(Imagen: alternatrip.org).

 

Hablar de lo esencial es necesario porque define respuestas ante situaciones que vivimos. De alguna manera establece criterios en las políticas públicas y en el manejo de presupuestos. Define lo prioritario, es decir, aquello que en un orden cronológico hay que atender primero y en mayor escala. Un ejemplo, un colectivo de artistas, la Asamblea por las Culturas, ante la situación de precariedad propuso al gobierno la creación de un fondo de emergencia, materializado a través de ayuda económica directa para artistas. A la iniciativa la llamaron Contigo en la confianza que llamaba a otorgar recursos, sin trámites de por medio, a poco más de cuatro mil artistas que respondieron a un registro y manifestaba la difícil situación económica en que se encontraban. Esta iniciativa, en el nombre, parafraseaba al programa Contigo en la distancia que creó la Secretaría de Cultura federal para responder a la situación de contingencia que se vive. La prioridad de la institución fue seguir sus lineamientos y otorgar apoyos a través de convocatorias públicas y la creación de un banco de funciones regido por contrataciones. Esto detuvo en lo operativo un dialogo que se daba con comunidades artísticas y planteaba formas innovadoras y flexibles para responder a la pandemia.

Ante la difícil situación del sector cultural, expresado en diagnósticos realizados por instituciones (UNAM y la propia Secretaría de Cultura) que reflejan la pérdida de empleo y recursos, aunado la incertidumbre de la recuperación, el gobierno federal no ha querido posponer, que no es suspender, el Proyecto Chapultepec. Naturaleza y Cultura. Una iniciativa que recibirá miles de millones de pesos, a diferencia de los programas de contingencia que han tenido que resolverse con el presupuesto que se tenía. Si pensamos que un proyecto cultural como el de Chapultepec traerá beneficios para sectores más amplios de la población, lo que parece desproporcionado es la asignación de recursos a proyectos de infraestructura de este gobierno en particular la refinería de Dos Bocas.

Es lógico pensar que ante la extraordinaria situación que vivimos se piense primero en las acciones de salud. Estas son una prioridad, pero hay que definir estrategias y no hay que pensar que lo prioritario omite la atención de otras necesidades. Más aún seguir con otras políticas públicas refuerza otros ámbitos. La pandemia ha traído consecuencias económicas que son tan graves como la enfermedad. Su solución tiene que ver con la recuperación y reactivación económica. Lo que puede materializarse en apoyos directos (asistenciales) pero también con estrategias que propicien la reactivación. Hacerlo en el terreno de la educación y la cultura no es una pérdida de recursos, sino formas de contribuir al desarrollo económico.

Esto sin duda tiene que ver con la visión de gobierno que se tiene. No podríamos estar más de acuerdo con la intención de “primero los pobres”, un acto de justicia ante la desigualdad que ha imperado por décadas. Pero no es sólo con becas o apoyos asistenciales con lo que se lograba poner en primer término a los pobres: sobre todo se trata de resolver la injusta forma de existencia de millones de mexicanos. En esto la educación y la difusión de la cultura contribuyen a procurar el bienestar de la gente. No es con respuestas circunstanciales sino con políticas públicas transversales que dignifiquen la existencia de las personas.

En el ámbito de la difusión de la cultura se diagnosticó adecuadamente el abandono de las comunidades, la desigualdad también en el acceso a los bienes y servicios culturales, a fin de cuentas una forma del cumplimiento de sus derechos culturales. Sin embargo, se actuó precipitadamente, primero al no aprovechar las propias expresiones culturales de las comunidades locales. Pero sobre todo negando otras formas de difusión de la cultura que habían dado frutos destacadamente en el ámbito local. La intervención de artistas y promotores culturales formados por años, con proyectos valiosos, se les culpó de elitistas y fueron substituidos.

Las prioridades son definidas por visiones de gobierno y a veces estas no tienen que ver con formas de gobernanza y con la escucha a la ciudadanía, sino con prejuicios. En interpretaciones que consideran sólo ciertas acciones como prioritarias y lo demás, lo que puede ser manifestaciones válidas de difusión del arte y la cultura, como “accesorias”. Pero eso es otra conversación.

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