Huele a caño

Toda obra de un ex Presidente de la República, genera enorme polémica. El tiempo dirá si esta obra de Felipe Calderón habrá sido un acierto histórico. (Imagen: Paso Libre)

Mi imagen al revés reflejada en el agua

y el alma separada de mi cuerpo.

F. de Asís Fernández: “Atrapado”

 

Si uno quisiera atender las metáforas de Miguel Hernández y de Antonio Machado, nuestros países hispanos, todos, debieran oler a hierba y a frutos silvestres; su frescura debiera predominar por sobre todas las cosas. Pero muchas veces no es así. Ocasionalmente, desde que el capitalismo llegó a ellos, esos aromas frutales desaparecieron y en la medida en que el mercado predominó, los olores mefíticos del dinero se impusieron y nuestros países, todos los países capitalistas, comenzaron a oler a mierda, porque en ellos predominaba la corrupción y la impunidad para los poderosos.

En el caso de México, particularmente desde fines del siglo XIX, esos olores inundaron al país desde que el dictador Porfirio Díaz en particular, nos condujo a la conflagración armada de principios del XX. A pesar de los afanes anarcosindicalistas de aquel entonces, no se logró evitar que el país recorriera los senderos del capitalismo, que todavía hasta hoy se resisten a verse desterrados de una vez por todas del país.

De allí entonces el predominio del olor a caño que inunda todo el ámbito nacional, extrañamente, aunque no se crea, ése es el valor de la lectura del libro reciente de Felipe Calderón (el llamado Decisiones difíciles) en lo que más destaca, de provenir de quien proviene, es la condena abierta y brutal de la corrupción que predominó en el interior del Partido de Acción Nacional mientras el michoacano que fue presidente de la nación.

Nadie, absolutamente nadie, ningún miembro del PAN se salva de la pira en que Calderón convierte su libro y que confirma así el cúmulo de especulaciones que surgieron desde que se dio la sospechosa cuasirenuncia del entonces candidato Diego Fernández de Cevallos a la Presidencia de la República, cuando Zedillo fue, en aquel entonces, presidente del país y a Luis H. Álvarez le había tocado negociar con Salinas todo el entramado del poder nacional desde aquel entonces. Sí, triste y sucia historia la que cuenta el michoacano en su libro.

Pero esos olores mefíticos hoy se sienten con más intensidad, cuando le toca precisamente a los panistas (aunque no sólo a ellos) encabezar la embestida en contra de la Cuarta Transformación, en su intento, apenas leve, de desplazar sin dolor al neoliberalismo. Empeñados en que ello no suceda, los panistas y sus cuates están poniendo toda la carne en el asador para en el 2021 y 2022 lograr sacar de la presidencia del país a Andrés Manuel López Obrador, para así lograr que otra vez, con todo su esplendor de negatividad el capitalismo y sus empresarios modelo vuelvan a zurrar al país para que este recupere aquellos olores que provienen de todo proceso que causa la descomposición social.

Largo será pues el periodo de los olores mefíticos en el país. Entre sus fuentes un papel especial ocuparán los medios, los conciliábulos empresariales y las encerronas que gobernadores opositores y políticos de toda calaña van a llevar acabo. Dura tarea nos queda a quienes vamos a tener que aguantar y frenar esa embestida.

Ah y que no se olvide que la democracia también es lucha en contra de todos aquellos que no quieren la democracia del pueblo y para el pueblo.

 

*Profesor jubilado de la UPN.

gomeboka@yahoo.com.mx

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *