diciembre 3, 2022
La artista Isabel Cabanillas, de 26 años, fue asesinada la madrugada del sábado 18 de enero en Ciudad Juárez. Aún no hay detenidos y se desconoce el móvil del crimen. (Foto: Instagram de @victoria_cabanillas).

Pintó su autorretrato con un fondo azul cobalto y lo tituló Sin ojos. Una imagen en la que sus cuencas se funden con el infinito. A Isabel Cabanillas la obsesionaban no sé si los ojos o la mirada. Ojos que observan, y a la vez son observados.

En su Instagram aparecen como un motivo recurrente: unos ojos sin pupilas y el mensaje “Cegarte a lo real conduce a la locura”; un gran ojo que lagrimea acompañado de la leyenda “Duelo” surgido, escribe, “directamente de mi alma”, y un par de pinturas de niños, los primeros cuadros que hacía, a las que tituló “Ojitos tristes”.

Sobre uno de los muros de la panadería Rezizte de Ciudad Juárez plasmó un mural con una miríada de ojos rodeando su autorretrato y la advertencia: “Te observan”. Isabel, su rostro pintado, deja escapar una lágrima.

“Pinto, además de porque me ayudó a superar momentos difíciles, porque una noche me levanté con la idea de que tenía que hacer algo ya, por mí y por mi niño (su hijo de cuatro años); sinceramente, quisiera darle un buen ejemplo”, cuenta en la cápsula #90segundos publicada en el medio juarense YoCiudadano.

Ese impulso se materializó en las prendas que pintaba por encargo: playeras, chamarras, vestidos, zapatos. No había límite; le proporcionaban el diseño —una fotografía, una ilustración, una pintura— y ella lo adaptaba. Queda claro en sus publicaciones su admiración por la obra de Remedios Varo y Miguel Ángel, y el desparpajo de la juventud en una Mona Lisa que practica el perreo, y una Sor Juana en cuyo medallón se lee: “Pinches hombres necios”.

En la emoción que los otros sentían al recibir su prenda pintada, Isabel halló un motivo de alegría. “Ver que algo que a mí me gusta mucho hacer le gusta a otra persona me hace muy feliz, y de momento me está ayudando a sobrevivir”, afirma en el video.

Queda en su Instagram el registro de sus preocupaciones sociales, como la colecta para los migrantes que organizó en el Bar Eugenio’s, el punto que concentraba las donaciones. Y su sororidad tras el feminicidio de Dana Lizeth Lozano, una estudiante juarense de 18 años asesinada por su exnovio. “Dana, protestaré por ti, por cada mujer asesinada, por cada chica desaparecida. Alguien se robó tus sueños, alguien encendió la rabia en nuestros corazones”, publicó el pasado 9 de abril.

Esa antorcha de coraje volvió a encenderse tras el asesinato de Isabel en la madrugada del 18 de enero —su hallazgo se reportó a las 2:47 horas—. Alguien le disparó dos tiros a un par de cuadras del Bar Eugenio’s, en la zona Centro. Debía trasladarse en su bicicleta sobre Francisco I. Madero cuando, tras cruzar la Acequia Madre, al llegar a Inocencio Ochoa, fue atacada junto a la Asociación de Jubilados y Pensionados del Municipio. Su cuerpo quedó tendido en calidad de desconocido hasta que la denuncia de su desaparición llevó a que fuera identificado. Las amigas de Isabel afirman que el lugar cuenta con cámaras que debieron registrar lo sucedido.

Una de las hipótesis mencionadas por el gobernador de Chihuahua, el panista Javier Corral, es que se trató de una agresión “directa y planeada”, aunque todavía no hay detenidos y se desconoce el móvil del crimen. La madre de la artista, Isabel de la Torre, evidenció con la dignidad de su dolor la derrota de las autoridades: “Es la violencia que existe en todas partes, a todas horas, que no se fija, que toma a las mujeres nada más porque sí”, declaró a CNN.

Autorretrato de la artista fechado en abril de 2019
Imagen del mural pintado por Isabel el pasado diciembre en la Panadería Rezizte de Ciudad Juárez. (Fotos: Instagram de @isabelcabanillas_mx y Facebook de Debbie Natham).

Isabel nació en 1993, el año en que estalló la “cultura del feminicidio” en Ciudad Juárez, término empleado por la investigadora Julia Estela Monárrez Fragoso. En un artículo publicado hace dos décadas, cuya vigencia permanece, plantea que los crímenes en contra de las mujeres “no son hechos aislados, ni producto de psicopatologías individuales, ni de urgencias biológicas que nublan la mente” de quienes los cometen; son “posibilidades definidas por la cultura”.

Monárrez Fragoso se ha referido también en su libro Trama de una injusticia (El Colegio de la Frontera Norte —Colef—, 2013) a un “Estado masculinizado”, pasivo y tolerante que, “secundado por los grupos hegemónicos, refuerza el dominio patriarcal y sujeta a familiares de víctimas y a todas las mujeres a una inseguridad permanente e intensa a través de un periodo continuo e ilimitado de impunidad y complicidades al no sancionar a los culpables ni otorgar justicia a las víctimas”.

Desde la perspectiva feminista, señala la académica del Colef, los crímenes en contra de las mujeres son asesinatos sexualmente políticos, una forma de “terrorismo patriarcal”. En esa lógica se inscribe la denuncia del colectivo Hijas de su Maquilera Madre, del que formaba parte Isabel, que no han dudado en calificar el crimen como un feminicidio político. Su asesinato fue considerado por sus compañeras como un intento de “sembrar el miedo”.

“Estamos en estado de guerra. Las activistas mujeres feministas estamos siendo cazadas (…) Lo que queremos es justicia y que se aclaren los hechos”, afirmó una mujer con el rostro embozado en la rueda de prensa organizada por el colectivo el 24 de enero para dar a conocer varias acciones en homenaje a Isabel. Es evidente, agregó, que desde hace 27 años no han cesado los feminicidios. “Por eso nuestro descontento y nuestra furia, y por eso nos tenemos que presentar así (con el rostro cubierto)”.

Numerosos artículos y libros publicados a lo largo de los años evidencian el fracaso en las investigaciones para resolver los feminicidios en Ciudad Juárez, la fabricación de culpables, la complicidad entre asesinos y autoridades…

Según la Red Mesa de Mujeres de Ciudad Juárez, en 2019 fueron asesinadas 180 mujeres en la ciudad, un aumento del 71.4 por ciento con respecto al año anterior, cuando se registraron 105 homicidios. Desde 2015, cuando se reportaron 46 asesinatos, casi se ha cuadruplicado el número de crímenes.

De las 280 mujeres asesinadas en 2019, solo 14 casos fueron clasificados como feminicidios, el 7.7 por ciento. Que el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública haya documentado 31 feminicidios cometidos en el estado en 2019 —casi la mitad corresponderían a Ciudad Juárez—, en comparación con los 45 que se registraron en 2018, permitió al gobernador Corral afirmar ante el presidente Andrés Manuel López Obrador que este delito ha disminuido. “Está a la baja, los datos ya no son relevantes como en otra época”, aseguró el 10 de enero.

Minimizar es un error clarísimo (…) Todas las mujeres asesinadas son un asunto relevante”, advirtió Imelda Marrufo, coordinadora de la Red Mesa de Mujeres, quien aclaró que, debido a que numerosos casos aún se están investigando —como sucede con el de Isabel—, no se puede considerar cerrada la cifra de feminicidios.

La barda junto a la que se encontró el cuerpo de Isabel, pintada nuevamente con reclamos de justicia.
Homenaje a la artista en la avenida Yucatán de la Ciudad de México.
Mural con la leyenda “Isabel vive”, pintado por Shuky Zapata en Ciudad Juárez. (Fotos: Facebook de Ivanna Leos y Shuky Zapata, y SIG).

En su libro Crónica de un país embozado. 1994-2018 (Era, 2018), la periodista Laura Castellanos escribe sobre quienes, en su lucha por el cambio social, se han visto obligados a cubrirse el rostro: zapatistas, anarquistas, autodefensas… Su libro parte de la tesis acuñada por Carlos Montemayor de que “la violencia institucional es la que provoca la violencia popular, no al revés”.

Como los cientos de mujeres que, ante una violencia de la que responsabilizan a un Estado que no las protege y perpetúa la impunidad, salieron a las calles de Ciudad Juárez el 25 de enero con los rostros cubiertos para manifestarse en repudio por el asesinato de Isabel y el de “todas las mujeres que se quedan en un número”, y advertir que lucharán por sus derechos. Se escucharon consignas como: “La chota no me cuida, me cuidan mis amigas”, y “Señor, señora, no sea indiferente; se mata a las mujeres en la cara de la gente”.

Junto al lugar del crimen de la artista fue colocada una bicicleta rosa para recordarla. Cuando sus amigas llegaron al acto el 31 de enero, descubrieron que los reclamos de justicia habían sido borrados de la barda. “Parece que les importan más los muros que las vidas de las mujeres”, lamentó una participante con el rostro embozado. “Si vuelven a pintar esta barda, vamos a venir a rayarla nuevamente. Hasta que el Estado asesino tenga una respuesta”.

Ya han surgido señales de torpeza en la investigación del gobierno estatal, como las distintas versiones sobre las lesiones que causaron la muerte de Isabel. Mientras que la Fiscalía Especializada de la Mujer publicó que murió por un balazo en la cabeza que le produjo “una laceración del bulbo raquídeo”, el vocero de la Fiscalía General del Estado, Carlos Huerta, aseguró que falleció tras recibir dos disparos en el tórax.

El pasado 12 de julio, Isabel publicó la imagen de un hermoso vestido negro pintado con planetas y estrellas con el mensaje: “Tengo como mil sueños y planes a cumplir”. En el cementerio Recinto de la Oración, donde fue sepultada, dibujaron en su lápida una luna, un corazón, una lata de espray, flores y ese ojo que la obsesionaba, junto con una frase que se ha convertido en consigna: “Para siempre Isa vive, la lucha sigue”.

Victoria, la hermana menor de la artista, subió a Instagram un mensaje que interpreto como un grito de rabia: “La gente buena se va, y las mierdas se quedan. ¿En qué momento me voy yo?”. Agregó junto a la fotografía de Isabel que abre este texto unas palabras que interpelan a todas y a todos, sin distinción de género: “El ser más lindo que existe, que nunca debió ser herido, ya no está. Y no hice nada por evitarlo”.

silviaisabel.grecu@gmail.com

13 de febrero de 2020.

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