diciembre 3, 2021

La interacción de los públicos en museos. Apuntes del desconfinamiento

Toda una escuela con delitos de diversa ralea en la cultura digital. (Imagen tomada de unir.net).

 

Diversas investigaciones se han realizado sobre la fundamental interacción de los públicos en museos, desde los imprescindibles estudios de públicos hasta en ámbitos de profundidad cognitiva y psicológica al respecto, mismos que continúan llevándose a cabo a la par que se dan los cambios y manifestaciones bioculturales y, en el presente siglo, como consecuencia del gran impacto tecnológico de la Internet y los dispositivos móviles de perenne y simultánea conectividad, ya hablamos de hiperbioculturalidad. El análisis y diálogo sobre la ecuación museos-tecnologías-públicos continúa y nos remite a la ecuación emisor-mensaje-receptor igual a “interacción” que es el punto a exponer brevemente en esta entrega de los Apuntes del (des)confinamiento.

En la anterior reflexión sobre El museo TIC o museos hiperbioculturales, se planteó la diferencia entre el museo presencial y el museo virtual, que son distintos y la propuesta de dialogar sobre ambos, la complejidad de su financiamiento y la postura de potenciar la visita al museo como acto presencial para ayudarnos en desconectarnos de la Internet y vivir fuera de la pantalla, en especial a las nuevas generaciones y romper la falsa idea de que, con o sin el pretexto de la actual pandemia, todo y todos estamos obligados a “vivir” de forma digital, que es un evidente mal entendido de la cacareada “innovación o ser disruptivo” siendo únicamente una manipulación mercantil para el consumo de necesidades creadas que, como todo exceso e ignorancia o, temor de no ser aprobado al no existir en la gran Red y aceptado por el “gran hermano” determinando nuestra vida, privacidad y cualidades humanas para estar enganchados, encerrados, aislados, divididos, utilizados, adormecidos, deshumanizados y consumiendo la ignominia para enriquecer a la plutocracia y enarbolar hasta la corrupción o la muerte la “democracia-cultural-ciudadana” de los intereses de oligarquías endémicas y transnacionales, es decir; ser el alimento del gatopardismo TIC y/o financiero:

“Las olas de innovación cambian las cosas para mejor, pero eso no se produce en el momento mismo de la invención, se produce durante un proceso de continua actualización de la idea original. Incluso desde un punto de vista filosófico, tener una idea, hacerla realidad y cambiar la realidad es lo que nos hace humanos. Lo primero es construir un mapa sobre qué significa ser innovador y exitoso. Definir a dónde quieres llegar, qué es lo mejor para tu ciudad o para tu región. Lo segundo es determinar cuáles son las fortalezas de tu comunidad y cuáles son las capacidades viables de desarrollar. En el fondo, lo más importante es plantearse por qué estamos haciendo esto.” declaró en entrevista Dan Breznitz, académico del Instituto Canadiense de Investigación Avanzada y codirector del Laboratorio de Políticas de Innovación de la Universidad de Toronto: “El problema es que terminamos creando multimillonarios en vez de crear bienestar para toda la comunidad. Por eso no hay que copiar el modelo de Silicon Valley, porque no busca producir nuevas tecnologías para cambiar el mundo. Lo que busca es producir beneficios financieros en Wall Street, a través de una apertura a bolsa de la start-up o simplemente porque alguien compra la firma. Y volvemos a la misma pregunta: ¿qué pasa con esas ganancias? Generaste una gran cantidad de dinero, que queda en manos de un 5% de la población”. Conceptos que bien se podrían utilizar para no caer o entregarse a una obcecación sin sentido ni pensada al museo virtual como otro mandato del dogmatismo plutocrático.

 

Para poder ser, las industrias bioculturales requieren del trabajo de millones de obreras en el mundo. Aquí una imagen de enero de 2020 que forma parte del reportaje “El rostro desigual del ‘Silicon Valley’ mexicano” (Jalisco), de Perla Arellano. (Imagen tomada de ladobe.com.mx).

 

En el momento que el ser humano se aleja o rompe con el pensamiento filosófico, lo desdeña e ignora hasta llegar a sepultar y evadir la ética en cualquier tipo de quehacer humano, pues llegamos a la realidad distópica que hemos construido y permitido para imponer un sistema económico-político-cultural tan aberrante y abusivo como el neoliberalismo, dónde el ariete de las TIC contra la privacidad, la democracia y las bioculturas con su inevitable hiper=Internet. En suma, considero tres aspectos de la fundamental interacción de los públicos en museos al usar las herramientas de las TIC para no confundirse con la voracidad de los traficantes de datos:

 

  1. Uso de la tecnología para la expresión creativa, artística y/o museográfica, que no se traduce en ser un museo virtual, solamente implica utilizar la herramienta TIC para desarrollar una obra o una exposición con tecnología diversa-interactiva. Asimismo, no implica hacer del museo un espectáculo anodino como han resultado las ya de moda exhibiciones inmersivas o simple comercialización de patrimonios.

 

  1. Uso de la tecnología para ampliar o amplificar las actividades paralelas, que tampoco es un museo virtual, sino complementar la presencia del público y/o dar la oportunidad de que más personas se conecten, por ejemplo; a una conferencia vía transmisión simultánea análoga o vía Internet. Alcances que no posibilitan la interacción total del público virtual.

 

  1. Uso de la tecnología para la difusión, promoción y divulgación, que no implica la mercadotecnia ni publicidad ni el museo virtual, porque es para dar a conocer e incentivar a los públicos de visitar los museos, disfrutar e interactuar in situ con la programación que ofrecen, a través de instrumentos tecnológicos como las redes sociodigitales. Medios hoy día indispensables ante la disminución de las secciones culturales en prensa, el abandono de un periodismo cultural de calidad y el aumento de la “voces” que forman parte o simpatizan con los dogmas del tecnocratismo cultural-neoliberal. Sin omitir la carencia de lectura y un contundente desinterés individual, familiar y social por los museos.

 

Al pensar sobre la interacción como acto humano biocultural, entre otros; recuerdo como se ha dado a conocer y citado ampliamente que, muchos de los altos ejecutivos y desarrolladores de la industria TIC no permiten que sus hijos usen dispositivos móviles y estudien en escuelas con medios interactivos o computadoras en el salón de clases. Llama poderosamente la atención que sus familias no consuman ni usen -en exceso y como eje de vida- la tecnología conectada a la Internet ni los premios de la zanahoria actual que ofrecen las aplicaciones. Pienso que hay diversos motivos para cuestionarse nuestro uso y comportamiento digamos tecnológico. Es una cualidad humana tener las dudas personales y colectivas que sean necesarias, razonamiento sí; obediencia no.

El museo virtual o virtualizado no provoca una “interacción” como tal, porque las TIC no dejan de ser un medio de comunicación asimétrico pese a las redes sociodigitales y las aplicaciones interactivas como los juegos; el museo TIC corre el riesgo de convertirse en una plataforma más de mercado, consumo y poder económico-simbólico que no favorezca la transformación de la conciencias individual y social, porque la cualidad de un museo es ser un medio de servicio comunitario que logra la interacción principalmente debido a la voluntad del usuario de forma presencial, estar en el aquí y el ahora del museo como territorio físico resulta motivador. El museo presencial no influye sino transforma; no transgrede la privacidad sino enaltece el poder del ser; no hace competidores sino fortalece lazos solidarios; no secuestra tu atención sino amplía tu percepción; no te vende sino te comparte vivencias; no tiene cristales aspiracionales sino cristales para sólo conservar lo que se expone. Un museo presencial es la imperiosa e inevitable necesidad actual de desconectarte de la Internet. Reflexionemos, vivir fuera de la pantalla, del cristal digital. Me permito ponerlo en la mesa, hablemos más de museos. Sigo insistiendo…

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