¿Para qué y por qué exponer?

Vista de la exposición Arquitecturas, de Manuel Velázquez, que se podrá ver hasta finales de octubre en la sala de exposiciones temporales del Museo de Antropología de Xalapa. (Imagen, cortesía del autor).

 

XALAPA. En general, durante el proceso creativo, el artista se preocupa por que su idea sea clara, por que su obra tenga una buena factura y represente sus intereses formales y conceptuales. Pero, en una muestra, tiene adicionalmente la posibilidad de exhibir el desarrollo de una temática, lo desconocido de una etapa de su creación, un nuevo enfoque sobre su quehacer, además de proporcionar información relevante relacionada con una técnica o expresar un punto de vista desconocido sobre un tema. Para esto, puede apoyarse en la labor del curador y, en ocasiones, en la del departamento de educación y difusión de los museos.

Actualmente, para un creador producir ya no es todo. Debe generar audiencia, porque es un ente comprometido no sólo con su creación, sino también con la difusión y el consumo de su producción. Auxiliado por las debidas estrategias, puede hacer un análisis de su público potencial, de su nicho de mercado y de las tácticas necesarias para acercarse a él. Un artista también aborda prácticas para crear conciencia y generar cambios, a fin de enriquecer el conocimiento, la identidad y el momento histórico en que está viviendo.

Asimismo, son importantes la proyección, que significa desplegar algo en la mente, imaginar y visualizar; y la sensibilidad, que es una parte importante del pensamiento artístico y la manera en que el visitante tendrá contacto con la muestra. Por lo tanto, es deseable que el curador y/o el autor se involucren teórica y emocionalmente con su proyecto, ya que esto será lo que determine el resultado principal de su exposición. Las muestras son, ante todo, un recorrido emotivo; en consecuencia, el curador y/o el artista tienen que pensar en esa estructura sensible. La exposiciones deben tener un clímax y un desenlace. El contacto anímico con el público depende de cómo están planteados los recorridos visuales y emocionales.

Además, una buena exposición combina la familiaridad con lo desconocido, por lo que un curador necesita conocer todo el material y, junto con el creador, debe estar decidido a arriesgarse. Las mejores muestras se dan cuando ambos están conectados, comprometidos con su trabajo, y para realizarlas se requiere estar preparados de antemano, tener obras que armen un discurso claro y evidente. Por ello, el autor tiene que proporcionar impecablemente y a tiempo los materiales solicitados por el museo o la galería: buenas fotos, piezas bien enmarcadas y con instrucciones de montaje, lista de obra clara y sin errores. No hay que olvidar que para que el mueso realice su trabajo de gestión, difusión y aseguramiento de la obra se necesitan los materiales hasta con dos o tres meses antes de la inauguración.

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