Jorge Esma Bazán;
Carnaval en blanco y negro

El autor y su obra. Jorge Esma Bazán, consolida su trayectoria cultural con la reciente edición del ensayo Carnaval en blanco y negro (Lectorum, 2020). (Imágenes: retrato tomado de jhonnyolivierquintal.com y portada de lectorum.com).

Apareció publicado en estos días aciagos de la pandemia, un libro que nos convoca a adentrarnos aún más en nosotros mismos, a fin de transportarnos con profundidad a esas introspecciones, que voluntaria u obligadamente, inciden en las inmediaciones de la identidad y el teatro.

Se trata de un lúcido ensayo que lleva por título Carnaval en blanco y negro (publicado por la prestigiada Editorial Lectorum), de la autoría de Jorge Esma Bazán, un talentoso y multipremiado dramaturgo, autor de diez obras y director escénico, a la vez que un promotor cultural de excepción, pues ha fundado y dirigido instituciones culturales en diversas entidades, así como festivales nacionales e internaciones, entre otra acciones relevantes.

En su texto, luminoso como complejo, emprende una reflexión en torno a que “los seres humanos hacemos teatro todo el día, (aunque demeritadamente) porque cada día leemos menos, pensamos menos, imaginamos nada, soñamos en blanco y negro y al amanecer nuestra vida real está vacía, (junto a la sentencia) de que nos vamos volviendo cada día muy malos actores y actrices en la vida real…”.

Ya desde las primeras páginas delimita certeramente el tema central: “Los seres humanos hacemos teatro todo el día, por lo que me permití metafóricamente que el carnaval sería la vida real con todo su desfile de máscaras ficcionales”.

Y así, avanza clarificando con hondura aquellas conductas que oscilan, consciente e inconscientemente, real o virtualmente, en los escenarios de la vida misma.

Pero dejemos que él mismo recorra el telón y abra con luces desde el prefacio mismo: “A este carnaval se suman los opuestos y las máscaras de la relatividad en los escenarios políticos, económicos, culturales, sociales y religiosos… La máscara expresa la culpa en la vida real, entre la violencia y la impunidad a pesar de los gemidos, a pesar de las fosas clandestinas, a pesar de los desaparecidos…”.

Y conforme desarrolla su argumentación añade fragmentos del pensamiento deslumbrante de Octavio Paz, Carlos Fuentes e igual de Santiago Ramírez, quien afirma que “el mexicano se desdobla en otro mexicano -al igual que todos los seres humanos- vive en una transfiguración, máscara y eco de sí mismo dibujado en figura fantasmal…”. Y así también incluye múltiples referencias de grandes autores nuestros y de otros países, además de citas inolvidables de notables personajes de la humanidad, desde la Grecia Antigua hasta los grandes pensadores, filósofos y dramaturgos, de nuestra época contemporánea, enmarcados en una nutrida y bien seleccionada bibliografía.

Su capitulado conlleva el ritmo de una puesta teatral con su primera, segunda y tercera llamada, que contienen en conjunto una temática interesante, reveladora y a momentos hasta devastadora, como ocurre en el Capítulo Siete o “La realidad distorsionada que esconde los rostros de la solidaridad traicionada y la máscara que refleja la culpa”, o en el Capítulo Ocho, es decir, “La identidad de la máscara que caduca y se descarna en medio de la incertidumbre y los gestos improvisados de la finitud”. Seguidos del epílogo que antecede la caída del telón, que estoy cierto cosecha desde ahora nuestros aplausos.

Cierro entonces con unas líneas, que en palabras del autor, me parecen esenciales y culminan su tan ameritada obra, al igual que desentrañan y se constituyen en un puntal de nuestros días para entender más y mejor, tanto la fenomenología de la vida, del teatro y de la identidad como de la vida misma: “Todos nosotros, en cierta forma, hacemos teatro todos los días de nuestra vida y todos los días moldeamos una máscara, y un personaje, sin proponérnoslo. Ese personaje nuestro, con el que queremos que nos recuerden siempre. Ese ser teatral y su careta, que no es la nuestra, pero si tiene nuestro rostro”.

Entremos ya al Carnaval en blanco y negro, pero en vivo, en directo y a todo color.

 

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