte de sentirnos humanos.

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