Garay: “Lo que hay que reflexionar es que parece que (el presidente) elige sólo una parte del todo, ideologizando la difusión de la cultura”. (Imagen: Freepik).

El presidente de México en una conferencia matutina, al responder acerca del financiamiento a la cultura, en particular a los medios públicos, afirmó que como nunca se les ha apoyado. Habló que del tema había que considerar dos aspectos: de forma y fondo. De forma se refiere a la falta de información y de fondo a lo conceptual. Luego pasó a desglosar apoyos de su gobierno para concluir que el apoyo de becas a jóvenes es cultura y que “lo demás es accesorio”. Fundamentó su argumento en lo humano, en las personas como objetivo de las acciones de gobierno. Las palabras del presidente son elocuentes. Accesorio, es una parte del todo que a veces es importante, pero de la que se puede prescindir. Suele no ser la parte mayor, sino una de las pequeñas partes. De un automóvil, el motor no es un accesorio, sino los espejos retrovisores.

Como accesorio en la cultura podríamos imaginar el apoyo a la difusión de la misma en sus diversas formas, el estímulo a la creación, la producción artística, la conservación del patrimonio, la educación e investigación en el campo del arte, la promoción internacional. Y por consecuencia, los programas y presupuestos de entidades como el INBAL, INAH, IMCINE, entre otros.

Así el presidente expresó su visión de la cultura y de políticas culturales, y si bien no lo hace a menudo, no es la primera vez que ocurre. Ha hablado de la riqueza cultural dedicándole un grito en la ceremonia de la Independencia. Ha hablado de los pueblos originarios en los libros que ha escrito para compartir su visión de nación, de los que se derivan varios de sus programas de gobierno. Así ha expresado sin duda un concepto de cultura, ha ido al fondo. Bueno que lo haga, lo que hay que reflexionar es que parece que elige sólo una parte del todo, ideologizando la difusión de la cultura. Lo que trae como consecuencia la definición de prioridades. Así se elige apoyar un parte del sector cultural excluyendo otra. El actuar de esta manera no sólo es perjudicial para los excluidos, sino que no es propia de un gobierno emanado de un proceso democrático. Además desaprovecha la capacidad generada por años para trabajar en torno a lo que aparentemente se pretende: la justicia e igualdad también en el terreno cultural. Las posibilidades de aprovechar aportaciones de artista, profesionales y trabajadores del arte y la cultura que contribuyen al cumplimiento de los derechos culturales de la gente.

Otra posibilidad de lo accesorio es el vínculo etimológico con la palabra acceso. Podría pensarse que lo accesorio es lo que da acceso. Una de las formas de la desigualdad se determina por la falta de acceso a bienes y servicios, entre ellos por supuesto, los culturales. Ya sea por motivos físicos, geográficos, por motivos económicos, pero a menudo por la falta de una visión incluyente, es decir, por motivos sociales y políticos. Quiero imaginar que el presidente se refería a esta posibilidad de lo accesorio. Así los programas de instituciones culturales estarían encaminados a dar acceso a la población al bienestar. Estará pensando entonces en políticas culturales aplicadas por la Secretaría de Cultura, su brazo ejecutivo, que propicien que la educación, la producción y la distribución artísticas, es decir, la cadena de valor del sector cultural esté encaminada a transformar las expresiones culturales y artísticas en bienes comunes que alienten una sociedad más justa y con pleno desarrollo humano de sus integrantes.

Garay: “Demos el gran debate, estableciendo los temas. Con formas que den lugar al dialogo y participación ciudadana en la definición de políticas culturales”. (Imagen: pngtree.com).

El propio presidente agrega en su intervención en la referida “mañanera” que esto “es un gran debate”. Y sí lo es, Cultura debería ser provocadora de una gran reflexión a la que deberíamos abocarnos todos, no sólo quienes formamos parte del sector. Pero más allá de una discusión académica, habría que establecer definiciones de una política cultural más amplia e incluyente.

No hablaría sólo de una necesidad de aclaraciones en torno a lo que se dice y como se dice, entrar sólo a un juego de palabras. Más aún en el momento de la crisis que vivimos. Si bien una crisis muy importante es la económica, esta no sólo se resolverá con distribuir recursos sino con la participación de diversos sectores en la definición de acciones. Más allá de sólo hablar de lo accesorio y lo prioritario, para repartir o no un apoyo, hay que mirar las posibilidades del sector cultural para colaborar en las tareas de reactivación. Es necesario pensar en una reconstrucción de sistemas de apoyo y promoción de las expresiones culturales, no como formas asistencialistas, sino de inversión que generen otras dinámicas y condiciones de desarrollo del sector cultural. Para ello desde luego hay que ver a un sector conformado por diversos actores culturales como un sector esencial aunque tenga que seguir un cronograma de reapertura con diferentes tiempos que no coincide otros sectores esenciales.

Demos el gran debate, estableciendo los temas. Con formas que den lugar al dialogo y participación ciudadana en la definición de políticas culturales. No es una visión única e inequívoca, parcial e ideologizada, la que puede responder al vasto panorama cultural de nuestro país. Caracterizado sí por una riqueza, pero no como lugar común, sino una posibilidad para convivir de otra manera. Con las posibilidades de libertad y apertura para todos.

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